martes, 22 de diciembre de 2009

Reflexiones sobre el libro hechas por Borges



Esta lectura la pueden encontrar en Jorge Luis Borges, Obra Crítica, Volumen 1.




*EL LIBRO (I)[1]



De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.
En César y Cleopatra de Shaw, cuando se habla de la biblioteca de Alejandría se dice que es la memoria de la humanidad. Eso es el libro y es algo más también, la imaginación. Porque, ¿qué es nuestro pasado sino una serie de sueños? ¿Qué diferencia puede haber entre recordar sueños y recordar el pasado? Esa es la función que realiza el libro.
Yo he pensado, alguna vez, escribir una historia del libro. No desde el punto de vista físico. No me interesan los libros físicamente (sobre todo los libros de los bibliófilos, que suelen ser desmesurados), sino las diversas valoraciones que el libro ha recibido. He sido anticipado por Spengler, en su Decadencia de Occidente, donde hay páginas preciosas sobre el libro. Con alguna observación personal, pienso atenerme a lo que dice Spengler.
Los antiguos no profesaban nuestro culto del libro ‑cosa que me sorprende; veían en el libro un sucedáneo de la palabra oral. Aqella frase que se cita siempre: Scripta maner verba volat, no significa que la palabra oral sea efímera, sino que la palabra escrita es algo duradero y muerto. En cambio, la palabra oral tiene algo de alado, de liviano; alado y sagrado, como dijo Platón. Todos los grandes maestros de la humanidad han sido, curiosamente, maestros orales.
Tomaremos el primer caso: Pitágoras. Sabemos que Pitágoras no escribió deliberadamente. No escribió porque no quiso atarse a una palabra escrita. Sintió, sin duda, aquello de que la letra mata y el espíritu vivifica, que vendría después en la Biblia. El debió sentir eso, no quiso atarse a una palabra escrita; por eso Aristóteles no habla nunca de Pitágoras, sino de los pitagóricos. Nos dice, por ejemplo, que los pitagóricos profesaban la creencia, el dogma, del eterno retorno, que muy tardíamente descubriría Nietzsche. Es decir, la idea del tiempo cíclico, que fue refutada por San Agustín en La ciudad de Dios. San Agustín dice con una hermosa metáfora que la cruz de Cristo nos salva del laberinto circular de los estoicos. La idea de un tiempo cíclico fue rozada también por Hume, por Blanqui... y por tantos otros.
Pitágoras no escribió voluntariamente, quería que su pensamiento viviese más allá de su muerte corporal, en la mente de sus discípulos. Aquí vino aquello de (yo no sé griego, trataré de decirlo en latín) Magister dixit (el maestro lo ha dicho). Esto no significa que estuvieran atados porque el maestro lo había dicho; por el contrario, afirma la libertad de seguir pensando el pensamiento inicial del maestro.
No sabemos si inició la doctrina del tiempo cíclico, pero sí sabemos que sus discípulos la profesaban. Pitágoras muere corporalmente y ellos, por una suerte de transmigración ‑esto le hubiera gustado a Pitágoras‑ siguen pensando y repensando su pensamiento, y cuando se les reprocha el decir algo nuevo, se refugian en aquella fórmula: el maestro lo ha dicho (Magister dixit).
Pero tenemos otros ejemplos. Tenemos el alto ejemplo de Platón, cuando dice que los libros son como efigies (puede haber estado pensando en esculturas o en cuadros), que uno cree que están vivas, pero si se les pregunta algo no contestan. Entonces, para corregir esa mudez de los libros, inventa el diálogo platónico. Es decir, Platón se multiplica en muchos personajes: Sócrates, Gorgias y los demás. También podemos pensar que Platón quería consolarse de la muerte de Sócrates pensando que Sócrates seguía viviendo. Frente a todo problema él se decía: ¿qué hubiera dicho Sócrates de esto? Así, de algún modo, fue la inmortalidad de Sócrates, quien no dejó nada escrito, y también un maestro oral. De Cristo sabemos que escribió una sola vez algunas palabras que la arena se encargó de borrar. No escribió otra cosa que sepamos. El Buda fue también un maestro oral; quedan sus prédicas. Luego tenemos una frase de San Anselmo: Poner un libro en manos de un ignorante es tan peligroso como poner una espada en manos de un niño. Se pensaba así de los libros. En todo Oriente existe aún el concepto de que un libro no debe revelar las cosas; un libro debe, simplemente, ayudarnos a descubrirlas. A pesar de mi ignorancia del hebreo, he estudiado algo de la Cábala y he leído las versiones inglesas y alemanas del Zohar (El libro del esplendor), El Séfer Yezira (El libro de las relaciones). Sé que esos libros no están escritos para ser entendidos, están hechos para ser interpretados, son acicates para que el lector siga el pensamiento. La antigüedad clásica no tuvo nuestro respeto del libro, aunque sabemos que Alejandro de Macedonia tenía bajo su almohada la Ilíada y la espada, esas dos armas. Había gran respeto por Homero, pero no se lo consideraba un escritor sagrado en el sentido que hoy le damos a la palabra. No se pensaba que la Ilíada y la Odisea fueran textos sagrados, eran libros respetados, pero también podían ser atacados.
Platón pudo desterrar a los poetas de su República sin caer en la sospecha de herejía. De estos testimonios de los antiguos contra el libro podemos agregar uno muy curioso de Séneca. En una de sus admirables epístolas a Lucilio hay una dirigida contra un individuo muy vanidoso, de quien dice que tenía una biblioteca de cien volúmenes; y quién ‑se pregunta Séneca‑ puede tener tiempo para leer cien volúmenes. Ahora, en cambio, se aprecian las bibliotecas numerosas.
En la antigüedad hay algo que nos cuesta entender, que no se parece a nuestro culto del libro. Se ve siempre en el libro a un sucedáneo de la palabra oral, pero luego llega del Oriente un concepto nuevo, del todo extraño a la antigüedad clásica: el del libro sagrado. Vamos a tomar dos ejemplos, empezando por el más tardío: los musulmanes. Estos piensan que el Corán es anterior a la creación, anterior a la lengua árabe; es uno de los atributos de Dios, no una obra de Dios; es como su misericordia o su justicia. En el Corán se habla en forma asaz misteriosa de la madre del libro. La madre del libro es un ejemplar del Corán escrito en el cielo. Vendría a ser el arquetipo platónico del Corán, y ese mismo libro ‑lo dice el Corán, ese libro está escrito en el cielo, que es atributo de Dios y anterior a la creación. Esto lo proclaman los sulems o doctores musulmanes.
Luego tenemos otros ejemplos más cercanos a nosotros: la Biblia o, más concretamente, la Torá o el Pentateuco. Se considera que esos libros fueron dictados por el Espíritu Santo. Esto es un hecho curioso: la atribución de libros de diversos autores y edades a un solo espíritu; pero en la Biblia misma se dice que el Espíritu sopla donde quiere. Los hebreos tuvieron la idea de juntar diversas obras literarias de diversas épocas y de formar con ellas un solo libro, cuyo título es Torá (Biblia en griego). Todos estos libros se atribuyen a un solo autor: el Espíritu.
A Bernard Shaw le preguntaron una vez si creía que el Espíritu Santo había escrito la Biblia. Y contestó: Todo libro que vale la pena de ser releído ha sido escrito por el Espíritu. Es decir, un libro tiene que ir más allá de la intención de su autor. La intención del autor es una pobre cosa humana, falible, pero en el libro tiene que haber más. El Quijote, por ejemplo, es más que una sátira de los libros de caballería. Es un texto absoluto en el cual no interviene, absolutamente para nada, el azar.
Pensemos en las consecuencias de esta idea. Por ejemplo, si yo digo:



Corrientes aguas, puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas
verde prado, de fresca sombra lleno




es evidente que los tres versos constan de once sílabas. Ha sido querido por el autor, es voluntario.
Pero, qué es eso comparado con una obra escrita por el Espíritu, qué es eso comparado con el concepto de la Divinidad que condesciende a la literatura y dicta un libro. En ese libro nada puede ser casual, todo tiene que estar justificado, tienen que estar justificadas las letras. Se entiende, por ejemplo, que el principio de la Biblia: Bereshit baraelohim comienza con una B porque eso corresponde a bendecir. Se trata de un libro en el que nada es casual, absolutamente nada. Eso nos lleva a la Cábala, nos lleva al estudio de las letras, a un libro sagrado dictado por la divinidad que viene a ser lo contrario de lo que los antiguos pensaban. Estos pensaban en la musa de modo bastante vago.
Canta, musa, la cólera de Aquiles, dice Homero al principio de la Ilíada. Ahí, la musa corresponde a la inspiración. En cambio, si se piensa en el Espíritu, se piensa en algo más concreto y más fuerte: Dios, que condesciende a la literatura. Dios, que escribe un libro; en ese libro nada es casual: ni el número de las letras ni la cantidad de sílabas de cada versículo, ni el hecho de que podamos hacer juegos de palabras con las letras, de que podamos tomar el valor numérico de las letras. Todo ha sido ya considerado.
El segundo gran concepto del libro ‑repito‑ es que pueda ser una obra divina. Quizá esté más cerca de lo que nosotros sentimos ahora que de la idea del libro que tenían los antiguos: es decir, un mero sucedáneo de la palabra oral. Luego decae la creencia en un libro sagrado y es reemplazada por otras creencias. Por aquella, por ejemplo, de que cada país está representado por un libro. Recordemos que los musulmanes denominan a los israelitas, la gente del libro; recordemos aquella frase de Heinrich Heine sobre aquella nación cuya patria era un libro: la Biblia, los judíos. Tenemos entonces un nuevo concepto, el de que cada país tiene que ser representado por un libro; en todo caso, por un autor que puede serlo de muchos libros.
Es curioso ‑no creo que esto haya sido observado hasta ahora‑ que los países hayan elegido individuos que no se parecen demasiado a ellos. Uno piensa, por ejemplo, que Inglaterra hubiera elegido al doctor Johnson como representante; pero no, Inglaterra ha elegido a Shakespeare, y Shakespeare es ‑digámoslo así‑ el menos inglés de los escritores ingleses. Lo típico de Inglaterra es el understatement, es el decir un poco menos de las cosas. En cambio, Shakespeare tendía a la hipérbole en la metáfora, y no nos sorprendería nada que Shakespeare hubiera sido italiano o judío, por ejemplo.
Otro caso es el de Alemania; un país admirable, tan fácilmente fanático, elige precisamente a un hombre tolerante, que no es fanático, y a quien no le importa demasiado el concepto de patria; elige a Goethe. Alemania está representada por Goethe.
En Francia no se ha elegido un autor, pero se tiende a Hugo. Desde luego, siento una gran admiración por Hugo, pero Hugo no es típicamente francés. Hugo es extranjero en Francia; Hugo, con esas grandes decoraciones, con esas vastas metáforas, no es típico de Francia.
Otro caso aún más curioso es el de España. España podría haber sido representada por Lope, por Calderón, por Quevedo. Pues no. España está representada por Miguel de Cervantes. Cervantes es un hombre contemporáneo de la Inquisición, pero es tolerante, es un hombre que no tiene ni las virtudes ni los vicios españoles.
Es como si cada país pensara que tiene que ser representado por alguien distinto, por alguien que puede ser, un poco, una suerte de remedio, una suerte de triaca, una suerte de contraveneno de sus defectos. Nosotros hubiéramos podido elegir el Facundo de Sarmiento, que es nuestro libro, pero no; nosotros, con nuestra historia militar, nuestra historia de espada, hemos elegido como libro la crónica de un desertor, hemos elegido el Martín Fierro, que si bien merece ser elegido como libro, ¿como pensar que nuestra historia está representada por un desertor de la conquista del desierto? Sin embargo, es así; como si cada país sintiera esa necesidad.
Sobre el libro han escrito de un modo tan brillante tantos escritores. Yo quiero referirme a unos pocos. Primero me referiré a Montaigne, que dedica uno de sus ensayos al libro. En ese ensayo hay una frase memorable: No hago nada sin alegría. Montaigne apunta a que el concepto de lectura obligatoria es un concepto falso. Dice que si él encuentra un pasaje difícil en un libro, lo deja; porque ve en la lectura una forma de felicidad.
Recuerdo que hace muchos años se realizó una encuesta sobre qué es la pintura. Le preguntaron a mi hermana Norah y contestó que la pintura es el arte de dar alegría con formas y colores. Yo diría que la literatura es también una forma de la alegría. Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado. Por eso considero que un escritor como Joyce ha fracasado esencialmente, porque su obra requiere un esfuerzo.
Un libro no debe requerir un esfuerro, la felicidad no debe requerir un esfuerzo. Pienso que Montaigne tiene razón. Luego enumera los autores que le gustan. Cita a Virgilio, dice preferir las Geórgicas a la Eneida; yo prefiero la Eneida, pero eso no tiene nada que ver. Montaigne habla de los libros con pasión, pero dice que aunque los libros son una felicidad, son, sin embargo, un placer lánguido.
Emerson lo contradice ‑es el otro gran trabajo sobre los libros que existe‑. En esa conferencia, Emerson dice que una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad, pero esperan nuestra palabra para salir de su mudez. Tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan. Dice que podemos contar con la compañía de los mejores hombres que la humanidad ha producido, pero que no los buscamos y preferimos leer comentarios, críticas y no vamos a lo que ellos dicen.
Yo he sido profesor de literatura inglesa, durante veinte años, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Siempre les he dicho a mis estudiantes que tengan poca bibliografía, que no lean críticas, que lean directamente los libros; entenderán poco, quizá, pero siempre gozarán y estarán oyendo la voz de alguien. Yo diría que lo más importante de un autor es su entonación, lo más importante de un libro es la voz del autor, esa voz que llega a nosotros.
Yo he dedicado una parte de mi vida a las letras, y creo que una forma de felicidad es la lectura; otra forma de felicidad menor es la creación poética, o lo que llamamos creación, que es una mezcla de olvido y recuerdo de lo que hemos leído.
Emerson coincide con Montaigne en el hecho de que debemos leer únicamente lo que nos agrada, que un libro tiene que ser una forma de felicidad. Le debemos tanto a las letras. Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Yo tengo ese culto del libro. Puedo decirlo de un modo que puede parecer patético y no quiero que sea patético; quiero que sea como una confidencia que les realizo a cada uno de ustedes; no a todos, pero sí a cada uno, porque todos es una abstracción y cada uno es verdadero.
Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros. Los otros días me regalaron una edición del año 1966 de la Enciclopedia de Brokhause. Yo sentí la presencia de ese libro en mi casa, la sentí como una suerte de felicidad. Ahí estaban los veintitantos volúmenes con una letra gótica que no puedo leer, con los mapas y grabados que no puedo ver; y sin embargo, el libro estaba ahí. Yo sentía como una gravitación amistosa del libro. Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres.
Se habla de la desaparición del libro; yo creo que es imposible. Se dirá qué diferencia puede haber entre un libro y un periódico o un disco. La diferencia es que un periódico se lee para el olvido, un disco se oye asimismo para el olvido, es algo mecánico y por lo tanto frívolo. Un libro se lee para la memoria.
El concepto de un libro sagrado, del Corán o de la Biblia, o de los Vedas ‑donde también se expresa que los Vedas crean el mundo‑, puede haber pasado, pero el libro tiene todavía cierta santidad que debemos tratar de no perder. Tomar un libro y abrirlo guarda la posibilidad del hecho estético. ¿Qué son las palabras acostadas en un libro? ¿Qué son esos símbolos muertos? Nada absolutamente. ¿Qué es un libro si no lo abrimos? Es simplemente un cubo de papel y cuero, con hojas; pero si lo leemos ocurre algo raro, creo que cambia cada vez.
Heráclito dijo (lo he repetido demasiadas veces) que nadie baja dos veces al mismo río. Nadie baja dos veces al mismo río porque las aguas cambian, pero lo más terrible es que nosotros somos no menos fluidos que el río. Cada vez que leemos un libro, el libro ha cambiado, la connotación de las palabras es otra. Además, los libros están cargados de pasado.
He hablado en contra de la crítica y voy a desdecirme (pero qué importa desdecirme). Hamlet no es exactamente el Hamlet que Shakespeare concibió a principios del sigio XVII, Hamlet es el Hamlet de Coleridge, de Goethe y de Bradley. Hamlet ha sido renacido. Lo mismo pasa con el Quijote. Igual sucede con Lugones y Martínez Estrada, el Martín Fierro no es el mismo. Los lectores han ido enriqueciendo el libro.
Si leemos un libro antiguo es como si leyéramos todo el tiempo que ha transcurrido desde el día en que fue escrito y nosotros. Por eso conviene mantener el culto del libro. El libro puede estar lleno de erratas, podemos no estar de acuerdo con las opiniones del autor, pero todavía conserva algo sagrado, algo divino, no con respeto superticioso, pero sí con el deseo de encontrar felicidad, de encontrar sabiduría.
Eso es lo que quería decirles hoy.

viernes, 18 de diciembre de 2009

El idioma y el mercado del libro en América Latina

Sí, dije que ya no publicaría nada hasta regresar de vacaciones, pero después de leer este artículo tan interesante no pude dejar de ponerlo en el blog. Gracias al twitter y a twitter/libreros di con la presente investigación. Disfrútenlo tanto como yo. El texto lo tome de http://dtil.unilat.org/tercer_seminario/actas/uribe_es.htm#3a

El idioma y el mercado del libro en América Latina



Richard Uribe - Subdirector de Libro y Desarrollo - Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe

La industria editorial, si bien genera contenidos culturales, científicos y educativos, su expansión está sujeta a las dinámicas del mercado (oferta y demanda) y a la propia dinámica que impulsa la generación de nuevos lectores y el desarrollo de nuevos sustratos sobre los cuales se fijan los contenidos editoriales. Dentro de los factores que permiten un mayor conocimiento de ese mercado se encuentra la segmentación del producto, la cual está determinada, a su vez, por las características del mercado y la población a la que se pretenda llegar. Una de esas características básicas es el idioma de la publicación, que se convierte, a simple vista, en una característica imperceptible dentro de las decisiones editoriales. Aunque es la característica determinante.
Lo más común en la decisión del idioma es que este sea coincidente con la lengua nativa del editor. Los libros se editan, por lo general, para mercados y nichos específicos circunscritos a áreas geográficas o geopolíticas con idiomas comunes. Sin embargo, dentro de la segmentación del mercado, la publicación en idiomas diferentes a la lengua nativa es una característica que permite la incursión en grupos poblacionales particulares e incluso la incursión en mercados internacionales para ampliar el tamaño del mercado. Esto se logra a partir de la traducción de textos, bien sea para traspasar fronteras idiomáticas por fuera del territorio nacional –comercio internacional– o, dentro del territorio nacional, para penetrar mercados lingüísticos minoritarios.
Además de las fronteras lingüísticas, en la edición existen los modismos y regionalismos que implican adaptaciones del contenido del libro. Como políticas editoriales, usualmente, dichas adaptaciones se hacen principalmente para títulos de literatura infantil y juvenil, cuando se proyecta atender diferentes países con lengua común. Y a los textos escolares que se desarrollan en concordancia con el lenguaje específico de cada país y los pensum de los ministerios de educación.
En los demás títulos los editores buscan aproximarse a los términos de uso más generalizado para todos los lectores; y en ese caso en ediciones realizadas para diferentes países los ajustes en la práctica se realizan por conducto de los correctores de estilo. Desde luego publicaciones con giros lingüísticos específicos de regiones o ciudades que se editan para mercados agrupan grupos poblacionales culturalmente semejantes, enriquecen la bibliodiversidad y por lo tanto la diversidad cultural.
Quisiera, en este momento, incluir una breve explicación necesaria para el entendimiento de las cifras relacionadas con el mercado y las lenguas de edición.
Las estadísticas de exportaciones o importaciones de libros se originan principalmente en dos fuentes:
1. Las exportaciones realizadas por los editores de libros que editan y producen en sus respectivos países o a través de sus agentes exportadores. Estos libros se editan y exportan a mercados donde pueden ser leídos.
2. Las exportaciones realizadas por las industrias gráficas atendiendo los pedidos que les formulan editores de otros países para producir físicamente el libro por encargo (maquilas). Dichos libros se exportan a precios de impresión, en promedio hasta un tercio del precio de venta editorial y su flujo comercial no se relaciona con las lenguas de los mercados importadores sino con los costos de producción y fletes.
El libro, como mercancía física, es idéntico en los dos casos para fines de trámites aduaneros, por lo cual el sistema armonizado arancelario por lo general no los discrimina.
La documentación de las exportaciones o importaciones de libros (manifiestos y facturas) es la única que permite la realización de estudios especializados para establecer la proporción de las exportaciones entre el libro de contenido editorial y el libro impreso.
En el contexto de las naciones, los servicios de impresión se ofrecen en todos los países del mundo, con menor o mayor grado de desarrollo tecnológico, dado que esta es una industria ampliamente establecida; sin embargo, son muy pocos los países del mundo que han desarrollado una experticia exportadora y una logística de entrega para tirajes grandes (impresión en rotativas y encuadernación en línea) que permitan el suministro de los libros en los tiempos requeridos por el editor. Algunos países de Asia como Singapur y China son proveedores de imprenta. En América Latina son exportadores de este servicio: México, Colombia, Chile y Perú. En Europa lo son: España, Italia, Inglaterra y Alemania, para libros de alta calidad gráfica y encuadernaciones de lujo.
Hecha esta aclaración metodológica regresamos al objeto de nuestra intervención.
El comercio internacional del libro se produce principalmente entre países que hablan la misma lengua y sin obstáculos arancelarios desde el Convenio internacional  denominado de Florencia 1950 de la UNESCO. En la medida que la población de los países aumente su poder adquisitivo y aumenten los hábitos de lectura, es de esperar que en la región se amplíe el comercio internacional y el intercambio editorial, superando las limitantes impuestas por los esquemas de distribución y promoción.

Comercio exterior
Las exportaciones mundiales de libros presentaron un crecimiento del 28,1 % entre 1998 y 2004. En 1998, Estados Unidos, Inglaterra y Alemania participaban en las exportaciones mundiales con 47 %; México, Colombia, Argentina y Chile, con 10 %; Francia e Italia participan con 11,40 % y el 31,6 % restante lo exportó el resto del mundo [1]. Esta concentración en las exportaciones se explica porque casi todos los demás países tienen industrias editoriales que atienden solamente (o en su inmensa mayoría) sus mercados locales por razones exclusivamente idiomáticas. La participación de Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, había disminuido para 2002 a 43,5 %. Los Estados Unidos pierden 4,4 puntos de participación. En ese mismo año las exportaciones de China (incluyendo Hong Kong) crecieron 255 % incrementando en 4,3 % su participación. Es importante aclarar que el crecimiento de China obedece a libros impresos en ese país por encargo por editores de otros países, por ventajas en costo de impresión. Habría que establecer cuántos puntos de esa nueva demanda corresponden a la generada por editores norteamericanos. Si fuese equivalente se podría afirmar que el mercado editorial en términos lingüísticos se mantiene igual en el período analizado.

Las exportaciones de América Latina
Las exportaciones totales de libros de América Latina en 2004 fueron de 339 millones de dólares. Muy poco si se tiene en cuenta que se producen cerca de 50 000 títulos al año. El mayor volumen de exportaciones se hizo al interior de Hispano América (63,4 %), lo que muestra la importancia del mercado intraregional del libro por el factor común del idioma. Si bien el resto de las exportaciones se realizaron a países de habla inglesa (28,3 %), el 97 % de dichas exportaciones a los Estados Unidos correspondieron a órdenes de maquila, aunque cada vez sean mayores las demandas por títulos editoriales, de las poblaciones hispanohablantes fraccionadas en diferentes ciudades del territorio norteamericano. Sobre este tema volveré brevemente más adelante.
El 3,2 % de las exportaciones se hicieron a países que hablan portugués; el 2,3 % a España y el restante 0,6 % a otras zonas idiomáticas del mundo.
En resumen, los editores de América Latina solo exportan sus títulos editoriales a países donde se habla español.
La mayoría de los países, en América Latina, tienen muy pocas exportaciones, es de especial relevancia el caso de Brasil que, si bien representa un poco más del 37 % de la población entre los países de la región y produce cerca de 30 000 títulos, solamente representa el 6 % de las exportaciones. Esto se da en gran medida por razones idiomáticas.

Las importaciones de América Latina
Por otra parte, las importaciones de libros del resto del mundo a América Latina, en el período 2001-2004, alcanzaron en promedio la cifra de 870 millones de dólares. El 31,3 % de estas importaciones provienen de España; el 27,9 % de países de habla inglesa; el 27,1 % de países de América Latina hispanohablante; y el 11,8 % de otras zonas idiomáticas.
Origen de las importaciones de libros realizadas por América Latina 2001-2004
(Miles de Dólares CIF)

País
2001
2002
2003
2004
España
328 203
282 802
241 459
238 475
Brasil
7 130
7 530
6 760
6 755
Habla inglesa
313 129
260 358
232 259
228 640
Otros idiomas
88 389
89 248
100 159
105 883
Hispanoamérica
251 354
219 802
233 439
238 492
Total
988 205
859 740
814 076
818 245
Fuente: COMTRADE
Las importaciones per cápita de libros son un buen indicador, aunque poco conocido, para analizar con determinadas restricciones las relaciones entre idiomas, el desarrollo de las industrias editoriales locales y hábitos importadores de los lectores. A continuación, se enumeran algunos ejemplos:
1. Estados Unidos importa 7 dólares per cápita, pero tiene una industria editorial local muy desarrollada en títulos en inglés; mientras su vecino Canadá, un país con relativamente pocos habitantes y un poder adquisitivo alto, tiene 34 dólares de importaciones de libros per cápita, en gran parte como resultado de las importaciones desde los Estados Unidos, dado que la población habla inglés, aunque en otras regiones de ese país también se hable el francés.
2. Alemania, una de las potencias editoriales mundiales con los índices de lectura más altos, importa 8 dólares per cápita; mientras que sus vecinos Austria y Suiza, países con poblaciones lectoras en idioma alemán, poseen un alto poder adquisitivo e industrias editoriales menores importan 38 y 64 dólares respectivamente. En gran parte, dichas importaciones provienen de la industria editorial alemana.
3. Japón importa 3 dólares per cápita pues, por factores idiomáticos, la producción editorial local atiende casi la totalidad del mercado.
4. Las dos industrias editoriales más desarrolladas en Latinoamérica que publican en español son México y Argentina. En la primera, las importaciones se han mantenido alrededor de cuatro dólares per cápita y en la segunda, Argentina, alrededor de los tres y medio dólares (por debajo de un dólar durante la crisis interna del 2003 y la fuerte devaluación de su moneda ya superada en la actualidad). La tercera industria editorial es Colombia, pero sus importaciones per cápita están alrededor de un dólar. El poder adquisitivo per cápita es menor. La industria editorial colombiana es altamente competitiva y, aunque esta orientada en gran medida hacia las exportaciones, atiende bien al mercado local.
España es el origen del 29 % de las importaciones, pero tan solo es el destino del 2,3 % de las exportaciones latinoamericanas de libros. Aquí, si bien el flujo no tendría obstáculos por la lengua, son otros y diversos los factores que los últimos ochenta años han generado ese desequilibrio. Hoy en día uno de esos factores es que son los propios editores en España quienes editan a los autores latinoamericanos por los que tienen preferencias los lectores españoles y también los latinoamericanos y, tal vez, la falta de gestión empresarial de las editoriales para penetrar los exigentes niveles competitivos del mercado español. Las exportaciones españolas son en su mayoría a los países hispanohablantes de América Latina. Aunque, en los últimos tres años, han penetrado en los Estados Unidos y otros mercados europeos.





Para la mayoría de los países de América Latina el mercado más importante es el intraregional y, especialmente, el de los países vecinos, salvo México que es el principal importador de la región. Este es el caso de Argentina (74,4 %), Bolivia (77,1 %), Chile (77,5 %), Colombia (85,3 %), Costa Rica (51,9 %), Ecuador (65,71 %), El Salvador (98,6 %), Guatemala (96,4 %), Nicaragua (86,2 %), Perú (79,1 %) y Venezuela (75,5 %).
En el caso de Brasil, la industria editorial publica en portugués para atender el mercado local que concentra la mayoría de la población mundial que lee en este idioma.

Títulos registrados en el ISBN por lenguas
En América Latina y el Caribe, en el período 2001-2005, se reportaron ante las cámaras del libro y bibliotecas nacionales 362 615 títulos que obtuvieron el ISBN. En 2005 fueron reportados 84 094 títulos.
Es preciso aquí hacer una advertencia metodológica: aclarando que el que los autores o editores registren el libro no significa que el mismo salga al mercado, aunque en la mayoría de los casos sea así (hay libros editados que se difunden pero no se venden; además existe en algunas agencias de registro un rezago en el año, en el título que se ingresa en el sistema del ISBN y también que en algunos casos todavía existen libros en América Latina que no tienen ISBN, aunque este número de identificación internacional estándar sea necesario, por ejemplo, para los códigos de barra requeridos en las cajas registradores de las librerías y almacenes detallistas).
La información registrada de cada uno de los títulos en las agencias ISBN nacionales (bibliotecas publicas o cámaras del libro, en México es la Oficina de Derechos de Autor) se consolida en las bases del RILVI, proyecto aprobado por la Cumbre de los Presidentes de Iberoamérica y en las del Servicio de Información Estadística Regional, SIER, del CERLALC. Con ellas se realiza el presente análisis por un software que desarrollamos en el CERLALC denominado Destila. En la base se registra la información de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Republica Dominicana, Uruguay y Venezuela.
Para analizar el mercado de las lenguas, la información consignada en el SIER brinda un aporte relevante.
La Base, en ese sentido, presentó problemas de carácter metodológico, especialmente por la falta de estandarización de la variable lengua, porque los editores que diligenciaron el formulario de las agencias ISBN, en muchos países, categorizaron las lenguas indígenas como “otros idiomas”, por lo que, por ejemplo en México, Guatemala y Colombia, entre otros, la base reportaba muy pocos títulos en las lenguas indígenas.
El saber las lenguas en las que publica cada país sus libros nos da un indicador de su composición poblacional y de la demanda de dicha población por libros, tanto en su idioma materno como en otros idiomas. De igual manera, dice mucho que poblaciones minoritarias dejan de lado su idioma materno por el idioma dominante en la región a la que pertenecen para poder entrar en intercambio comercial, intercambio que así planteado no favorece la diversidad cultural. Otra posible explicación se encuentra en la escasa publicación de libros en las lenguas indígenas.
No solo es importante el número de títulos como un indicador de cantidad respecto a los publicados por lenguas dominantes en la región, como el español y portugués, también es un aporte valioso conocer qué producen, en cuanto a contenidos, y quiénes los producen, para la sostenibilidad de la diversidad cultural. El de dónde surgen los títulos toma importancia en la medida en la que las comunidades determinan sus contenidos y no son contenidos traducidos de otras lenguas. La información sobre idiomas traducidos y sobre si son publicaciones monolíticas o bilingües son datos que serán de interés para futuros análisis.
Al discriminar el volumen de títulos (362 615) en los últimos cinco años por el idioma en el que se publicaron, el español y el portugués son las dos lenguas con mayor participación (esto desde luego no es ninguna novedad). El 58,1 % de los títulos se publicaron en español, el 38,7 % en portugués y el resto se registró en otros idiomas. Prácticamente en la misma relación, como Ethnologue estima, de la población según idiomas que se hablan en la región: 271 928 700 personas hablan español y 163 153 389 hablan portugués, salvo para las lenguas indígenas. Las estimaciones hoy son más altas pero la proporción se mantiene.
Los pocos títulos registrados en otras lenguas, diferentes al español y portugués, son los editados en francés, italiano, alemán, y en japonés (en el total con los demás idiomas el 1,6 %), lenguas que cubren demandas de grupos poblacionales minoritarios que inmigraron al continente americano y conservan sus lenguas maternas a la par que el español y el portugués.
En el caso de los títulos registrados en inglés, su número es un poco mayor dado el uso del inglés como lengua extranjera en algunos países o como idioma exigido para acceder al grado universitario en muchas universidades de América Latina y son, en su mayoría, de carácter científico o educativos (2,3 %).
La participación de títulos registrados en inglés parece baja frente a la población que aprende o dice hablar el idioma inglés en Latinoamérica, esto se da porque los libros en inglés, usualmente para aprender el idioma, se importan: el 28 % de las importaciones totales de libros de América Latina son hechas a los Estados Unidos.
Los títulos registrados en lenguas indígenas, son inferiores al 1 %, esta baja participación de la lengua indígena tiene varias explicaciones en las que ahondaremos más adelante, desde el punto de vista del mercado editorial, y, desde luego, no guarda ninguna proporción con la población indígena del continente estimada en 34 millones.
Debido a la existencia de lenguas dominantes, que pertenecen a sistemas económicos dominantes, muchas lenguas ocupan puestos marginales por el uso funcional de otras lenguas en los mercados. Las presiones culturales y económicas, y el uso de nuevas tecnologías que requieren la homogenización en los códigos de comunicación han desplazando y reemplazando las lenguas usadas por minorías.

Una primera mirada a los títulos editados en lenguas indígenas
En términos generales, las editoriales comerciales en América Latina no han abordado la producción de títulos en lenguas indígenas por razones de mercado. La escasa producción editorial en lenguas indígenas está en el campo de políticas gubernamentales o en más aislados casos, obedeciendo a ediciones institucionales u organizaciones no gubernamentales.
En esta evaluación, muy preliminar, los títulos registrados en lenguas indígenas tienen una participación de 0,07 %, este porcentaje corresponde a 243 títulos publicados en alguna lengua indígena. Los títulos registrados en español y una lengua indígena corresponden 0,01 %, es decir, a 23 títulos, 7 en español–guaraní; 12 en español-shuar; y 4 en español-quechua/quichua. ¿Tendremos subregistro en la producción? O estos datos pueden ser explicados por razones como que la tradición oral es, para muchas comunidades, más importante que la tradición escrita, y los índices de alfabetización en lengua materna son muy bajos. En segundo lugar, la diversidad lingüística es amplia en América Latina, lo que hace que la población asociada a cada lengua sea de poca densidad. Los estudios recientes sobre la cartografía de las lenguas indígenas reconfirman la complejidad que representan el número de familias y lenguas indígenas identificadas.
Como ejemplo, en Colombia, la población asociada a la familia Chibcha es de 19 988, según el CENSO de 1993 realizado por el DANE, esta familia lingüística está compuesta, a su vez, por las lenguas Kogui, Ika, Wiwa, Uwa, Chimila, Barí, y Kuna. En la praxis esta segmentación conlleva a una división de la población en grupos aún más pequeños, que, si bien pertenecen a la misma familia lingüística, su lengua está diferenciada por la manera en cómo cada comunidad percibe el entorno y lo que media entre la realidad y los símbolos. Esto imposibilita el uso de un texto para el total de la población perteneciente a la familia lingüística.
En esta primera aproximación sobre los títulos registrados e identificados en lenguas indígenas en América Latina (243 títulos), se registraron 36 lenguas diferentes que son: aleute (América del Norte), guaraní (Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay), aymará (Bolivia, Perú, Argentina, Chile), quechua-quichua (Perú, Ecuador, Colombia), Maya, Achi, Qeqchi, Poqomchi, Mixteca, Kixhee, Kaqchikel, Mapudingun, Tzutujil, Mazateco, Tzaltal, Tzotzil, Totonaco, Zoque, Popti, Qanjobal, Kaqchikel, Pogoman, Man (Guatemala, México, Nicaragua), Guayabero, Wayuu, Piaroa, Kogui, Indigena-Colombia (Colombia), Pemon (Venezuela), Kunza, Ayoreo (Paraguay, Bolivia), Enxet (Paraguay), Trinitario, Tsimane (Bolivia).
La familia lingüística que más títulos registró es la maya, que participa en el total con 54 títulos, la quechua con 28, la jaqi con la lengua aymará con 27, la guaraní con 19 y la chibcha con la lengua kogui con 16. Estas familias lingüísticas corresponden en América Latina a las familias con mayor población indígena, se estima que hay 16 251 095 hablantes de lenguas de la familia maya, 8 037 500 de la familia quechua, 2 227 642 de la familia aymará, y 4 688 670 de la familia Tupí-guaraní, según datos registrados en Ethnologe.
En el caso de la familia maya, si bien en las lenguas que se registran los títulos son diversos y registraron pocos títulos en el mismo período analizado (2001-2005), existe una continuidad en los títulos y en el contenido, como los cuentos en diferentes lenguas maya. Esto mismo sucede con las lenguas quechua, aymará, guaraní y kogui, que presentan una continuidad en cuanto a contenidos.
En el caso de la lengua kunza, en Chile, en otro tipo de ejemplo más particular, el diccionario Kunza-Castellano fue editado por La Corporación Nacional del Cobre, codelco, que pertenece al Ministerio de Minas. Actualmente, la lengua kunza es considerada como lengua muerta, sobrevive por la existencia de indígenas que recitan oraciones y canto en los ritos, pero no tiene claridad de su significado. La comunidad indígena se resiste a perder su lengua y trabaja por la recuperación de palabras para introducirlas en los procesos educativos.
En lenguas como la ayoreo, trinitario, tsamani, los títulos son religiosos y están asociados a la editorial Sociedad bíblica bolivariana.
Los contenidos educativos son básicamente para la primaria y secundaria y pertenecen al diseño de pensum de los ministerios de educación en algunos países, como La Secretaría de Educación Pública de México y los Ministerios de Educación de Guatemala, Bolivia, Perú y Paraguay. El Programa de apoyo al sector educativo de Guatemala y la Fundación Cholsamaj, la Sociedad bíblica bolivariana, el Instituto Superior Simón Bolívar y el Instituto de lengua y cultura aymará.
En Colombia, la editorial Fundición para los pueblos marginados, tiene publicados los títulos de la lengua kogui, al igual que los textos en wayuu que son en su mayoría literatura aborigen.
Es importante resaltar que, si bien los mitos, leyendas y cuentos, no son clasificados como textos escolares, hacen parte de procesos formativos que implementan las comunidades indígenas para formar a los miembros en cuanto a valores y códigos simbólicos que, a la vez nutren sus lenguas y les dan vigencia.
En Guatemala [2], como un último ejemplo, existe un programa para fortalecer la educación bilingüe de las comunidades lingüísticas mayas con la producción de Textos Escolares. La Dirección General de Educación Bilingüe e Intercultural, BIGEBI, dentro de sus funciones, tiene la responsabilidad de fortalecer la calidad educativa de los niños y las niñas desde el idioma materno, sea este el castellano o no. Debido a la reconocida diversidad de lenguas nativas con las que cuenta Guatemala, se realizó la autoría, edición, impresión y distribución de textos bilingües de primero, segundo y tercer grado, en castellano como segunda lengua. Se contó con libros bilingües de Cultura Maya y Matemáticas, en los cuatro idiomas mayas mayoritarios del país (Q’eqchi, Mam, K’iche’ y Kaqchikel), en quince idiomas mayas: Q’eqchi, Poqomchi, Achi, Ch’orti, Mopan, Poqoman, Man, K’iche’, Kaqchikel, Tz’utujil, Ixil, Akateko, Awuakateko, Chuj y Popti’. El proyecto fue financiado por el BID, el BM, el Gobierno de Bélgica, la Agencia Internacional de Desarrollo (AID),  el Programa de Apoyo del Sector Educativo (PROASE).
Para el período 2000-2004 se produjeron y distribuyeron la siguiente cantidad de textos por idioma y por grado [3].
Primer Grado
Idiomas
Áreas de Aprendizaje
Cultura Maya
Matemática
Castellano
como L2
Total
K’iche’
60 404
60 404

120 808
Mam
62 932
62 932

125 864
Kaqchikel
39 766
39 766

79 532
Q’eqchi’
38 431
38 431

76 862
Español


201 234
201 234
Totales
201 533
201 533
201 234
604 300

Segundo Grado
Idiomas
Áreas de Aprendizaje
Cultura Maya
Matemática
Castellano
como L2
Total
K’iche’
25 000
25 000

50 000
Mam
20 000
20 000

40 000
Kaqchikel
15 000
15 000

30 000
Español


60 000
60 000
Totales
60 000
60 000
60 000
180 000

La incorporación al mercado editorial por parte de empresas privadas en el campo de las lenguas indígenas no está dentro de sus proyectos. Por un lado, las comunidades indígenas tienen bajas tasas de alfabetización en lengua materna, para muchas etnias la tradición oral es más importante que la escrita y sus ingresos son bajos, estos tres factores impiden consolidar una demanda estable y continua. Por el lado de la producción editorial, a cargo de los gobiernos y entidades sin ánimo de lucro, se enfrenta una segmentación del mercado asociado a la diversidad lingüística del continente que exige, por parte de estos proyectos editoriales, un grado de especialización que cumpla con las necesidades indígenas.
La etnoeducación, como principal herramienta de apoyo a los procesos educativos bilingües que demandan las comunidades indígenas, da respuesta al problema existente en la formación de grupos minoritarios, que se han dado cuenta que el sistema educativo que han venido implementando no forma a los miembros a construir y preservar la identidad. Las comunidades indígenas han puesto en las agendas del gobierno la importancia de rediseñar la educación que reciben y se constituyen como desarrolladores de su propia educación. En este proceso es que tiene cabida la preservación de la lengua materna como principal herramienta educativa y los textos publicados en dicha lengua como un instrumento que toma valor como acervo de identidad.
En síntesis, en América hay extensas regiones geopolíticas con lenguas comunes que han permitido flujos de títulos que alimentan el comercio intraregional del libro. El inglés entre Estados Unidos y Canadá; desde los Estados Unidos hacia los países hispano-lusitanos, se ha sostenido un comercio de contenidos editoriales para las áreas educativas y de enseñanza del idioma inglés y, en dirección inversa, en gran porcentaje, por las exportaciones de libros manufacturados en la Región para editores norteamericanos. Sin embargo, en época reciente, se han incrementado las exportaciones para atender las demandas diversas y crecientes de las poblaciones hispanohablantes en los Estados Unidos con lo cual se fortalece la bibliodiversidad idiomática en ese país. Un reciente censo muestra que el 13 % de la población total de los Estados Unidos es latina y que el 35 % de ese grupo es menor de 18 años. El español es la segunda lengua de los niños en las escuelas de los Estados Unidos, señaló Pat Schroder, Presidente de la Asociación de Editores de Norteamérica, al lanzar el proyecto Publishing Latino Voices for America, que invita a los editores estadounidenses a editar en español.

Unas ideas y recomendaciones
Impulsaremos desde el CERLALC en adelante la tarea de homogeneizar las bases de datos de los registros del sistema ISBN en la región en lo referente a la categorización de las lenguas con el fin de darle relevancia a las especificidades de las diversas lenguas indígenas con el objetivo de proveer estadísticas sobre la producción editorial que contribuyan a las investigaciones lingüísticas y editoriales de la región que soporten indicadores para la bibliodiversidad, la etnoeducación y el plurilingüismo en la región. En ese sentido, recomendamos a las agencias ISBN de los países identificar las lenguas indígenas principales e incorporarlas en las tablas que identifican las lenguas en que se edita o traduce.
Impulsaremos entre los editores el estímulo por las traducciones del portugués al español y viceversa que hoy, aunque se han incrementado, registran en lo que va corrido de 2006 solo 507 títulos de los 84 000 que produce la región. Y la producción monolingüe de las lenguas indígenas. Hoy el proceso de edición e impresión se facilita por la tecnología de impresión por demanda. También por la digitalización de obras por Internet y su difusión en la lengua de su publicación original, en la medida en que se hagan explícitos los derechos de autor para hacerlo. Esperamos contribuir en las iniciativas que en este campo la Unión Latina y los seminarios como este vienen gestando de manera prepositiva por la diversidad cultural.

Anexo 1. Idioma y comercio exterior del libro


Anexo 2. Primer mercado de exportación de libros de cada país de la Región (2004).


Anexo 3. Primer mercado de exportación de libros de cada país de la Región (2003).



[1] COMTRADE de las Naciones Unidas.

[2] CERLAC, Programa, compras oficiales y dotaciones de textos Escolares en América Latina y el Caribe. Pág 35-36.

[3] Fuente: DIGEBI

De vacaciones

Mis queridos lectores, este blog estará de vacaciones durante lo que resta del año y los primeros días del que está por entrar. Su escritor, o sea yo, tiene una tarea que terminar y es escribir en mínimo una semana su tesis de filosofía.
Les deseo un feliz fin de año.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

El origen de la minúscula

Todo en el mundo del libro tiene una razón de ser, cada una de sus partes no es producto de la mera casualidad, sino de un proceso de siglos en los que se busca facilitar la lectura. Dentro de este proceso está el uso de la minúscula. Lo que para nosotros es algo normal, de uso cotidiano, milenios atrás era algo que no existía. Sus orígenes se remontan al Imperio Romano y es desde ahí donde se abordará este pequeño, desgraciadamente no exhaustivo, escrito.
    El alfabeto latino utilizado en la escritura monumental lapidaria era realizado en mayúsculas o la llamada capital, sin ningún matiz de trazos gruesos o empattements, es decir, de empastes, que es la base de la letra por arriba y por abajo. Dentro de la elaboración de la tipografía el empaste (con lo que se adquiere presencia y forma) permite identificar algunas de las grandes familias de caracteres, por ejemplo, las familias antiguas carecen de empastes, el Elzévir tiene empastes triangulares, en el Didot los empastes son filiformes y derechos.
    Los orígenes de la letra capital se ubican junto con la primer biblioteca fundada en Roma, siglo 39 a.C.; sabemos que era diferente dependiendo de su función (producción de libros, de documentos administrativos, correspondencia epistolar, etc.) o de la velocidad de su ejecución
    En el siglo I a.C. y con el aumento de las prácticas ligadas a la escritura, la mayúscula iría deviniendo en formas cada vez más cursivas y simplificadas en las que empezaron a aparecer las astas por encima y por debajo de la línea. Con esta transformación la escritura comenzó a ganar rapidez y la lectura se encontraba facilitada desde el momento en que los elementos específicos de las letras eran más visibles. Este proceso de escritura evolucionaría a partir del siglo IV, cuando gradualmente se fue pasando de la capital a la uncial y poco después a la semiuncial.
    Sandra María Cerro ubica el origen de la minúscula en el siglo III, siglo de los grandes cambios de la cultura romana. Ella afirma que su origen es desconocido, pero señala que hay varias teorías al respecto. Una apunta a la estética de este tipo de escritura, es decir, al mayor gusto por la letra redondeada que por la rigidez de la letra capital. Otra teoría apunta a la necesidad de una mayor agilidad en la escritura que originó tal simplificación de formas. Hay teorías que resaltan la importancia del cambio de soporte del libro, del rollo al códice, y a la mayor facilidad de manejo de éste último que obligó el cambio postural de los copistas y como consecuencia, a una modificación del trazo de las formas escritas.
    Lo que sí nació como consecuencia del cambio, es decir, de la mayor agilidad y de la economía gráfica de los escritos, fue la forma cursiva.
    La escritura uncial fue la primera de las escrituras del sistema romano y se transmitió de la cultura clásica a la Edad Media. Esta escritura se conserva en más de 500 manuscritos de los siglos IV al VIII, y se cree que su origen se remonta al siglo II. Juan-José Marcos García señala que el término uncial apareció por primera vez en el prólogo del libro de Job escrito por San Jerónimo, aunque el uso del término no es descriptivo y es probable que lo estuviera contraponiendo a los libros de lujo frente a aquellos modestos en los que se utilizaba la escritura minúscula cursiva. El término uncial en el sentido descriptivo fue utilizado por primera vez por Jean Mabillon a principios del siglo XVIII. Posteriormente Scipione Maffei la usó para distinguir la escritura mayúscula de la capitular. El más famoso de los libros escritos en uncial es el palimpsesto del siglo IV d.C. que contiene La República de Cicerón. Su principal característica es que es una escritura mixta: con formas mayúsculas, minúsculas (h, l, q) y cuatro formas especialmente unciales (a, d, e, m). Su principal inconveniente es que era lenta para escribir y su tamaño permitía escribir poco texto en cada página.

                              Ejemplos de escritura uncial romana, el tipo más antiguo (siglo IV)

    La escritura semiuncial es también llamada “minúscula primitiva” o “litterae africanae”, surgida a fines del siglo V y principios del siglo VI. Esta escritura fue la que constituyó el siguiente paso. El motivo: era mucho más ágil y fluida, como dice Sandra María Cerro: “de letras separadas entre sí, artificiosa a los ojos de los distintos caracteres y con gran profusión de astiles y caídos en forma de espátula”, es decir, mucho más accesible para la lectura.
    El desarrollo de estás formas cursivas junto con los modos del escritor dieron como resultado la aparición de la nueva escritura: la minúscula.
    Para concluir este pequeño escrito reproduzco una cita que utiliza Frédéric Barbier en su Historia del libro:

En relación a la mayúscula, la minúscula supuso un avance absoluto: la segunda es mucho más legible… Ciertos caracteres contienen astas que se elevan o que se dejan caer por debajo del cuerpo de las letras, cada palabra posee una silueta que le es propia […], el ojo puede reconocerlas con mayor facilidad cuando las sigue, como sucede con la lectura rápida…
Robert Marichal

lunes, 7 de diciembre de 2009

El libro en el presente

En el blog de Libreros encontré este video que habla sobre el futuro del libro. Yo no sé si sea bueno referirnos a los libros como algo futuro, basta ver lo que estamos viendo, aquello que cada día es una realidad más palpable, por eso decidí titular esta entrada como El libro presente, porque, como hace algunos años escribíamos Álvaro Jasso y yo, el libro y su revolución es algo que vivimos aunque no sabemos sus resultados.

He aquí el video, las reflexiones son bastante interesantes:

Ilusiones

Como una imagen en un espejo de agua
que nos engaña con la cercanía de las cosas;
como una palabra pensada
que busca inmortalizarte;
como un acto de magia
en el que la espada se hunde en el pecho de la víctima;
como un recuerdo de la infancia
que nos asalta al caminar por una calle solitaria;
como la noche en que las nubes
ocultan a la luna:

          El mar de esta ciudad
          dibujó tu cara sobre la arena
          para después hacerte difusa
          con el nuevo oleaje.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

¿Pensar?

Mientras más pasa el tiempo, menos entiendo lo que es pensar. Recuerdo que cuando estaba en el primer semestre de la carrera de Filosofía, al estar revisando un diálogo de Platón, nos encontramos con esta maravillosa definición: “Pensar es el diálogo del alma consigo misma”. En los textos del mismo filósofo uno puede inferir que pensar es reflexionar, buscando saber lo que son las cosas partiendo del principio de que todos nos referimos a algo x aunque no sepamos qué es x, es decir, y como dice Heidegger, precomprendemos lo que son las cosas y con base en eso nos movemos y relacionamos con los otros. Entonces, al ir escribiendo estas primeras líneas me percato del vicio que quiero exponer: el de relacionar el pensamiento con la cantidad innumerable de autores que hemos leído. Esta relación puede ser de forma crítica: sosteniendo algo que va contra una parte o la totalidad del pensamiento de determinado pensador. Cuando la relación es de apoyo o bastón: cuando necesitamos de otro pensador para decir que lo que nosotros pensamos ya lo pensó otra persona, sólo que ahora nosotros vemos otro lado de la moneda. Cuando es exegética: es decir, cuando un pensador menos sagaz quiere exponer y explicar lo que un pensador complicado dice, sólo que el pensador menos sagaz lo dice de forma comprensible para el resto de los pobres mortales. Sea cual sea la relación de pensamiento con los autores, siempre que se piensa se hace en cualquiera de esos tres niveles, algunos hasta los combinan.

Esta modalidad del pensamiento se debe a que pensar es un diálogo del alma consigo misma y con el pasado de la humanidad, así que, pensar es dialogar con la tradición, con aquellas autoridades sobre los temas. Claro que no importa que en determinado momento los pensadores, esa nueva generación de pensadores, termine haciendo una verdadera ensalada con los pensamientos de los grandes pensadores, por cierto, estás ensaladas regularmente producen indigestión, por eso les recomiendo un platillo más “carnívoro”: la administración. Pero como decía, no importa que el nuevo pensamiento sea un copy/paste del pasado, una gran cita por aquí, con otra cita de otra persona abajo y que explica lo que el pensador uno quiere decir, después una cita que resume lo puesto arriba, y todo unido por mi pensamiento perspicaz y selectivo de conectores simples: <Camino naranja>>, sólo por mencionar un ejemplo de la profundidad del pensamiento. Por cierto, en el mejor de los casos está disfrazado por una linda y bella máscara llamada paráfrasis, haciendo pensar a las personas que tiene esa profundidad del pensamiento, creo que el ejemplo más claro de ello es el de Octavio Paz y su texto El arco y la lira, texto que parafrasea lo dicho por Heidegger respecto a su filosofía del lenguaje, claro que Paz lo hace de una manera poética, acompañada de múltiples referencias de otros tantos poetas. Finalmente, esto es pensar.
 

El genio maligno viene y se sienta en mi cuasi sillón, prende un cigarrillo y me ve escribir, entonces, me dice: Moisés, Moisés… ¿Qué gana el hombre de tanto leer? ¿Por qué matarse toda una vida tratando de comprender a un autor que no existió, que pertenece a la nada igual que tú? Lo que hay en los libros nada es.
 

El sueño lentamente me invade, entonces mi escritorio se transforma en una fila interminable de escritorios ocupados por simios, los cuales trabajan a un mismo tiempo y se escucha el movimiento continuo de los dedos escribiendo en las máquinas. El genio aparece a mi lado y comenta: En la primera fila están aquellos simios que escriben sobre Dios. En la segunda, los que hacen filosofía. En la tercera, los que hacen literatura. En la cuarta, los enciclopedistas; y así sucesivamente. Ninguno de los simios piensa, sólo teclean y teclean, y ustedes, se la pasan horas enteras dedicadas a estudiar lo que estos simios escribieron, en lugar de conocerse a sí mismos, de pensar por sí mismos, para que al final puedan entender que todo es ilusión.
 

Cuando desperté, eran las seis de la mañana, mi alarma hacia su ruido monótono, la computadora se había quedado encendida y yo no había terminado la primer línea. ¿Qué es pensar? Ya no sé lo que es pensar, así que como Cortés, quemaré las naves para nunca regresar.