domingo, 17 de enero de 2010

La inspiración o el eterno copy/paste

Ahora que me encerré a redactar la tesis no dejaba de rondar por mi mente una cuestión que se relaciona con la actividad del escritor y del pensar, el tema de la originalidad. Claro que no me refiero al pensamiento único y que es la idea que revolucionará el mundo. Creo que cualquier estudiante de Letras o de Filosofía sabrá que los problemas siempre son lo mismo, sólo que abordados de otro modo.
Lo que quiero señalar es que muchas veces terminamos escribiendo con una gran serie de citas para darle sustento a nuestro trabajo, se lee un número considerable de autores que han reflexionado sobre el tema y pensamos que eso da sustento a nuestro pensamiento, cuando en realidad se corre el riesgo de no decir nada, de ser un mero glosador. Pero este punto parece no interesarle a la academia, lo que se busca es que sepas sobre el tema, que seas una hermosa enciclopedia especializada sobre determinado tema.
Por otro lado, no todos tienen la capacidad de ser los grandes escritores, de tener esas oraciones profundas, con la unión perfecta de las palabras y el gran estilo que les dota de identidad. Quizá por eso piden que se trabaje de ese modo. Esto me recuerda mucho El perseguidor de Cortázar, ese gran músico acosado, cuestionado y envidiado por el crítico, que busca encasillarlo en los estándares de lo normal, de la moral, de lo ordinario.
Claro que también es posible que no escribamos nada, ya sea porque no encontramos nada nuevo que decir o porque le tenemos miedo a la pluma y la hoja. Pensar por uno mismo parece ser una actividad fuera de lo común, algo que resulta imposible, sobre todo cuando estamos acostumbrados al mundo de la información, a los datos masticados e inmediatos. Leer es la invitación a pensar, a mover las neuronas, a dialogar con nosotros mismos y a cuestionar aquello que nos dicen que es normal, y después a escribir.
            Leer nos permite escribir, y es que al ver cómo es que otras personas han abordado el tema podemos disentir o estar de acuerdo con su reflexión, o bien, nos puede apoyar para tener ciertos elementos que hacen que analicemos el tema con otra perspectiva.
            Para no perder la costumbre de respaldar lo que pienso, les dejo esta cita del gran ensayista Alfonso Reyes:

Hay mal de libros como mal de amores. Quien se entrega a ellos olvida el ejercicio de la casa y la administración de su hacienda. Las noches leyendo, se le pasan de claro en claro y los días de turbio en turbio. Al fin, se le seca el cerebro.
            Y menos mal si da en realizar sus lecturas, y el romanticismo acumulado por ellas lo descarga sobre la vida. Pero falta componer el otro Quijote: la Historia del ingenioso hidalgo que de tanto leer discurrió escribir. Leer y escribir se corresponden como el cóncavo y el convexo; el leer llama al escribir, y este es el mayor y verdadero mal que causan los libros.
            Montaigne se quejaba de que haya pocos autores: la mayoría no son sino glosadores de lo ajeno. Schopenhauer lamenta que sean tan escasos los que piensan sobre las cosas mismas: los más piensan en los libros de otros; al escribir, hacen reproducciones; otros, a su vez, reproducen lo que aquellos han hecho, de modo que en la última copia ya no pueden reconocerse los rasgos del bello Antínoo.
            Tales autores, a imitación de la deidad antigua, no pisan el suelo: andan sobre las cabezas de los hombres; que si tocaran la tierra, aprenderían a hablar.
Alfonso Reyes, Mal de libros

3 comentarios:

Killer wave dijo...

Una vez más concuerdo contigo. Sin lugar a dudas, en algunas ocaciones la academia se esfuerza en constriñir el conocimiento y nos quita las ricas caracteristicas de los humanistas en ciernes, que son la temeridad de decir lo que se piensa, la equivocación y por ende la corrección. Todo esto nos resta herramientas que facilitan el camino al anhelado estado que mencionas: "ser los grandes escritores, tener esas oraciones profundas, con la unión perfecta de las palabras y el gran estilo que les dota de identidad."
Un abrazo

Sr No quiero dijo...

menos es más??

Moisés dijo...

Killer Wave,
Gracias por coincidir en mis comentarios, creo que esta forma de actividad es lo que ha matado a la filosofía, no sé si a las demás carreras, pero por lo menos sí a la filosofía, a esa capacidad de reflexión sobre lo que ya otros han dicho.
Gracias por tus comentarios.
Abrazo.