viernes, 8 de enero de 2010

Laberintos

Buscarte entre libro,
recorrer cada una de sus páginas
tratando de ver cómo es tu cara,
el color de tus ojos,
la forma de tus labios,
tu sonrisa discretamente dibujada,
tu nariz finamente delineada,
buscando así la consonancia perfecta
de tu nombre.

          (Ojeo un libro,
          lo escrito me dice
          con toda la agresividad
          de las palabras,
          que deje de buscarte,
          un grabado –otra manera
          que tiene el oráculo
          de manifestarse–
          plasma a Dante malherido.
          Cierro el libro.)

Recorrer lo escrito en los
libros puede ser tan peligroso
como lo es caminar en
una ciudad perdida.
Interpretar sus calles
algunas veces es como
tratar de leer un mapa
en letra cuneiforme
que tienen como arcilla
a la arena.

Nada importa. Permanezco
de pie, entre esas filas
infinitas de libros.
Es una cita, quizá llegue con la muerte,
quizá con la vida. Eso es
estar entre libros, buscando
palabras como el amor, la
libertad, el ser…

          No es que te busque exactamente
          ahí, pero a todos nos enseñaron
          y nosotros lo reproducimos,
          que en esos hoteles de paso
          te encontraremos y podremos
          decir tu nombre…

No hay comentarios: