sábado, 8 de agosto de 2009

Teseo

Los minutos caen como gotas de sangre, desperdiciándose, desparramándose, recorriendo lentamente mi cuerpo. Traté de dormir hace unas horas pero fue en vano, por mi mente han rodado mil y un veces las mismas imágenes. Es horrible.

El laberinto me tiene atrapado, estoy dentro, he caminado buscando otras sendas, quiero escapar, dejar tras de mí ese hado maldito que me cargo. Cruel verdad dicha por el oráculo, ¡deja de torturarme! He dado pasos para atrás, los he dado hacia delante, recovecos he encontrado, túneles mentales… pienso y meso con locura los rizos émulos del caracol y lo único que veo es que no hay salida. No hay salida.

He visto unas huellas, estaba alegre de ver algo humano, pero al medir el pie con el mío, descubrí con pesar que era mi propio pie el que había fosilizado esa vana ilusión de ver a otro, de compartir con otro mis pesares. Laberinto cruel. Paradoja que niegas el movimiento y el tiempo, Aquiles nunca alcanza a la tortuga, a un punto otro más y otro más y así al ¿infinito?

El eterno retorno de lo mismo. Quise evitar conocerte pues sabía que en cuanto supiera de tu existencia las cosas nunca serían iguales. Eso somos, un ensayo constante condenado a repetirse, condenado a escribir una y otra vez las mismas palabras. Pero qué pasa cuando sólo nos quedan ellas, tan vacuas, perecederas, fieras esclavas de la finitud humana. Tu nombre es lo único que conservo. Tiempo, si fueras una niño serías caprichoso, pero no existes, eres una ilusión que nos creamos para acostumbrarnos a caminar constantemente por nuestro laberinto.

Ayer hubo algo diferente en el camino, era… ya no recuerdo su nombre.

1 comentario:

Urganda dijo...

Me encanto!!!

Cuando era joven siempre firmaba como: "Teri en el laberinto", porque como tú lo creo... creo que estamos en él y nos engañamos con ilusiones vanas... pero luego dudo y pienso si no será ese laberinto la ilusión que nos creamos... pero, cómo saberlo...