miércoles, 22 de diciembre de 2010

Felices fiestas

A todos los lectores de este blog les mando un gran abrazo y mis mejores deseos para estas fiestas. Por cierto, por la sencilla razón escribiré el próximo año.
                 ¡Felices fiestas a todos!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Scriptio continua

SEIMAGINANSITODAVÍASIGUIERAMOSESCRIBIENDOENUNAESCRITURACONTINUA. La scriptio continua (escritura continua) era la escritura de los griegos (en particular en el periodo arcaico) y por mucho tiempo también de los latinos. La diferencia entre lo que escribí arriba y la manera como lo hacían los griegos era por medio de la escritura fonética. Al escribir según la fonética, la sintaxis estaría más relacionado al lenguaje hablado, casi como lo hacen muchos jóvenes cuando abrevian su escritura. Por lo tanto, lo que escribí arriba con altas para asemejarse a la escritura de aquellos años tendría que ser así: CIMGINSITDVASGIERMSSCRBNDNUNASCTTRACNTINA.
      Para descifrar ese enmarañado de letras que a primera vista parece que no tiene sentido, el lector debe reconocer lo escrito leyendo en voz alta. Sólo con la lectura en voz alta es posible "reconocer" lo que está oculto a primera vista. Así, la escritura continua tenía mucho peso en el reconocimiento de la secuencia gráfica, todo desde el soporte de la voz.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Los verbos que significan leer en la época de Platón

El presente texto es parte del primer capítulo de mi tesis y hoy quiero compartir con ustedes estos interesantes datos. Comentarios y sugerencias serán más que bien recibidos.

En el periodo en el que vivía Sócrates y también Platón se experimentó un cambio drástico en la evolución del conocimiento: la lectura de los textos, no solo en voz alta sino también en silencio, estaba adquiriendo un mayor hábito. Los griegos de aquellos tiempos, en especial los actores y algunos intelectuales, leían por placer, para conocer determinada ley o para representar ante un público una obra teatral o una declamación poética. Cabe resaltar que el grueso de estos lectores eran esclavos pues una persona libre no podía ejercer la lectura porque hacerlo era doblegarse ante el autor y esto significaba perder la libertad. Cualquier griego tenía que tener presente que para “participar en la vida de la ciudad, el ciudadano tenía que ser eleútheros, ‘libre, sin trabas’”[1] de lo contrario estaría condenado a ser un esclavo y no poder expresar su opinión.
            Leer era una sumisión pero al mismo tiempo otorgaba algo de valor para el mundo de los griegos. Jesper Svenbro parte de una pregunta básica: “¿para qué podría servir la ‘escritura muda’ en la que la tradición oral se creía capaz de asegurar su propia permanencia sin más soporte que en la memoria y en la voz de los hombres?” La respuesta que da es que mediante la escritura se podía asegurar de otra manera la posteridad. Una posteridad que estaba dada mediante la lectura en voz alta.
            Fue como leer se volvió parte importante en el desarrollo de la cultura griega. ¿Cuál era la intención de la lectura en voz alta? Para responder a esta pregunta es necesario partir de los distintos significados de la palabra leer, más de diez que son atestiguados alrededor del año 500 a.C. según señala Svenbro en su artículo “La Grecia Arcaica y Clásica: La invención de la lectura silenciosa” y del cual retomaré el siguiente análisis.
El punto de partida propuesto por el historiador arriba mencionado es némein, que significa “distribuir”. La lectura en voz alta no puede ser pensada de otra manera ya que hacerlo es distribuir a los presentes lo que se tiene que decir. El siguiente verbo es ananémein que convierte al lector en un instrumento al servicio de lo escrito. Es el lector el que presta su voz para que la distribución sea posible, sin embargo ello no implica que el lector sea capaz de captar el mensaje. Con el compuesto epinémein el lector distribuye incluyéndose en la distribución. Es gracias a epinémein que un lector no necesita de oyentes pues él mismo puede ser su propio escucha. Dado que némein está presente en los tres verbos Jesper Svenbro se atreve a decir que es némein el centro de una familia léxica que significan leer; y va más allá al relacionar némein con nómos.
            Nómos es el nombre de acción formado de némein y aunque los diccionarios no tienen registrada su relación esta se puede notar con los nómoi de los pájaros en Alcmano o en los de Charondas, legislador de la Grecia arcaica, que eran cantadas[2]. La ley, desde el análisis de Svenbro y por lo manifiesto en las referencias, es “una distribución vocal, apoyándose al comienzo en la memoria, y luego en lo escrito”[3]. Pero con Esparta no sucede lo mismo, tal y como se sabe gracias a Plutarco, ya que para ellos estaba prohibido fijar la ley mediante la escritura. Para los espartanos la palabra que significaba ley se derivaba del verbo eírein, cuyo significado es “decir”. En Roma, al contrario de Esparta, la ley presuponía de lo escrito a tal grado que lex era el nombre de acción de legere, “leer”. Para entender esta relación del némein y legere se debe recordar que légein también tiene el sentido de “leer”. Y si lego significa “leo”, cabe pensar que los romanos retomaron esta palabra de los griegos. Este camino que vislumbró Svenbro es para indicar que légein puede significar “leer”, al igual que némein, y así queda atestiguado en los verbos analégein y analegesthai. Esto da como resultado una familia léxica más.
            Un miembro importante de la familia léxica de légein es epilégestzai, que significa literalmente “añadir un decir a”. Y afirma Jesper Svenbro que “el lector añadía su voz a lo escrito, incompleto por sí mismo. Se supone que la escritura tenía necesidad de légein o del lógos que el lector le añadía; sin él, seguiría siendo letra muerta”[4].
            Pero el verbo indiscutible para los griegos era anagignóskein. Este era el verbo ático y significa literalmente “reconocer”, y ese reconocimiento es el de los caracteres, lo que implicaba saber descifrarlos. Es decir, para el ciudadano ateniense la lectura en voz alta era la posibilidad de dotar de sentido a la escritura.
            De este estudio sobre los verbos griegos que significaban leer en Grecia ahora hay que ver sus implicaciones. La primera de ellas es la relación intrínseca que tiene el escrito con la voz, que a su vez está relacionada con el escritor y el lector. Esta primer relación debe leerse desde la relación de la libertad y el ciudadano. Leer para la mayoría de los griegos era una especie de pérdida de la libertad porque el lector quedaba doblegado ante el escritor. Este sometimiento se da por la segunda implicación. Leer en voz alta es prestar la voz a algo que por sí mismo no puede ser transmitido ni comprendido por los otros. Un escrito necesita apropiarse de la voz con el fin de llegar a ser, de realizarse plenamente. La apropiación de la voz sigue siendo una pérdida del ser, de uno mismo y de la libertad. Para el griego que leía en voz alta no era el sujeto que leía el que decía ello, era un esclavo, alguien que cedía su cuerpo para que otra persona que no está presente pudiera mostrar sus ideas o decir sus mandatos a los demás. Y Jesper Svenbro agrega:
Su voz [la del lector] se sometía, se unía a lo escrito. Ser leído era, por ende, ejercer un poder sobre el cuerpo del lector, aun a gran distancia en el espacio y en el tiempo. El escritor que lograba hacerse leer actuaba sobre el aparato vocal del otro, del que se servía, aun después de su muerte, como instrumentum vocale, es decir, como alguien o algo a su servicio, como de un esclavo[5].

Queda así manifestado el desprecio que se tenía hacia el lector y explica el porqué se solía dejar esta tarea a los esclavos. Porque esta era precisamente la función de los esclavos, la de servir y someterse, la de ser un instrumento. Y esto también explica el motivo de la resistencia de los griegos a leer o a hacer esta actividad solamente para lo estrictamente necesario.


[1] Jesper Svenbro, “La Grecia Arcaica y Clásica: La invención de la lectura silenciosa”, en Historia de la lectura en el mundo occidental, bajo la dirección de Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, Ed. Taurus, 2009, México, pág. 70, p.p. 583.
[2] Ibídem pág. 64.
[3]  Ibídem.
[4]  Ibídem, pág. 66.
[5]  Ibídem, pág. 70.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Diccionario editorial: Márgenes

Los márgenes son de vital importancia, al menos para mi gusto. Sin ellos, por ejemplo, no podríamos tomar un libro y ojear toda la mancha del texto, pero tampoco podríamos hacer nuestras anotaciones. Estas son algunas de sus funciones, pero antes de seguir es bueno saber que son cuatro los márgenes de una página:

  • superior o de cabeza
  • inferior, de pie o falda
  • exterior o de corte
  • interior, de lomo o medianil
Los márgenes se determinan obedeciendo a normas generales que combinan la estética con la funcionalidad. La primer norma es que el margen de corte tiene que ser aproximadamente el doble que el del medianil, lo mismo debe aplicarse con el inferior y el superior.
      Para sacar los márgenes yo recomiendo apegarse a la normalizada, que es similar a la divina proporción, sólo que en vez de partir de los 5/8 tiene una proporción 1:1.4, es decir, 5/7. La medida se saca restando a la altura de la página la de la caja, el resultado se divide entre dos y a esto se le suma una pica, con este proceder se obtiene la medida de la falda; el restante será el correspondiente a la cabeza. La misma operación se utiliza para sacar la medida del corte y del lomo.
      La segunda norma dice que el medianil en ningún caso será menor a 24 puntos (dos picas). De otro modo se dificultaría la lectura. La tercer norma, también referida al medianil, nos dice que este margen debe aumentarse si el libro es voluminoso, porque al abrirlo se hace una curva que ocultará lo impreso hacia el centro y dificultará la lectura.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Suicidio, espada y lectura

Hoy les quiero compartir un párrafo que me ha dejado sorprendido. No puedo imaginar otro tipo de pasión por la lectura que la que se cuenta a continuación:
Según cuentan, Catón de Utica, antes de quitarse la vida, se retiró a sus aposentos, tomó el Fedón, el diálogo de Platón que trata del alma, y leyó una buena parte del mismo. Advirtió entonces que su espada no estaba en el lugar de costumbre, preguntó el motivo a un criado sin obtener respuesta; volvió, pues, a su lectura, pero de nuevo la interrumpió para ordenar a su criado que le devolviera su espada. Una vez terminado el libro, como nadie le llevaba el arma requerida, hubo de gritar para que la orden fuera obedecida; conseguido por fin su objetivo, volvió con el escrito de Platón y lo leyó de nuevo dos veces. Al final, después de haberse adormecido por unos momentos, se suicidó clavándose la espada en el pecho.
Tomado de Historia de la lectura en el mundo occidental, dirigido por Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, Ed. Taurus.

martes, 30 de noviembre de 2010

Mucho ojo con las cursivas

Existen muchos tipos que por su forma dificultan la lectura y que cuando se hace la corrección de un texto el ojo del revisor tiene que estar muy atento. Ese es el caso de cualquier tipo que esté en negritas y que por lo regular va en los títulos, y el de las itálicas o cursivas.
      Cualquiera que tenga experiencia haciendo edición podrá constatar la cantidad enorme de erratas que hay en un texto tan sólo en los tipos en negritas y en cursivas. Un consejo, cada que vayan a revisar algo así lo mejor es detenerse letra por letra para corroborar que todo esté bien. Sobre todo hay que hacerlo con los títulos y subtítulos, les aseguro que no les gustará hacer el gran oso en una errata que el lector seguramente notará.
      Recientemente he estado leyendo a Rogier Chartier y actualmente estoy inmerso en la lectura de Historia de la lectura en el mundo occidental. Es lamentable y bastante risible que en un libro donde se habla de la transformación de la lectura en Occidente desde las modificaciones que el soporte de la escritura ha tenido se encuentre una errata repetida en las primeras 93 páginas del libro (hay otras que también hacen muy lamentable la publicación). La errata a la que me refiero es una cita al Fedro de Platón, como lo podrán ver en la imagen el título referido es Fedra.


Así que ya saben, mis queridos colegas y lectores, hay que tener mucho cuidado con las traviesas itálicas porque nos juegan cada mala pasada. Buena semana a todos.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Gracias

Hoy es un día para festejar. Ya son dos años desde que puse la primera entrada en el blog y estoy muy contento no sólo porque he tratado de mantener una escritura constante, también lo estoy porque siempre he tenido la idea de que un blog es como una botella en el mar y algunas veces llegará a tierras donde no hay nadie que lea su contenido y otras veces llegará a manos de quien está verdaderamente interesado en leer lo que está ahí adentro.
      Para mi sorpresa hay un número de visitas bastante alto para un blog que tiene como tema lo editorial, la reflexión y los libros. Debo confesar que cuando abrí este blog estaba en una crisis existencial, tenía poco de que había terminado una relación muy intensa con una mujer a la que amé mucho, las cosas en la revista donde trabajaba en ese momento estaban muy complicadas, la carga de trabajo era excesiva. En fin, el blog fue un intento de catarsis, que claro, fue abandonada muy rápido y que mutó en mí preocupación por saber más respecto de mi oficio. Es por ello que lo que ustedes leen es sólo el resultado de mis estudios e investigaciones sobre los temas que me interesan. El resto son algunos cuentos o poemas que he escrito.
      Sin más verborrea que gastar, quiero dedicarles esta entrada, lectores invisibles y no tan invisibles, pues quiero agradecerles a todos el donar unos cuantos segundos a la lectura de este blog. Espero muchos años más para compartir lo que aprendo con ustedes.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Diccionario editorial: Folio

El folio es conocido como la hoja de un libro o cuaderno así como el titulillo o cornisa de una página, también conocido como folio explicativo, la cual se suele repetir en la parte superior de la página con el título de la obra, o el nombre del autor, o bien con el título de un capítulo o de un apartado.
      El folio o número progresivo es el que corresponde a la página del libro. Éstos pueden colocarse a la cabeza o al pie del texto, en los márgenes respectivos, o ir centrados o alineados. Cuando los folios están en la cabeza se suele presentar el problema de que en las páginas con las que se inicia un capítulo el número quede volando, para evitar esto se suele quitar el número, tal y como se hace cuando una imagen abarca la página en su totalidad.
      Seguramente muchos han notado que las introducciones, prólogos y demás textos que pueden figurar o no en un texto están foliados con números romanos. Las razones son desde el estilo tipográfico de la casa editorial o porque estos textos suelen entregarse cuando la impresión del libro ya está avanzada y no se pueden hacer modificaciones a los folios.
      Para finalizar sólo agregaré que en México se acostumbra hacer una composición tipográfica de los folios menor de dos puntos respecto al cuerpo de texto, por lo tanto, si la tipografía es de 10 puntos, la composición del folio será de 8.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Lo que ha de saber un corrector

*
1619
ha de saber gramática, ortografía, etimologías, apuntuación, colocación de acentos.
Gonzalo de Ayala, corrector de imprenta

*
1675
hazer interrogación, admiración y paréntesis, porque muchas vezes la mente de los Escritores se confunde, por la falta de estos requisitos, necesarios, è importantes para el entendimiento, y comprensión de lo que se escribe, ò imprime; porque cualquiera que falte, muda, truëca, y varia el sentido.
Melchor de Cabrera, abogado

*
Años más tarde:
entender el concepto del Autor en lo que manda imprimir, no tan solamente para poner la apuntuación legítima; sino aun para ver si padeciò algun descuido el dueño, para advertirselo.
Alonso Víctor de Paredes, corrector

Tomado de Roger Chartier en "Escuchar a los muertos con los ojos", Ed. Katz 

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cultura escrita, literatura e historia

La lectura del libro de Roger Chartier, Cultura escrita, literatura e historia la he disfrutado mucho. Este es uno de los libros que aportan ideas, aunque debo decir que para lo que hice la lectura no aportó muchas, pero hay una que en verdad me tiene rumiando a todo lo que da. Otra cosa muy importante, Cultura escrita... me ha dejado una gran tarea, la lista de libros que quiero leer aumentó considerablemente.
      ¿Cuál es la idea que ronda por mi mente? Roger Chartier dice:
[...] el libro existe desde la Antigüedad pero no con la misma forma. Lo mismo sucede con la categoría de lectura; leer silenciosamente, en soledad, aunque sea en un espacio público, no fue siempre una práctica compartida. Y lo mismo sucede con la categoría del autor.
Desde esta pequeña cita surgen varias preguntas. Respecto al libro, nosotros leemos la literatura de los griegos, de los latinos, etcétera, como si ellos hubieran escrito como lo hacemos nosotros. Es decir, ¿el cambio de soporte en el libro afecta nuestra manera de acercarnos a lo escrito? En lo que concierne al autor, ¿qué implicaba para un griego dictar sus pensamientos? ¿Qué pasa cuando escribimos en papel, en la máquina de escribir, o en la computadora? Finalmente, ¿cómo recibe el lector todas estas cosas que están en juego dentro de la lectura de un libro?
      Aún no tengo respuestas para todas estas preguntas. Mucho menos cuando relaciono esta lectura con mis verdaderos intereses: la escritura como fundamento del conocimiento, la escritura y su relación con el poder, la escritura y su relación con la memoria-olvido, y la escritura y su relación con la retórica (entendida en el sentido negativo que tiene para Platón).
     Independientemente de la ausencia de respuestas, les recomiendo mucho leer este libro y conocer un poco el pensamiento de Roger Chartier y los múltiples temas del libro que este historiador trabaja.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Diccionario editorial: Partes de la letra

Altura es la distancia entre la base o pie y el ojo.
Árbol, su nombre completo es árbol de la letra, y es el paralelepípedo en que se apoya el ojo de la letra.
Base o pie es la parte inferior de la letra.
Cran es una hendidura circular que permite distinguir los diferentes tipos y cuerpos, pues nunca coinciden.
Cuerpo, fuerza o fuerza del cuerpo es la distancia entre las caras anterior y posterior de la letra, el cuerpo determina su tamaño en puntos.
Espesor, grueso o prosa es la distancia entre las caras laterales de la letra.
Hombro o mesa es el espacio entre la superficie del ojo y el cuerpo y grueso del tipo. Es gracias a esta parte de la letra que se producen los blancos o espacios entre los caracteres.
Línea, línea normal o línea estándar es el límete superior del hombro inferior del tipo.
Ojo, cara o grabado es la parte del tipo que adopta la forma de la letra, es decir, es la parte del tipo que recibe la tinta y produce la impresión. Es importante decir que su altura se mide en las minúsculas sin astas ascendentes ni descendentes, por ejemplo, la a, c, e, m, n, etcétera. Otra parte importante del ojo es la gracia, remate, pata, patín, serif, terminal o desbordamiento, trazo horizontal en que suelen terminar los rasgos verticales o redondeados de las letras (también son llamados palos o astas).

viernes, 12 de noviembre de 2010

Una lectura placentera

El año pasado mi amiga Norma me regaló un libro que es una verdadera joya, y eso que tiene unos días que empecé con su lectura, el Larousse del Ajedrez. Hace ya muchos años que me inicié en este deporte fiero, donde la pasión, la reflexión y la lectura siempre van de la mano. Mi padre me enseñó a jugar ajedrez cuando yo estaba en la primaria, sin embargo la constancia del juego no era el hábito en aquellos años. Fue hasta finales de la preparatoria cuando el gustó por el ajedrez se tornó en un modo de vida.
      Ya en la universidad, dentro de las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras y en un café que estaba en la calle de Jalapa, casi esquina con Álvaro Obregón, en la colonia Roma, llamado Hexen-Café, el ajedrez se tornó en una especie de obsesión, con sus rituales y sus charlas. Recuerdo que había veces que en la Facultad me la pasaba horas jugando con mis compañeros de clase y con un viejo amigo de la preparatoria y estudiante de medicina, Miguel Otero. Por las tardes, en particular los viernes y los sábados, estaba en el Hexen jugando con mi amigo Francisco de León, Alejandro Arzumanian, Cuauhtémoc Kamffer, y otros más que no menciono porque la lista sería muy larga.
     Siempre me he resistido a profundizar en la teoría del juego y analizar las jugadas, tengo la firme convicción de que el ajedrez debería ser un deporte de razonamiento, de profundo análisis, y no una actividad en la que los competidores estudian defensas, aperturas, desarrollos, variantes y subvariantes, lo que convierte un juego de memoria y no una verdadera competencia. Por eso evitaba revisar los libros sobre que hablan sobre el tema. Una que otra vez llegué a comprar una revista que se llama Ocho X Ocho. En otra ocasión un viejo compañero de la carrera me prestó un libro que se llama Ajezar, el que por cierto profundicé en lectura ya que el objetivo del escrito es devolverle al ajedrez su creatividad. En fin, estoy iniciando la lectura del libro arriba señalado y que, por lo comentado en otros blog, promete ser una agradable e interesante lectura.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Zombicentenario



El pasado domingo 7 de noviembre fui al estreno de la obra de teatro de mi querido amigo Francisco de León (@Pacodeleon) titulada Zombicentenario. La puesta es una parodia con toques irónicos del México actual, de este país que despilfarra millones de pesos para conmemorar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, todo con el firme propósito de afianzar una supuesta identidad de lo mexicano.
     Sí, este México con sus gobernantes corruptos, déspotas, y todos los adjetivos negativos que quieran agregar, es retratado en una sala de teatro en donde el espectador observa cómo los actores (Elena de Haro, Mario Fratta y Gabriel Pingarrón) tratan de ensayar una obra aún en ausencia de su director, cosa que en realidad es un problema minúsculo. El verdadero reto de los actores, como el de los millones de mexicanos, es sobrevivir en un país que cada día apoya menos a su pueblo, a su cultura y a sus estudiantes, y en el que constantemente lo que reina es el mundo de los idiotas, de las personas alienadas al sistema, de aquéllos que piensan poco y se quejan mucho pero ahí están festejando un partido de fútbol o celebrando en el Centro Histórico el grito de la Independencia.
      La calidad literaria de la obra es muy buena y se enaltece con las actuaciones de los actores. Los textos citados (Artaud, Camus, Brooks, Saramago, Poe y otros más) reflejan que el hombre contemporáneo no ha cambiando después de las guerras mundiales, que no ha cambiado mucho del hombre de la Edad Media, incluso, que las preguntas que nos hacemos, que las situaciones a las que nos enfrentamos –qué es la felicidad, qué significa ser libre, qué soy, qué es la vida– siguen siendo las mismas interrogantes sobre la que reflexionaban los griegos. Entonces, como Kant, podemos preguntarnos nuevamente si nuestra sociedad va hacia mejor. La respuesta es obviamente negativa.
     Algo que me llamó mucho la atención es que pese a que la obra está llena de este tipo de reflexiones no resulta una indigesta de ideas. Esto se debe a que la ironía, la burla que se hace hacia nuestros políticos y otros chistes que surgen de los autores y de su capacidad de ser sensibles al público, hacen que sea una especie de catarsis de la risa, sí, muy al estilo mexicano. Sólo nosotros nos reímos de nuestras desgracias.
      No deseo nublarles la interpretación que puedan hacer de la obra, así que mejor vayan y vean esta interesante puesta en escena en el Museo Universitario del Chopo, sirve que ven lo hermosamente rediseñado que quedó tan bello recinto. Las funciones son el 10 y el 17 de noviembre a las 20:00 hrs. Y 14, 21 y 28 de noviembre a las 18:00 hrs. El costo es de $50 pesos.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Las malas palabras de Fontanarrosa

Ayer mientras cenaba con unos amigos en el Salón Corona y devoraba una torta de ternera con un tarro de cerveza campechana, todo para festejar el estreno de la obra (Zombicentenario) de mi querido Francisco de León, el autor de la obra de teatro hizo mención de este video en Youtube. Después de verlo y reír al escuchar a Fontanarrosa quiero compartirlo con ustedes.
      ¿De qué trata? De las palabras que algunos gustarían desterrar del idioma, de esas palabras que algunos padres de familia se encargan en reprimir mediante amenazas cuando el hijo las pronuncia, de esas palabras que son incómodas pero que todos, en algún momento de nuestra vida, llegamos a decir.



Y

sábado, 6 de noviembre de 2010

Más sobre la nueva ortografía

Sobre los prefijos también hay algunas modificaciones, cosa que agradezco porque siempre he tenido problemas con ellos. Aquí les dejo la explicación tomada de La página del idioma español.


Otra novedad es que el prefijo ex ya no se escribirá separado ni con guión. A partir de ahora, quienes fueron presidentes serán expresidentes y los ministros que hayan dejado sus cargos pasarán a serexministros, no ex ministros ni tampoco ex-ministros. Esta decisión es coherente con la Nueva Gramática de la Lengua Española (NGLE), que prescribe que los prefijos van siempre unidos a la base léxica, aunque habrá una excepción: cuando expreceda palabras compuestas, como ex ministro de Cultura o ex capitán general se escribirá separado.

viernes, 5 de noviembre de 2010

La nueva ortografía

Muchas molestias ha causado el anuncio de los cambios que la RAE anuncia para la nueva ortografía. En El País aparecen algunos de esos cambios. Debo confesar que yo no estoy de acuerdo en todos, como el de eliminar la tilde de los pronombres demostrativos o el del uso adverbial, ya que considero que son un indicador indispensable para evitar las ambigüedades, más en un país como México, donde la educación del castellano es tan mala, por no decir raquítica. En fin, como corrector de estilo y escritor, aplicaré algunas, como la de la tilde en la 'o' cuando está entre los números.
     Les dejo el texto íntegro del diario arriba mencionado, también lo pueden consultar aquí.


La i griega será ye, la b será be (y no be alta o be larga); la ch y la ll dejan de ser letras del alfabeto; se elimina la tilde en solo y los demostrativos (este, esta...) y en la o entre números (5 o 6) y quorum será cuórum, mientras que Qatar será Catar.

La nueva edición de la Ortografía de la Real Academia Española, que se publicará antes de Navidad, trata de ser, como dice su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, "razonada y exhaustiva pero simple y legible". Y sobre todo "coherente" con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. Por eso el académico insiste en que plantea innovaciones y actualizaciones respecto a la anterior edición, de 1999, pero no es, "en absoluto" revolucionaria. Gutiérrez Ordóñez se resiste incluso a usar la palabra "reforma".
Con todo, al director del Departamento de Español al Día de la RAE no se le escapa que los cambios ortográficos provocan siempre resistencias entre algunos hablantes. De ahí la pertinencia, dice, del consenso panhispánico que ha buscado la Comisión Interacadémica de la asociación que reúne a las Academias de la Lengua Española de todo el mundo. El miércoles, esa comisión, reunida en San Millán de la Cogolla (la Rioja) aprobó el texto básico de la nueva Ortografía de la lengua española. A falta de su ratificación definitiva el 28 de este mes en la Feria del Libro de Guadalajara (México) durante el pleno de las 22 academias, estas son algunas de las "innovaciones puntuales" aprobadas esta semana y destacadas por el propio Gutiérrez Ordóñez.
La i griega será ye. Algunas letras de nuestro alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, be baja o be corta, para v; uve doble, ve doble o doble ve para w; i griega o ye para la letra y; ceta, ceda, zeta o zeda para z. La nueva Ortografía propone un solo nombre para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; ye para y (en lugar de i griega). Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico (rayo, yegua), de ahí su nuevo nombre, mayoritario además en muchos países de América Latina. Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.
Ch y ll ya no son letras del alfabeto. Desde el siglo XIX, las combinaciones de letras ch y ll eran consideradas letras del alfabeto, pero ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, "signos ortográficos de dos letras". Sin embargo, tanto ch como ll permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición los suprime "formalmente". Así, pues, las letras del abecedario pasan a ser 27.
Solo café solo, sin tilde. Hay dos usos en la acentuación gráfica tradicionalmente asociados a la tilde diacrítica (la que modifica una letra como también la modifica, por ejemplo, la diéresis: llegue, antigüedad). Esos dos usos son: 1) el que opone los determinantes demostrativos este, esta, estos, estas (Ese libro me gusta) frente a los usos pronominales de las mismas formas (Ese no me gusta). 2) El que marcaba la voz solo en su uso adverbial (Llegaron solo hasta aquí) frente a su valor adjetivo (Vive solo).
"Como estas distinciones no se ajustaban estrictamente a las reglas de la tilde diacrítica (pues en ningún caso se opone una palabra tónica a una átona), desde 1959 las normas ortográficas restringían la obligatoriedad del acento gráfico únicamente para las situaciones de posible ambigüedad (Dijo que ésta mañana vendrá / Dijo que esta mañana vendrá; Pasaré solo este verano / Pasaré solo este verano). Dado que tales casos son muy poco frecuentes y que son fácilmente resueltos por el contexto, se acuerda que se puede no tildar el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad", esto dice la comisión de la nueva Ortografía, que, eso sí, no condena su uso si alguien quiere utilizar la tilde en caso de ambigüedad. Café para todos. No obstante, la RAE lleva décadas predicando con el ejemplo y desde 1960, en sus publicaciones no pone tilde ni a solo ni a los demostrativos.
Guion, también sin tilde. Hasta ahora, la RAE consideraba "monosílabas a efectos ortográficos las palabras que incluían una secuencia de vocales pronunciadas como hiatos en unas áreas hispánicas y como diptongos en otras". Sin embargo, permitía "la escritura con tilde a aquellas personas que percibieran claramente la existencia de hiato". Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié... La nueva Ortografía considera que en estas palabras son "monosílabas a efectos ortográficos" y que, cualquiera sea su forma de pronunciarlas, se escriban siempre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie. En este caso, además, la RAE no se limita a proponer y "condena" cualquier otro uso. Como dice Salvador Gutiérrez Ordóñez, "escribir guión será una falta de ortografía".
4 o 5 y no 4 ó 5. Las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. La nueva no ha perdido de vista la moderna escritura mecánica: de la ya vetusta máquina de escribir al ordenador. Hasta ahora, la conjunción o se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones). Era una excepción de las reglas de acentuación del español: "era la única palabra átona que podía llevar tilde". Sin embargo, los teclados de ordenador han eliminado "el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor".
Catar y no Qatar. Aunque no siempre lo fue, recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra k ya es plenamente española, de ahí que se elimine la q como letra que representa por sí sola el fonema /k/. "En nuestro sistema de escritura la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas". De ahí que pase a escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior: "Deberá hacerlo como si se tratase de extranjerismos crudos (Qatar y quorum, en cursiva y sin tilde)".

martes, 2 de noviembre de 2010

Lo que el ojo del lector común no ve

El título de esta entrada no tiene la mínima intención de ser agresivo con los lectores, al contrario, busca resaltar una debilidad en el lector común y que puede beneficiar a una publicación. El ojo del corrector, sobre todo del que está familiarizado con la tipografía, ha pasado por una especie de entrenamiento adquirido más por el paso de los años que por una educación teórica. El claro ejemplo de lo que digo es encontrar en las pruebas esos ligeros cambios en el tamaño de la tipografía, o en esos fantasmas extraños que suelen aparecer en las cornisas.


En la imagen que está arriba hay una oración que está encerrada con lápiz, desafortunadamente no se nota la pequeña diferencia del tamaño de la tipografía, pero en el libro, a ojo de buen cubero, sí es perceptible. Desafortunadamente yo aún no tengo un cuenta hilos, eso me hubiera facilitado mucho la existencia y hubiera comprobado rápidamente el tamaño de la tipografía, así que ya saben, si me quieren hacer feliz, me pueden regalar un cuenta hilos.
      ¿Cómo comprobé que la tipografía era más pequeña? Muy fácil, tomé mi lapicero, saqué lentamente la puntilla y con eso medí el tamaño de la "l" encerrada, con la "l" que está líneas abajo. El resultado fue evidente, al medir la "l" de abajo corroboré lo que mi ojo sospechaba, los tamaños eran distintos. Desafortunadamente, esta edición se quedará con ese pequeño error, pero como decía, no pasa nada, la gran mayoría de los lectores no se darán cuenta de ese pequeño detalle.

viernes, 29 de octubre de 2010

Para los que piden prestados libros o los roban

Acabo de mandar un correo a uno de mis amigos con la firme intención de que me regrese un libro, sólo espero que el mentado libro aún esté en sus manos. Quisiera pensar que lo leyó, me gustaría creer que el libro movió varias de sus fibras, pero lo dudo mucho. Debo confesar que he perdido pocos libros, uno de ellos fue cuando estudiaba en la Facultad de Filosofía, en verdad me molestó mucho que mi amiga no me regresara el libro y por eso dejé de prestar aquéllos objetos que considero parte de mí. Tengo la firme teoría de que se puede conocer a una persona por lo que hay en su biblioteca, fonoteca y videoteca. Total, ese libro de Deleuze ya nunca estará en mis manos. Lo malo es que esa experiencia no me bastó y le presté a uno de mis mejores amigos un libro titulado El abismo, de Federico Reyes Heroles. Debo confesar que ese libro me ayudó mucho a tomar una decisión radical en mi vida de pareja, de eso ya tiene cinco años y el libro tiene el mismo tiempo en posesión de mi amigo. Caray. En verdad espero conseguirlo pronto, igual que una película que presté a una amiga.
      En verdad no me explico por qué la personas no te regresan lo que prestas. ¡Ah!, pero bien decía mi abuelo, nunca hay que prestar a la mujer, el dinero y los libros. Creo que esa será mi máxima, claro, con sus contadas excepciones.
      Ayer leí esta inscripción que está ubicada en el monasterio de San Pedro, en Barcelona, y que aparece en el libro Corazón de tinta, y más allá de la risa que me dio leer dicha sentencia, pensé que es una lástima que ya no funcionen las cosas así. En fin, aquí les dejo la inscripción.

Para aquel que roba, o pide prestado un libro y a su dueño no lo devuelve, que se le mude en sierpe en la mano y lo desgarre. Que quede paralizado y condenados todos sus miembros. Que desfallezca de dolor, suplicando a gritos de misericordia, y que nada alivie sus sufrimientos hasta que perezca. Que los gusanos de los libros le roan las entrañas como lo hace el remordimiento que nunca cesa. Y cuando, finalmente, descienda al castigo eterno, que las llamas del infierno lo consuman para siempre.

martes, 19 de octubre de 2010

Diccionario editorial: Editor

El viernes comencé con la lectura del libro Cultura escrita, literatura e historia de Roger Chartier pues el autor fue una recomendación de mi asesor para seguir trabajando el tema de la tesis. Decidí empezar por este libro ya que, en palabras del editor, es un libro que sirve para acercar al lector en el pensamiento del historiador francés. Hay muchas cosas que luego retomaré y las comentaré en el blog.
      Hoy voy hablar, desde lo dicho por Chartier, sobre lo que es el editor, no sin olvidar que su etimología proviene del verbo edere, "publicar, sacar a la luz". Para Chartier, la cultura impresa, en todas sus dimensiones, se pueden asociar con la figura del editor, con la práctica de la edición, a la elección de los textos, al negocio de los libros y al encuentro con un público de lectores. Entonces, para responder ¿qué es un editor?, hay que hacerlo desde las citadas dimensiones.
     Chartier dice que la figura del editor nació en el decenio de 1830, en Francia, pues es cuando la figura del editor se hace autónoma, es decir, ya no es el librero ni el impresor el que publica los libros. Por otro lado, la nueva definición del oficio crea una relación con los autores, la elección de los textos (catálogo), la selección de las formas del libro y la figura del lector.
      Es desde la Edad Media donde empieza distinguirse la definición moderna del editor y de la edición o de otras formas de publicación. Una primera forma de edición, de publicación, fue con la lectura en voz alta de un texto nuevo, que era la práctica de las universidades o de las cortes medievales (aún podemos apreciarlo en las presentaciones de libros). El otro modelo es cuando la edición del libro impreso se vincula con el comercio de librería, en este momento la figura central es el librero editor. Como es de esperarse, en el segundo modelo el capital mercantil es fundamental ya que define el poder del mundo de la cultura impresa (taller tipográfico-impresor-catálogo). Además, lo que un librero editor vende se incrementa con el intercambio del catálogo de otros libreros editores.
      Finalmente estos dos modelos derivan en la definición moderna de editor, ese ente que tiene un oficio particular, definido mediante criterios intelectuales más que técnicos o comerciales. Si bien es cierto que los editores tienen una cierta actividad comercial (sobre todo en nuestro país con las editoriales independientes), lo que en realidad define el oficio del editor es el de coordinar todas las posibles selecciones que llevaban a un texto a libro, y al libro en mercancía, y la mercancía en objeto difundido, recibido y leído, es decir, el editor unifica todos los procesos que hacen de un texto un libro.

domingo, 17 de octubre de 2010

El túnel interminable

CComo es ya costumbre, suelo leer en voz alta libros a mi hijo. Hago esa lectura por dos razones, la primera, porque me gustan los títulos de estos libros y porque su extensión es muy grande para alguien de siete años; la segunda, creo que es una buena introducción a la lectura, es decir, mi hijo lee sus propios libros, los que son clasificados para su edad, y yo le leo otro tipo de literatura.
      En estos momentos estoy leyéndole Corazón de tinta, de Cornelia Funke, coeditado por el FCE y Ediciones Siruela. Este hermoso libro merece una reseña mucho más interesante y que tendrá que ser para otra ocasión. Hoy mi interés es algo que apunta a la redacción o traducción, como posiblemente será el caso.
      Mientras leía una parte muy interesante respecto a la descripción del villano lo siguiente llamó mucho mi atención:

      –Esa tía con quien vamos, ¿tiene niños? –preguntó mientras atravesaban un túnel interminable.
      –No –contestó su padre–. Y me temo que tampoco le gustan demasiado. Mas, como ya lo he dicho, te llevarás bien con ella.
      Meggie suspiró. Recordaba a algunas tías, y con ninguna se había entendido demasiado bien.
      Las colinas se habían convertido en montañas, las pendientes a ambos lados de la carretera se tornaban cada vez más escarpadas, y en cierto momento las casas no sólo le parecieron extrañas, sino distintas...

      Un problema muy frecuente al momento de redactar –lo digo por experiencia– es cuando queremos poner ciertos matices que den un efecto de fuerza, de cansancio, de miedo, etcétera, a la lectura de un texto y no nos percatamos de lo que estamos escribiendo. Por eso siempre es recomendable dejar reposar un texto el mayor tiempo que se pueda, para tener un distanciamiento al respecto, y leerlo en voz alta. Por otro lado, si por algo se fue el error, están las lecturas que se harán en la editorial.
      En el caso del presente libro, es una traducción, por lo que la traductora debió de tener mucho cuidado con ciertas frases. Sin embargo, entiendo que las 606 páginas del libro pudieron terminar por cansar a la traductora, aunque no la justifico porque el error de redacción está en las primeras cincuenta páginas. Independientemente de eso podemos ser benévolos y aceptar la errata, para eso está todo el equipo editorial, es decir, la corrección de estilo –en cuya lectura tuvieron que notarlo– y las lecturas de pruebas. Como es evidente, en ninguna de estas lecturas se hizo el cambio.
      Supongo que ya muchos habrán notado la peccata minuta pues la resalté desde el nombre de la entrada. Sí. Los "túneles interminables" que en algún momento dejaron de ser interminables para que el narrador nos contara cómo las colinas mutaban en montañas. El error se corrige muy fácil, sólo es necesario poner una expresión adecuada a la comparación: "...preguntó mientras atravesaban un túnel que parecía interminable."
      En fin, hay que recordar que siempre es bueno leer, es decir, hacer una lectura pensada de lo que estamos escribiendo, no nos vayamos a perder en túneles verdaderamente interminables.

viernes, 15 de octubre de 2010

Hay algo que no cambia en el libro

Desde mediados del siglo XV, los procesos de producción del libro impreso movilizan los conocimientos y los procedimientos de todos los que trabajan en el taller tipográfico (editores, correctores, cajistas, prensistas). Irrumpe así, con la multiplicación de manuscritos que descansan en el trabajo de los copistas y difiere de la fabricación del libro en Oriente, en China o en Japón, que hasta el siglo XX ignora el empleo masivo de caracteres móviles al depender del trabajo de los calígrafos, que copian el texto, y del de los grabadores, que los disponen en las planchas de madera que sirven a la impresión. Las técnicas cambian y, con ellas, los protagonistas de la fabricación del libro. Mas permanece el hecho de que el texto del autor no puede llegar a su lector sino cuando las muchas decisiones y operaciones le han dado forma al libro.

Tomado de Roger Chartier, Cultura escrita, literatura e historia, FCE

miércoles, 13 de octubre de 2010

Diccionario editorial: Corrector

Tenía planeado escribir una breve entrada que hablara sobre el oficio del corrector para el llamado Diccionario editorial pero descubrí que el siguiente texto es completo y retrata a la perfección el oficio que tanto amo. Por ello decidí tomar íntegro el texto no sin antes recomendarles visitar la página de Profesionales de la Edición y conocer las actividades que hacen.

El control de calidad de los escritos
ANA LILIA ARIAS

Por lo regular la mayoría de las personas dedicadas a la corrección de estilo llegan a la práctica de esta actividad de manera fortuita y con frecuencia como producto de la improvisación; por lo mismo, es común que tanto quien efectúa esta labor como quien lo solicita desconoce las características mínimas que deben cubrirse.

Este desconocimiento tiene como resultado un escaso valor al trabajo que se desempeña, reflejado en la bajísima retribución económica que suele dársele. Para colmo, todavía hay que añadir el ridículo tiempo que pretende destinársele: «Nomás échale un ojito. Yo ya lo leí y está bien: lo necesito para el lunes», ¡y es viernes!

Con el propósito de esclarecer esta confusión, es importante, en un primer momento, remitirnos a los orígenes etimológicos de las palabras que componen la actividad: «corregir» y «estilo». La primera deriva de las voces latinas cum, que significa cabalmente, conjuntamente; y rigere, que viene de regere, enderezar, conducir derecho, regir, dirigir, gobernar, guiar. (Gómez de Silva, Guido, Breve diccionario etimológico de la lengua española, Fondo de Cultura Económica, México, 1988).

La palabra «estilo», por su parte, es un vocablo cuya primera acepción se refiere al cálamo o estilete con el que los antiguos escribían en las tablillas enceradas; con el tiempo, la palabra adquirió el carácter de «modo peculiar de hacer algo» (Alonso, Martín, Enciclopedia del idioma, Diccionario histórico y moderno de la lengua española (siglos xii al xx), etimológico, tecnológico, regional e hispanoamericano, México, Aguilar, 1988). Por costumbre se le adjudica erróneamente y de manera única a la forma como el escritor presenta sus ideas.

Pero ése es sólo uno de los tres tipos de estilo con los que trabajamos en el ámbito editorial. El estilo del autor o escritor es más conocido como estilística; el de la empresa o institución que edita la obra es más identificado como estilo, norma, criterio o política editorial; y el de la persona que corrige o enmienda lo que el cálamo o estilete hizo mal es la actualmente muy difundida pero poco conocida corrección de estilo.

Con todo y que es una actividad casi tan antigua como la escritura, a la fecha difícilmente encontramos textos específicamente relacionados con su documentación. Hasta donde se tienen noticias, desde el siglo I de nuestra era, Plinio, Séneca, Cicerón y Quintiliano intercambiaban sus escritos para enmendar errores; (Reyes Coria, Bulmaro, «Un habla dura de Cicerón, o un mal rato para don Marcelino Menéndez y Pelayo», Anuario de Letras, 1994, núm. 32, pp. 313-319) sin embargo, la figura más definida de esta labor no la encontramos sino hasta la Edad Media: con el corrigere, el monje copista que, en la tranquilidad del monasterio, indicaba –como ahora– la falta y al margen de la hoja anotaba la corrección.

Se cuenta que cuando la falla no era grave, él mismo raspaba el pergamino y sobre la enmienda volvía a escribir. Hay noticias (Escolar Sobrino, Hipólito, Libros y bibliotecas en la baja Edad Media, 1999, tomado de: La enseñanza en la Edad Media) que detallan que cuando se trataba de una palabra, de una línea o de un párrafo con errores, el corrigere hacía verdaderas obras de arte para hacer los añadidos: escribía las enmiendas al pie de la página y las llevaba al lugar correspondiente por medio de bellas figuras que parecían subir para encuadrar el texto dejado en el tintero (Millares Carlo, Agustín, Introducción a la historia del libro y de las bibliotecas, Fondo de Cultura Económica, México, 1988).

De los libros únicos y variables a los masivos y uniformes

Cuando la profesión de copista salió de los monasterios y de los conventos, gracias al auge de las universidades en los siglos XII y XIII, no sólo se difundió el conocimiento y hubo un cambio de mentalidad, sino también se fomentó una nueva fuente de trabajo: la de los copistas laicos, quienes a partir de entonces se encargaron de reproducir los textos autorizados para los estudiantes más ricos. (Escolar Sobrino, op. cit.)

Al igual que los copistas monacales, los laicos también se especializaron en tareas distintas dentro de la producción de los libros: dominaban todos los estilos caligráficos y escribían con gran rapidez; incluso habían desarrollada la habilidad para escribir con las dos manos. Pero las máquinas todo cambian.

Con la aparición de la imprenta, el proceso de producción de los libros (es decir, de las ideas) se mecaniza. Las universidades empiezan a proliferar y poco a poco se incrementa el número de personas que tienen acceso al conocimiento; como es natural, quienes se desempeñan como correctores son verdaderos sabios: pensadores humanistas que por lo regular imparten las cátedras de gramática y retórica, a la vez que revisan con meticulosidad las pruebas de imprenta de los libros que están por publicarse.

Leer los libros antes de que salgan publicados es una actividad privilegiada. De los personajes más notables que desempeñaron esta labor destacan Erasmo de Rótterdam (patrón de los correctores en cuya fecha de nacimiento se conmemora el día internacional del corrector: 27 de octubre ), Giordano Bruno y el mismo Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana.

Pasar de la manufactura artesanal y manual a la mecanizada, uniforme y repetitiva, con contenido tipográfico en vez de caligráfico, hace que por primera vez se produzcan libros idénticos; pero además obliga a que el tiempo de producción se reduzca sustancialmente. Como dice Marshall Mcluhan, (Mcluhan, Marshall,Comprender los medios de comunicación: las extensiones del ser humano, Barcelona, Paidós, 1996) sin lugar a dudas esos cambios influyeron en una nueva forma de pensamiento y una manera distinta de expresarse. Estamos ante el surgimiento de una nueva sociedad.

En efecto, las sociedades cambiaron junto con los sistemas económicos y de gobierno, pero el trabajo de corrección continuó su confinamiento: si antes lo había sido en los monasterios, en adelante lo continuaría en los talleres de imprenta. Y así permaneció durante siglos, hasta que una nueva revolución tecnológica lo obligaría a salir a la luz; es decir, a editarse, según la etimología del término.

Sin embargo, a diferencia de hace 500 años, los correctores de estilo ahora buscan adaptarse a los cambios tecnológicos y aprovechar la aplicación masiva de la tecnología: la computadora en su caso concreto. Y es que, inverso a la predicción derrotista de quienes hace no más de veinte años anunciaban la desaparición del libro en papel, ahora las publicaciones proliferan; no hay sitio donde no se edite por lo menos un boletín o una revista.

Con todo y ello, pese a que la demanda de las y los correctores de estilo va en aumento, la calidad de las publicaciones decrece y su situación es la más débil de todos quienes intervienen en la especializada cadena productiva de una publicación: desde un volante hasta un libro. Una gran responsabilidad recae sobre este profesional, pero con frecuencia no se le permite intervenir con libertad en su quehacer natural.

Esta contradicción se debe en gran medida al aislamiento e individualismo que el propio trabajo favorece, permitiendo además la improvisación, la competencia desleal de personas ajenas al quehacer editorial, la pésima remuneración, la falta de prestaciones sociales y la sobreexplotación.

Un trabajo de filigrana intelectual

Para uno de los escritores más prolíferos sobre el trabajo de edición, el español José Martínez de Sousa, (Martínez de Sousa, José, Diccionario de tipografía y del libro, Madrid, Paraninfo, 1990.) el corrector «es la persona que dirige, ordena, enmienda y perfecciona una obra de acuerdo con quien la ha producido; aunque esto no siempre es así». Pero, contrario a lo que muchos creen, corregir el estilo no es simplemente leer para hallar fallas ortográficas (eso le compete al lector de galeras o corrector ortotipográfico): corregir estilo es revisar y analizar el documento; es, en ocasiones, traducir en el propio idioma las ideas de quien escribe.

Corregir los originales es un trabajo de filigrana intelectual; por eso es preciso que la persona que corrige esté atenta para detectar y enmendar los posibles errores; buscar la manera de mejorar la redacción de algunas oraciones confusas; añadir alguna explicación o información que complemente los temas tratados, o sugerir alguna supresión que aligere el texto.

Corregir es también vigilar que el escritor o escritora no incurra en inexactitudes o incorrecciones: la persona que corrige sabe que trasladar las ideas a letras y signos es una actividad compleja y distinta a la de la corrección profesional. La primera concierne al proceso creativo y la segunda al de edición.

En este proceso el corrector, desprovisto de la pasión de quien escribe y con la mente puesta por completo en la claridad del documento, cuida tanto de la sintaxis como de la ortografía y de la precisión de las palabras; al mismo tiempo que visualiza la presentación final del escrito, por lo que atiende también la jerarquía tipográfica y demás detalles de edición.

Topografía laboral

El trabajo de corrección de estilo se ejecuta de dos maneras: dentro de la empresa o institución (con contrato base) o de manera externa (donde se incluyen los trabajadores eventuales y los llamados freelance o independientes). Desde esta lógica se entendería que las personas que trabajan bajo contrato gozarían de las prestaciones que marca la ley, a diferencia de quienes prefieren mantenerse de forma independiente; no obstante la realidad no es así.

Según datos de la Cámara Nacional de la Industria Editorial (Caniem), en la última década las personas contratadas han ido en aumento: entre 2002 y 2006 incrementó 18% las contra-taciones; no obstante omite decir que se les emplea por honorarios, sin ningún tipo de presta-ciones y con la obligación de desempeñar el doble y hasta el triple del trabajo que antes hacían; para colmo con el mismo salario de 2002. Como es natural, si ésta es la situación para quienes están respaldados, la de los freelance es todavía peor.

Este escenario nos coloca también ante dos tipos de profesionales: quienes trabajan para una empresa o institución suelen especializarse en la corrección de textos de contenido único –o por lo menos de temas relacionados– convirtiéndose en correctores monotemáticos; al contrario, el trabajador independiente –por la misma necesidad– tiene la posibilidad de corregir textos de contenido diverso. Sin embargo, ambos profesionales se encuentran en el mismo estado de indefensión debido a que ni uno ni otro tiene la certeza de qué es lo que tiene que hacer y si lo está haciendo bien.

Como ya lo hemos señalado, el trabajo de corrección se ha trasmitido de boca en boca, por lo que es común que incluso los editores (que son los que coordinan el proceso de edición) desconozcan la pulcritud de este quehacer. Y, si esto es así en el lugar donde se conoce, es lógico que en los demás ámbitos donde se producen todo tipo de escritos ignoren lo que implica su labor; con todo y que reconozcan que requieren de un profesional de la corrección para ase-gurarse que sus ideas llegarán de manera clara y sencilla a su destinatario.

Por lo mismo, el ámbito de la corrección de estilo es amplio y variado. Puede ir desde una empresa editorial o una institución académica, una revista de divulgación o una científica, un periódico de circulación masiva o uno de comunicación organizacional; puede ser para publicar un libro de texto, una novela o un ensayo; puede ser para corregir material publicitario o de medicina, de química, de física o de ciencias sociales; puede ser también para corregir tesis o para conferencias...

Todas estas variedades la desempeñan personas con algún grado de improvisación y en general con áreas de conocimiento ajenas a las de los contenidos de los materiales que corrigen. Tener una formación académica distinta al documento que se corrige, puede ser un punto a favor ya que se carece de los vicios que en cada disciplina sin querer se van formando y ello ayuda a la objetividad del pensamiento; pero si se combina con la improvisación, entonces sí se convierte en un auténtico problema cuyas repercusiones demeritan sustancialmente la calidad del producto.

Para remediarse, es preciso que el corrector de estilo conozca de técnicas y demás elementos que le permitan revisar profesionalmente los documentos que sometan a su consideración para mejorarlos. Por todo ello la formación de profesionales de la corrección es un proyecto que responde a las necesidades sociales y educativas que los tiempos demandan; necesidades que pretenden subsanarse con los objetivos del diplomado en Corrección profesional de estilo que PEAC organiza.



lunes, 11 de octubre de 2010

Diccionario editorial: Pica o cuadratín

Roberto Zabala Ruiz, en su conocido texto El libro y sus orillas, señala que en México hay una gran confusión entre lo que es una pica y un cuadratín. Roberto Zabala dice que una pica está formada por 12 puntos (4.233mm). Esta unidad se emplea para expresar la medida de la caja tipográfica.
      El cuadratín es una pieza de metal en forma de paralelípedo cuadrado que en su medida se corresponde al cuerpo de la letra, por lo tanto, hay cuadratines de 6 puntos, de 10 puntos, de 12 puntos, etcétera. Respecto al cuadratín, Bulmaro Reyes Coria, en el Metalibro. Manual del libro en la imprenta, dice que su medida es igual a los 12 puntos.
      Independientemente de la diferencia, el cuadratín es la pieza de metal que se pone entre las letras para dejar blancos en lo impreso.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Diccionario editorial: Cuartilla editorial

En la entrada pasada hablé del papel y de un matiz, la cuartilla, sin embargo la cuartilla editorial tiene aspectos muy importantes a la hora de hacer el trabajo, en particular si el editor o el corrector hace freelance. Se imaginan cobrar 30 pesos y no aclarar que es por cuartilla editorial, pasar por el material de trabajo o recibirlo por correo, ver el texto y darse cuenta que la hoja tiene muchos caracteres. Por eso es importante aclarar lo que entendemos por cuartilla editorial.
      La cuartilla editorial (hoja tamaño carta) debe tener lo siguiente:

  • Tipografía de 12 puntos.
  • Interlínea de dos puntos.
  • Familia tipográfica patinada, como la Times (para facilitar la lectura).
  • Los caracteres por renglón sean entre los 55 y los 65.
  • El número de caracteres oscile entre los 28 o 29 renglones.
  • El número de caracteres en promedio por cuartilla sea de 14000 a 1750.
  • Los márgenes (superior, inferior, izquierdo y derecho) tengan una medida de 2cm.
  • Las cuartillas deben estar foliadas o numeradas.
Como se podrán percatar, tener estos datos presentes sí hacen la diferencia.

domingo, 3 de octubre de 2010

Diccionario editorial: Papel

No imagino mi vida escribiendo, o dictando mis pensamientos o corrigiendo un texto en una piedra o en una tablilla. El papel, a mi modo de ver, es la gran revolución en la industria del libro, ya que de éste depende la portabilidad, el tamaño, el precio, o las posibilidades de la creación en la edición. Por eso es importante que los que nos dedicamos a la industria del libro tengamos nociones básicas de tan bella gema.
      En el Diccionario de la Lengua Española el papel, primera acepción, es definido como: "Hoja delgada hecha con pasta de fibras vegetales obtenidas de trapos, madera, paja, etc., molidas, blanqueadas y desleídas en agua, que se hace secar y endurecer por procedimientos especiales." A esta definición yo añadiría un elemento más (ahora que está tan de moda reflexionar sobre asuntos de edición digital), diría que el papel se distingue de cualquier otro soporte gracias a su capacidad de reflejar la luz y permitir una lectura más cómoda. Dada esta breve definición es importante matizar el uso editorial que se hace del papel.

  1. Hoja. Es la unidad del papel blanco. Sus dos caras o páginas son el anverso y el reverso.
  2. Página. Es cada una de las caras de la hoja.
  3. Pliego. Es una hoja grande de papel, extendida o doblada, impresa o en blanco.
  4. Plieguecillo. Es el medio pliego común.
  5. Cuartilla. Cuarta parte de un pliego.
  6. Octavilla. Octava parte de un pliego.
  7. Terno. Conjunto de tres pliegos impresos e insertos unos dentro de los otros.
  8. Cuaderno. Cuatro pliegos metidos unos dentro de otros.
  9. Cuadernillo. Cinco pliegos o la quinta parte de una mano.
  10. Mano. Cinco cuadernillos, vigésima parte de una resma.
  11. Resma. 500 hojas.
  12. Resmilla. 20 cuadernillos.
  13. Bulto. Mil hojas.
  14. Atado. 1500 hojas.
  15. Fardo. 2500 hojas.
Estos son los más comunes, quizá alguien sepa de alguna rareza y su aportación será agradecida. Espero que estos datos sobre el papel les sean útiles.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Diccionario editorial: Partes del libro

Antes de seguir escupiendo conceptos es necesario detenerse en las partes del libro, el objeto de nuestro trabajo. Así que la siguiente descripción se basa en un libro encuadernado a la rústica, es decir, con un forro de cartulina común.
      Primero tenemos la cubierta o primera de forros, en ella se indican el nombre del autor o de los autores, el título y subtítulo, el número de volumen o tomo (si es el caso), nombre de la editorial. Muchos de los datos que se pueden poner en la primera de forros son suprimidos, sin embargo si se ponen en la portada.
      Segunda de forros o reiteración de portada. Por lo general va en blanco, aunque también se puede aprovechar para poner otras obras del autor, títulos de otra colección, etcétera.
      Páginas falsas. Son las dos primeras páginas que suelen ir en blanco.
      Falsa portada, anteportada o portadilla. Es la página 3 y por lo general sólo lleva el título del libro. Si el texto pertenece a una colección o a una serie, se registra aquí el nombre de la misma y el de la persona que la dirige.
      Contraportada o frente-portadilla. Es la página 4, suele ir en blanco aunque también se puede aprovechar para poner el nombre del traductor o del ilustrador, si es el caso.
      Portada. Es la página 5 y contiene los siguientes datos: a) nombre del autor; b) título completo de la obra, y subtítulo; c) nombre y logotipo de la editorial; d) lugar o lugares donde está establecida la editorial; e) si en la página legal no está el año de publicación, aquí puede ir.
      Página legal. Es la página 6 y en ella van todos los datos que por ley debe llevar el libro: a) propietario de los derechos de autor e información relativa a la edición original; b) fecha de publicación; c) nombre y domicilio de la editorial; d) número de ISBN; f) leyenda de impresión (Impreso y hecho en México o Impreso en México). En la página legal también cabe los datos del colofón si éste desea suprimirse.
     Como dato curioso, las primeras seis páginas son conocidas en México como preliminares, en España  y otros países como principios.
      Dedicatoria o epígrafe. Es la página 7. Si no hay esta sección, aquí comienza el texto. Es importante saber que el texto siempre debe empezar en página impar, por ello, si hay existe la sección, entonces la siguiente página debe ir en blanco.
      Índice general, Contenido o Tabla de materias. Es la lista de las divisiones y subdivisiones del libro. En algunas editoriales se estila tenerlo al final.
      Texto. Es el cuerpo escrito del libro.
      Apéndices o anexos.
     Cuadros y material gráfico. Sólo cuando se agrupan total o parcialmente al final de la obra.
     Notas. Sólo si no van al pie de página.
     Bibliografía.
     Vocabulario o glosario.
     Índices analíticos.
     Índices de láminas.
     Colofón. Los datos que van en esta página dependen de las disposiciones legales. Los datos frecuentes son: a) nombre y dirección del impresor; b) fecha en que terminó de imprimirse la obra; c) número de ejemplares.
     Tercera de forros o retiración de contraportada. Es común dejarla en blanco, aunque también se puede utilizar para poner publicidad.
      Cuarta de forros o contraportada. Suele ponerse una presentación o breve reseña del libro, así como datos del autor.

Estás son las partes del libro. Como dato para quienes hacen corrección. Se debe ser muy cuidadoso con las posibles erratas que pueda tener las primeras páginas, desde la primera de forros hasta el índice, sucede lo mismo con el colofón y la contraportada. Porque les digo esto, es muy fácil, el lector que va a una librería será lo primero que vea, así que siempre pongan toda su atención en ello, les aseguro que no les gustará perder un trabajo por no haber revisado con lupa y suficiente detenimiento esas páginas.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Diccionario editorial: Caja

Se llama caja, caja de composición o mancha, al espacio que ocupa la página tipográfica sin los márgenes, en pocas palabras, es la parte impresa de la página, por eso la caja también incluye los folios. El espacio de la caja (su medida es en picas o cuadratines) es ocupado por los renglones de la página que están delimitados por las medidas de ancho y alto de la composición tipográfica.
      Respecto al ancho de la caja, el texto debe ocupar entre el 70 y el 85 por ciento del ancho de la página. El tamaño de la caja comprende el blanco de la cornisa o folio explicativo, también conocido como titulillo.

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Dentro de las minucias que me gusta tener al momento de hacer la corrección de estilo de un texto es fijarme en las cajas. Algunas veces el diseñador no se da cuenta que las cajas no tienen una medida uniforme entre cada uno de los márgenes, esto da como resultado que se vean fantasmas (desconozco si hay un nombre para este efecto en el que la caja de una página se ve arriba o movida respecto de su reverseo) que pueden entorpecer la lectura.

martes, 28 de septiembre de 2010

Diccionario editorial: Colgar

Colgar significa dejar renglones en blanco en la parte superior de la hoja, los que se quiera, y el título o capítulo de una obra. En algunas editoriales es costumbre colgar en un cuarto de la medida de la caja.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Diccionario editorial: Proceso editorial

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Dentro del peregrinar que he hecho buscando trabajo como editor, corrector de estilo o redactor, me he dado cuento de la importancia que tiene conocer las partes del libro, sus procesos y un vocabulario dentro del mundo de la edición, por eso tengo el propósito de hacer pequeñas entradas respecto a estos términos para que esos conceptos estén al alcance de todos. Algunas de estas entradas quizá tengan revisiones y ampliaciones (como todos los diccionarios) pero estoy seguro que no cambiarán mucho dentro de los substancial, por otro lado, si alguien puede hacer sus aportaciones, estaré feliz de incluirlas en las entradas con el respectivo crédito. Me gustaría hacer las entregas por orden alfabético, pero eso es mucho para alguien que también está aprendiendo nuevos conceptos, así que les pido su comprensión respecto al orden. Finalmente, para fines de búsqueda siempre etiquetaré estas entradas como "diccionario editorial" para que así sea más fácil dar con ellas en la nube de metadatos. Sin más, les dejo la primer entrada.


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Proceso editorial
Un proceso son todos y cada uno de los pasos que se necesitan para concluir algo dentro de un tiempo determinado. En el caso de la editorial son los pasos que se dan desde que el autor manda su original y es dictaminado y aprobado por la editorial hasta que está en una librería. Dentro de todo el proceso editorial están los siguientes puntos:

  1. Traducción de originales escritos en otra lengua.
  2. Revisión y cotejo de traducciones.
  3. Revisión de los originales escritos en español.
  4. Anotación tipográfica.
  5. Composición.
  6. Corrección de pruebas de imprenta.
  7. Hechura de forros.
  8. Impresión de interiores y forros.
  9. Encuadernación.

Después iré definiendo algunos de estos conceptos, sin embargo me parece importante iniciar este diccionario, producto de la lectura de varios libros y de mi corta experiencia, porque es indispensable tener esto presente a la hora de hacer un examen. Espero les sirva y nos leemos en la siguiente entrada.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Lo catastrófico del libro en México, las mediaciones

El libro en el mundo es algo que ha cambiado drásticamente desde que empezó la democratización de la escritura. Antes las personas con libros en su casa eran las mínimas, por ejemplo, en el Imperio Romano el gusto por los libros era parte sólo de cierto grupo que se movía en las esferas de poder. Hay que recordar que con los romanos se iniciaron las bibliotecas personales y los libros tomaron más fuerza como arte-objeto. Después de la Revolución Francesa se buscó educar a todas las personas, está idea empieza con al escritura misma. En México, el maestro del pueblo fue Vasconcelos.
      Actualmente, al pensar en los problemas editoriales, es decir, en las estadísticas de lectura, no podemos pasar por alto lo arriba señalado: la democratización de la escritura y del libro son muy recientes, sobre todo en México, con casi cien años de que se inició el proceso. Aunado a este punto, muchos pensamos en la industria del libro y de la lectura como algo con lo que todos deberían estar familiarizados, es decir, el ideal humanista es que muchos lean, cuando la verdad es que es imposible que lea la mayoría, es decir, que todos lean o lean mucho no es factible. Por lo tanto, es un objetivo que no tiene sentido ser propuesto como parte de la promoción a la lectura.
      Para aclarar lo dicho hay que tener en cuenta lo siguiente. En sociedades con elevada escolaridad y muy altos ingresos (Alemania, Francia, Gran Bretaña) el 30 y 35 por ciento de la gente dice que no lee y no quiere leer porque no le gusta ni le interesa. Por lo tanto, debemos pensar que el 30 por ciento de la población no va a leer.
      En México todas las mediaciones son precarias. En primer lugar están las mediaciones cercanas, familia y escuela. Los libros en esta mediación existen o no, sobre todo en la casa. Algunas encuestas señalan que en México sólo el 5 por ciento de los hogares tiene más de 50 libros. Estos datos nos dicen que en el 95 por ciento de los hogares la primer mediación, la familiar, no puede funcionar.
      En segundo lugar está la escuela, la que teóricamente tendría que compensar las deficiencias de la mediación familiar. El 40 por ciento de la población mexicana tiene estudios de primaria incompletos. Esos estudios con los que cuenta esa población, y el resto, es deficiente, sobre todo en el aprendizaje de la lectura, pilar del conocimiento humano. Es decir, la mala calidad de la educación se debe a que la pedagogía casi evita los libros, prefiere aquéllos que no parecen libros, como los libros con imágenes y recuadros y flechas de colores. Para resumir lo dicho se puede concluir que ambas mediaciones primarias son muy precarias.
     Quiero terminar esta pequeña reflexión con unas preguntas: ¿Qué podemos hacer los que leemos para mejorar la calidad educativa de un país? ¿Cómo podemos inculcar el amor a la lectura en los niños, entendiendo que no todos gustarán leer?

Los libros que elegimos y damos a nuestros hijos hablan de lo que queremos para ellos, de lo que hubiéramos querido para nosotros.
Isol

*En presente escrito está basado en la ponencia "Sin catastrofismo ni optimismo fácil" de Fernando Escalante Gonzalbo dictada en el Congreso Internacional del Mundo del Libro 2009.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El observatorio editorial de Jorge Herralde

Una de mis pasiones es leer literatura sobre asuntos editoriales porque es mediante esta lectura que uno puede aprender más de lo que se cree. Mamar de la experiencia de los otros te ayuda a obtener muchas ideas.
      Yo conocía de oído a Jorge Herralde, el fundador de Anagrama, pero hace ya algunos meses mi amiga Norma (también en el twitter) me dijo que revisara sus escritos. Este es el primer libro que compro sobre él. Todo el libro está compuesto por los escritos que Herralde ha hecho para diversas presentaciones. La selección de los textos corresponde a Fabián Lebenglik y está editado en Adriana Hidalgo Editora.
      Debo confesar que el diseño de la portada no me gustó nada. De hecho, en lugar de parecer un libro que tiene los escritos de uno de los editores más respetables del español, creo que el diseño de la portada remite mucho más a un libro sobre tipografía.


Independientemente de la portada el libro es una maravilla. Imaginar el mundo de Herralde al lado de escritores tan importantes, como Roberto Bolaño, es algo de verdad envidiable. Las anécdotas que se encuentran en el libro, como la de su visita a casa de Bukowski o sus experiencias lectoras de los escritores a los que ha publicado, son una verdadera fuente de inspiración.
      Ser editor es saber conjugar tanto la parte económica y la parte literaria. Es en este juego donde Herralde es uno de los grandes maestros. Tenerle fe a los escritos de los autores, esperar que los libros gusten al público lector y que transgredan los límites territoriales de cada país para formar parte de la lengua en la que Cervantes consagró su más importante obra, esa es la visión de Herralde.
      Hay dos textos que me gustaron mucho: "Un día en la vida de un editor" y "Pasajes de la edición en nuestro país". El primero es muy interesante. Herralde nos describe cómo es su vida, desde que se despierta a las nueve de la mañana y hasta que termina a las tres o cuatro de la madrugada. Del segundo, creo que en México nos falta aún entender ciertas cosas respecto a la edición para aproximarnos al mundo del libro que se realiza en España. De "Pasajes de la edición en nuestro país" tomo la siguiente cita, creo que la más atinada para el blog.

      ¿Cómo editar? No hay otra receta que el entusiasmo, la resistencia y el rigor. Forzando acaso el paralelismo, al igual que el escritor consigue ser universal desde lo muy local, pero conociendo a fondo el corpus de la tradición literaria en la se que inscribe, un editor puede asumir el reto de editar para el mundo cuando edita para sí mismo, es decir, según sus propios gustos, pero también siendo muy consciente de su entorno cultural y social en su más amplio sentido. O sea, cuando configura un catálogo coherente, armonioso y "legible" como una obra y que puede ser capaz de generar fidelidad entre los libreros y lectores y convertirse así en el más valioso activo de su capital simbólico. Un leitmotiv que tenemos muy en cuenta [esto lo dice respecto a las políticas de Anagrama].
      Y como resumen un programa, una consigna: la labor de un editor literario no consiste en vender productos sino en descubrir a los mejores escritores de su tiempo y editar libros de la forma más cuidada y exigente posible. Con la esperanza y la obstinación infatigables de convencer a los lectores de que también para ellos son libros necesarios.

      Aunque es un libro que parece que no aporta mucho a los jóvenes editores, a mí me tocó varias ideas que espero pronto poder aplicar.