martes, 23 de marzo de 2010

Tras la duda

Esto podría ser la reseña de un libro que hace poco leí, pero no será un reseña porque creo que hacer eso es traicionar al autor, lo que sí haré es hablar sobre mis experiencias como lector de la obra en cuestión, una obra que en todo momento nos engaña, lo hace ya desde el título pues qué se puede esperar de alguien que es invisible.
          Hace algunos días concluí mi lectura de la novela Invisible, de Paul Auster, y terminé con un agradable sabor a la vista y al pensamiento. Claro que debo aceptar que la novela tenía sus momentos bastante cansados, otros muy calientes para la mente de un joven perverso, otros en los que uno termina identificándose con el personaje principal. Sí, eso es la novela, momentos en los que uno se siente invisible, tan invisible que se confunde el personaje con el autor o el autor con el personaje.
          Después de que terminé de leer la novela mi mente no dejaba una y otra vez de preguntarse por el título. ¿Por qué Invisible? Aunque parece evidente que lo es por el personaje secundario y sobre quien gira toda la novela (¿eso lo hace el principal?), aún así pensaba que en realidad era algo mucho más complicado. Días posteriores entendí qué era lo que pasaba, comprendí el motivo de mis sospechas: todo es una ficción, uno no sabe quién es el autor, ni sabe los nombres de los personajes porque los personajes son sólo unos nombres inventados para salvaguardar la integridad de los involucrados. Incluso esto que digo es una ficción, que se esconde tras otra ficción. Así, como el truco del mago, como el proceso de la flor al desarrollarse, todo se da mediante aquello que no se ve; y si no se ve, no es; y si no es... Mucho Parménides para estas horas de la noche.
          Perdonen mi forma de tratar el tema, no quiero comprometer al autor invisible de aquellas notas, no es recomendable para nadie, así que si tienen ganas de leer el texto aquí pueden revisar el primer capítulo.

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