miércoles, 2 de diciembre de 2009

¿Pensar?

Mientras más pasa el tiempo, menos entiendo lo que es pensar. Recuerdo que cuando estaba en el primer semestre de la carrera de Filosofía, al estar revisando un diálogo de Platón, nos encontramos con esta maravillosa definición: “Pensar es el diálogo del alma consigo misma”. En los textos del mismo filósofo uno puede inferir que pensar es reflexionar, buscando saber lo que son las cosas partiendo del principio de que todos nos referimos a algo x aunque no sepamos qué es x, es decir, y como dice Heidegger, precomprendemos lo que son las cosas y con base en eso nos movemos y relacionamos con los otros. Entonces, al ir escribiendo estas primeras líneas me percato del vicio que quiero exponer: el de relacionar el pensamiento con la cantidad innumerable de autores que hemos leído. Esta relación puede ser de forma crítica: sosteniendo algo que va contra una parte o la totalidad del pensamiento de determinado pensador. Cuando la relación es de apoyo o bastón: cuando necesitamos de otro pensador para decir que lo que nosotros pensamos ya lo pensó otra persona, sólo que ahora nosotros vemos otro lado de la moneda. Cuando es exegética: es decir, cuando un pensador menos sagaz quiere exponer y explicar lo que un pensador complicado dice, sólo que el pensador menos sagaz lo dice de forma comprensible para el resto de los pobres mortales. Sea cual sea la relación de pensamiento con los autores, siempre que se piensa se hace en cualquiera de esos tres niveles, algunos hasta los combinan.

Esta modalidad del pensamiento se debe a que pensar es un diálogo del alma consigo misma y con el pasado de la humanidad, así que, pensar es dialogar con la tradición, con aquellas autoridades sobre los temas. Claro que no importa que en determinado momento los pensadores, esa nueva generación de pensadores, termine haciendo una verdadera ensalada con los pensamientos de los grandes pensadores, por cierto, estás ensaladas regularmente producen indigestión, por eso les recomiendo un platillo más “carnívoro”: la administración. Pero como decía, no importa que el nuevo pensamiento sea un copy/paste del pasado, una gran cita por aquí, con otra cita de otra persona abajo y que explica lo que el pensador uno quiere decir, después una cita que resume lo puesto arriba, y todo unido por mi pensamiento perspicaz y selectivo de conectores simples: <Camino naranja>>, sólo por mencionar un ejemplo de la profundidad del pensamiento. Por cierto, en el mejor de los casos está disfrazado por una linda y bella máscara llamada paráfrasis, haciendo pensar a las personas que tiene esa profundidad del pensamiento, creo que el ejemplo más claro de ello es el de Octavio Paz y su texto El arco y la lira, texto que parafrasea lo dicho por Heidegger respecto a su filosofía del lenguaje, claro que Paz lo hace de una manera poética, acompañada de múltiples referencias de otros tantos poetas. Finalmente, esto es pensar.
 

El genio maligno viene y se sienta en mi cuasi sillón, prende un cigarrillo y me ve escribir, entonces, me dice: Moisés, Moisés… ¿Qué gana el hombre de tanto leer? ¿Por qué matarse toda una vida tratando de comprender a un autor que no existió, que pertenece a la nada igual que tú? Lo que hay en los libros nada es.
 

El sueño lentamente me invade, entonces mi escritorio se transforma en una fila interminable de escritorios ocupados por simios, los cuales trabajan a un mismo tiempo y se escucha el movimiento continuo de los dedos escribiendo en las máquinas. El genio aparece a mi lado y comenta: En la primera fila están aquellos simios que escriben sobre Dios. En la segunda, los que hacen filosofía. En la tercera, los que hacen literatura. En la cuarta, los enciclopedistas; y así sucesivamente. Ninguno de los simios piensa, sólo teclean y teclean, y ustedes, se la pasan horas enteras dedicadas a estudiar lo que estos simios escribieron, en lugar de conocerse a sí mismos, de pensar por sí mismos, para que al final puedan entender que todo es ilusión.
 

Cuando desperté, eran las seis de la mañana, mi alarma hacia su ruido monótono, la computadora se había quedado encendida y yo no había terminado la primer línea. ¿Qué es pensar? Ya no sé lo que es pensar, así que como Cortés, quemaré las naves para nunca regresar.

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