miércoles, 28 de julio de 2010

Ventajas del libro-códice en papel vs. libro electrónico

  1. El libro entendido como objeto de diseño gráfico. ¿Cuántas veces nos hemos comprado un libro por el atractivo de su portada?
  2. El libro de papel nos permite ojear y hojear el texto con una rapidez y comodidad que no nos autoriza el libro electrónico.
  3. En el libro-códice podemos ponderar de un vistazo lo que llevamos leído y lo que nos falta por leer. Es cierto que esta información numérica se halla también en la parte inferior o superior de la página electrónica, pero su ponderación es mucho más sensorial e inmediata.
  4. En el libro tradicional el ojo recibe la luz reflejada en la hoja blanca de papel, mientras que en la pantalla electrónica es una luz emitida directamente hacia el ojo, lo que produce una mayor fatiga visual, como saben todas las personas que leen textos en la pantalla de la computadora.
  5. Si el libro recibe un golpe o se cae al suelo no se rompe. [sic.] No ocurre lo mismo con el libro electrónico.
  6. La movilidad de la lectura electrónica depende de una batería, que cuando estamos enfrascados en un episodio apasionante bajo la sombra de un árbol puede exigirnos con su impertinente pitido que lo apaguemos inmediatamente, so pena de quedarnos sin texto. Esto no ocurre con el libro de papel.

Estos son los seis puntos favorables que Román Gubern dictó en su ponencia "La metamorfosis de la escritura" y que se puede encontrar en Congreso Internacional del Mundo del Libro. Memoria, editado por el Fondo de Cultura Económica. En algunos podremos estar de acuerdo, como es el caso de los puntos 1 y 2. Donde difiero es en el punto 6 porque también la lectura de un libro-códice, como lo llama Román Gubern, requiere de la luz. En fin, esta es sólo otra mirada de lo mismo.

martes, 27 de julio de 2010

Editores vs. Escritores

Opiniones de los autores en contra de los editores:

Los editores son hijos del Diablo, para ellos tiene que haber un infierno especial.
Goethe

Vosotros, los macarras, no habléis mal de mis sueños, sin mis sueños no seríais nada.
Céline

A los editores yo los mando, tranquila y dulcemente, al carajo, son una verdadera plaga. [Y añade] Todo se reduce a esta frase, que es imbatible: todos los editores son ricos y todos los escritores son pobres.
García Márquez

Los editores dicen:

Un autor, un escritor lo más frecuente es que no sea un hombre: es una mujerzuela a la que hay que pagar, sabiendo muy bien que está siempre a punto de entregarse a otro; es una puta.
Gaston Galimard

No te extrañe si tu autor es como una mujer encinta en el periodo de salida de su libro, ya que para él se inicia una nueva era; debes saber que tú serás el responsable si el libro no es un gran triunfo, pero hay pocos autores que reconocerán tu leal participación en el éxito.
Ernst Rowohlt

Ten siempre en cuenta el síndrome de los tres meses: a más tardar tres meses después de la salida del libro, el autor constata que el mundo no ha cambiado: tú eres el responsable.
Klaus Wagenbach

Las cartas de rechazo de originales deben ser breves, ya que si no el autor te propinará una respuesta-rio, demostrándote punto por punto que estabas equivocado. En una palabra, que eres un imbécil, aunque esto tú ya lo sabías.
Klaus Wagenbach

* Estos fragmentos fueron tomados de la conferencia titulada "Alegrías y percances de la 'política de autor'" que dictó Jorge Herralde para el aniversario de Fondo de Cultura Económica.

lunes, 19 de julio de 2010

De dónde le viene el valor de verdad al libro

En la conferencia magistral, con motivo de los 75 años del Fondo de Cultura Económica, de Robert Darnton titulada Las bibliotecas y el futuro digital, después de leer las siguientes citas, me surgió una gran duda. ¿De dónde le viene a las personas decir que ciertos libros son verdaderos/correctos/buenos y otros no lo son? ¿Bajo qué parámetros se basan para tener esta axiología del libro?

En el tratado utópico L' An 2240 de Louis-Sébastien Mercier, Mercier se queda dormido y despierta en el París que existirá siete siglos después de su nacimiento (1740), y encuentra una sociedad purgada de todos los males del Ancien Régime. En el capítulo climático del primer volumen, visita la Biblioteca Nacional, seguro de que encontrará miles de volúmenes espléndidamente formados al igual que en la Bibliothéque du Roi bajo el mandato de Luis XV. Sin embargo, para su gran asombro, sólo encuentra un cuarto modesto con cuatro pequeños libreros. ¿Qué le ocurrió a la enorme cantidad de material impreso acumulado desde el siglo XVIII, si en ese entonces ya estaba abarrotando las bibliotecas?, se pregunta. Los quemamos, responde el bibliotecario; 50 mil diccionarios, 100 mil obras de poesía, 800 mil volúmenes de leyes, 1 millón 600 mil libros de viajes y mil millones de novelas. Una comisión de virtuosos eruditos leyó todos los volúmenes, eliminó las falsedades y lo redujo todo a su esencia: unas cuantas verdades básicas y preceptos morales que cupieron fácilmente en los cuatro libreros.
La otra cita, y que tiene mayor fuerza, es el extracto de una carta de Niccolò Perotti, erudito clasicista italiano, a Francesco Guarnerio, escrita en 1471 (casi veinte años después de la invención de Gutenberg):

     Mi querido Francesco, últimamente he alabado la época en que vivimos, por el gran don, en verdad un don divino, de un nuevo tipo de escritura llegada a nosotros recientemente desde Alemania. De hecho, vi a un solo hombre imprimir en un mes todo lo que podrían escribir a mano varios hombres en un año... Fue por esta razón que tuve esperanzas de que dentro de poco tiempo tendríamos una cantidad de libros tan grande que no habría una sola obra que no pudiera ser conseguida, ya fuera por escasez o falta de recursos... Pero –¡ay, pensamientos falsos demasiado humanos!– veo que las cosas resultaron muy diferentes de lo que había esperado. Porque ahora que cualquiera es libre de imprimir lo que guste, usualmente no se toma en cuenta aquello que es lo mejor y en cambio se escriben, como entretenimiento simplemente, cosas que sería mejor olvidar o, peor aún, borrar de todos los libros. Y aun cuando se escriban cosas que valgan la pena, se las tuerce y corrompe hasta el punto en que sería mucho mejor deshacerse de tales libros, en vez de tener mil ejemplares esparciendo falsedades por todo el mundo.
Hay dos tipos de censura: la personal y la política. La primera se da cuando al ir a una librería decidimos no comprar un libro, porque no nos llama la atención o porque en ese momento no es lo que estamos buscando; es posible que también lo censuremos al enfrentarnos a las primeras páginas y lo desechemos inmediatamente. Esta censura, este nivel axiológico personal, donde decimos que determinado libro es bueno o malo, parece inofensiva. Digo que parece porque mucho de su amplitud dependerá del tipo de autoridad que se es, por ejemplo, un maestro. Un profesor que dice que un libro es malo está creando un prejuicio en sus alumnos y de cierta manera hará que no lean el texto mencionado. Lo contrario sucede cuando se alaba un texto.
      La segunda manera de censurar un libro es mediante los argumentos del estado o cuando un grupo de poder afirma que determinado libro es malo, fomenta ideas erróneas e incita al libertinaje, por ejemplo. De esto a la quema de libros la historia nos ha demostrado que sólo falta el fuego. Podría seguir hablando sobre esto pero no quiero agotar el tema para una entrada especial por eso me enfocaré en lo siguiente:
      De entrada, el valor de verdad que puede tener un libro es subjetivo y le corresponde inmediatamente al lector. Es mediante la lectura que tiene un lector como él infiere si le es útil, si le aporta algo (aunque sea placer) o todo lo contrario. De esa utilidad que el lector encuentra en el libro es como afirma si es bueno o no. A esto le sigue la recomendación o la condena: "No leas ese libro porque es malo", "Ese libro va contra lo que nuestra religión profesa" y así se puede seguir con los ejemplos.
      Los libros no son ni buenos ni malos porque en ellos sólo hay ideas. Se puede estar de acuerdo o no con las ideas y se pueden apoyar y fundamentar las ideas o se pueden contra argumentar o replicar una idea; pero no censurar. Quiero terminar mi comentario diciendo que hasta de los peores libros podemos obtener conocimientos.

martes, 6 de julio de 2010

Cotidianidad

Durante mis años de estudio en la Facultad de Filosofía y Letras uno de mis filósofos de cabecera era Martin Heidegger. Éste filósofo alemán, repudiado por muchos debido a que participó con el Reich y que pretendía ser der Führer der Führer, instauró uno de los temas olvidados de la filosofía: lo cotidiano. Olvidado porque las reflexiones pasadas la condenaban al destierro, ya que de lo cotidiano, de lo que siempre está cambiando, nada se puede aprehender. Así, Heidegger hizo de lo cotidiano un existenciario, una parte importante para entender la analítica del Da-sein.
      A lo que quería llegar con toda esa pequeña introducción es que cuando era la hora de entregar el ensayo final para pasar la respectiva materia yo estaba lleno de confusiones, tanto por la filosofía de Heidegger y porque no sabía si escribir cotidianeidad o cotidianidad (con eso de que en filosofía suele haber palabras muy extrañas). Hoy, al leer la Suma de minucias del lenguaje de José G. Moreno de Alba aprendí que lo correcto es cotidianidad. Esto se debe al siguiente motivo:

El sufijo -idad se manifiesta en las voces derivadas mediante los distintos alomorfos (variantes del morfema que tienen significado idéntico): -ad (amistad), -aldad (frialdad), -dad (bondad), -edad (ansiedad), -idad (suavidad), -tad (pubertad). Este sufijo da lugar a sustantivos abstractos que indican cualidad, acción o conducta. De todos los sufijos mencionados anteriormente, el más frecuente es -idad.
      De los sustantivos derivados en -idad, en su mayoría son morfológicamente regulares, pese a ello hay sus excepciones, como es el caso de la terminación -ble de los adjetivos primitivos que termina transformado en -bil-: amable-amabilidad.
      Otro caso es el de los diptongos que se monoptongan: nuevo-novedad. Tampoco faltan los cultismos que preservan la forma latina: infiel-infidelidad (latín infidelitas).
      Existen pocos adjetivos españoles terminados en -eo que cuando forman el derivado conservan la vocal e y añaden el sufijo -idad, por ejemplo: simultáneo-simultaneidad, espontáneo-espontaneidad, homogéneo-homogeneidad, idóneo-idoneidad, corpóreo-corporeidad...
      Finalmente, en el caso del adjetivo cotidiano, con terminación en -o, debe escribirse cotidianidad, ya que no termina en -eo y por ello no va cotidianeidad.

Espero el breve resumen de la entrada COTIDIAN(E)IDAD, FEMIN(E)IDAD del citado libro sea tan clara como a mí me resultó la lectura.

domingo, 4 de julio de 2010

Nuevas libretas

Desde mi perspectiva hay tres cosas indispensables dentro de mi vida: tener un libro a la mano, una pluma o un lápiz, y una libreta. Sin estos tres instrumentos todo lo que hago sería tan normal y sin ninguna gracia que no podría decir que me llamo Moisés. Aunque debo confesar una cosa, para mí la libreta es indispensable, debe de llamarme mucho la atención; lo mismo me pasa con las plumas, no con cualquiera escribo. De los libros, no hay mucho que agregar. Se lee lo que se puede. Pero bueno, regresando al motivo de esta breve entrada quería decirles que hace unos días escribí un cuento con el que la Moleskine se termino, eso me pone muy contento, siempre estrenar algo me da un sentimiento muy particular, para mí es como una partícula diminuta de polvo y esperanza. En este caso, una libreta nueva es la posibilidad del fin de un ciclo, de seguir creando, de luchar letra a cuerpo con el vacío. Mis ideas estarán ahora esparcidas en una serie de libretas de MOMA, libretas que me trajo una amiga y que ya tenían sus meses en mi librero a la espera de que la tinta sea esparcida por cada una de sus hojas. Buena suerte tengan las hojas, espero que no sean un desperdicio. Gracias Aura por tan bonito detalle.

viernes, 2 de julio de 2010

Una anécdota

Se dice que cuando Thomas Nashe, en su traducción de Villon, había escrito:

a brighhtness falls from her hair
[un resplandor sale de su cabello]

y fue cuando el impresor isabelino se equivocó y escribió:

a brighhtness falls from the air
[un resplandor sale del aire]


lo que ha hecho a este verso uno de los de mayor importancia dentro de la poesía de la lengua inglesa.