lunes, 30 de agosto de 2010

Cómo me deshice de quinientos libros

Hace varios años leí un ensayo de no recuerdo qué autor inglés en el que éste contaba las dificultades que se le presentaron para deshacerse de un paquete de libros que por ningún motivo quería conservar en su biblioteca. Ahora bien, en el curso de mi existencia he podido observar que entre los intelectuales es corriente oír la queja de que los libros terminan de sacarlos de sus casas. Algunos hasta justifican el tamaño de sus mansiones señoriales con la excusa de que los libros ya no los dejaban dar un paso en sus antiguos departamentos. Yo no he estado, y probablemente no lo estaré jamás, en este último extremo; pero nunca hubiera podido imaginar que algún día me encontraría en el del ensayista inglés, y que tendría que luchar por desprenderme de quinientos volúmenes.
      Trataré de contar mi experiencia. De pasada diré que es probable que esta historia irrite a muchos. No importa. La verdad es que en determinado momento de su vida o uno conoce demasiada gente (escritores), o a uno lo conoce demasiada gente (escritores), o uno se da cuenta de que le ha tocado vivir en una época en que se editan demasiados libros. Llega el momento en que tus amigos escritores te regalan tantos libros (aparte de los que generosamente te pasan para leer aún inéditos) que necesitarías dedicar todos los días del año para enterarte de sus interpretaciones del mundo y de la vida. Como si esto fuera poco, el hecho es que desde veinte años mi afición por la lectura se vino contaminando con el hábito de comprar libros, hábito que en muchos casos termina por confundirse tristemente con la primera. Por ese tiempo di en la torpeza de visitar las librerías de viejo. En la primera página de Moby Dick Ismael observa que cuando Catón se hastió de vivir se suicidó arrojándose sobre su espada, y que cuando a él le sucedía hastiarse, sencillamente tomaba un barco. Yo, en cambio, durante años tomé el camino de las librerías de viejo. Cuando uno empieza a sentir la atracción de estos establecimientos llenos de polvo y penuria espiritual, el placer que proporcionan los libros ha empezado a degenerar en la manía de comprarlos, y ésta a su vez en la vanidad de adquirir algunos raros para asombrar a los amigos o a los simples conocidos.
      ¿Cómo tiene lugar este proceso? Un día está uno tranquilo leyendo en su casa cuando llega un amigo y le dice: ¡Cuántos libros tienes! Eso le suena a uno como si el amigo le dijera: ¡Qué inteligente eres!, y el mal está hecho. Lo demás ya se sabe. Se pone uno a contar los libros por cientos, luego por miles, y a sentirse cada vez más inteligente. Como a medida que pasan los años (a menos que se sea un verdadero infeliz idealista) uno cuenta con más posibilidades económicas, uno ha recorrido más librerías y, naturalmente, uno se ha convertido en escritor, uno posee tal cantidad de libros que ya no sólo eres inteligente: en el fondo eres un genio. Así es la vanidad ésta de poseer muchos libros.
      En tal situación, el otro día me armé de valor y decidí quedarme únicamente con aquellos libros que de veras me interesaran, hubiera leído, o fuera realmente a leer. Mientras consume su cuota de vida, ¿cuántas verdades elude el ser humano? Entre éstas, ¿no es la de su cobardía una de las más constantes? ¿A cuántos sofismas aludes diariamente para ocultarte que eres un cobarde? Yo soy un cobarde. De los varios miles de libros que poseo por inercia, apenas me atreví a eliminar unos quinientos, y eso con dolor, no por lo que representaran espiritualmente para mí, sino por el coeficiente de menor prestigio que los diez metros menos de estanterías llenas irían a significar.
      Día y noche mis ojos recorrieron una y otra vez (como decían los clásicos) las vastas hileras, discriminando hasta el cansancio (como decimos los modernos). ¡Qué increíble cantidad de poesía, qué cantidad de novelas, cuántas soluciones sociológicas para los males del mundo! Se supone que la poesía se escribe para enriquecer el espíritu; que las novelas han sido concebidas, cuando menos, para la distracción; y aún, con optimismo, que las soluciones sociológicas se encaminan a solucionar algo. Viéndolo con calma, me di cuenta de que en su mayor parte la primera, o sea la poesía, era capaz de empobrecer el espíritu más rico, las segundas de aburrir al más alegre y las terceras de embrollar al más lúcido. Y no obstante, qué consideraciones hice para descartar cualquier volumen, por insignificante que pareciera. Si un cura y un barbero me hubieran ayudado sin yo saberlo, ¿habrían dejado en mis estantes más de cien? Cuando en 1955 visité a Pablo Neruda en su casa de Santiago me sorprendió ver que escasamente poseía treinta o cuarenta libros, entre novelas policiales y traducciones de sus propias obras a diversos idiomas. Acababa de donar a la Universidad una cantidad enorme de verdaderos tesoros bibliográficos. El poeta se dio ese gusto en vida; único estado, viéndolo bien, en el que uno se lo puede dar.
      No haré aquí el censo de los libros que estaba dispuesto a desprenderme; pero entre ellos había de todo, más  o menos así: política (en el mal sentido de la palabra, toda vez que no tiene otro), unos 50; sociología y economía, alrededor de 49; geografía general e historia general, 3; geografía e historias patrias, 48; literatura mundial, 14; literatura hispanoamericana, 86; estudios norteamericanos sobre literatura latinoamericana, 37; astronomía, 1; teorías del ritmo (para que la señora no se embarace), 6;  métodos para descubrir manantiales, 1; biografías de cantants e ópera, 1; géneros indefinidos (tipo Yo escogí la libertad , 14; erotismo, ½ (conservé las ilustraciones del único que tenía); métodos para adelgazar, 1; métodos para dejar de beber, 19; psicología y psicoanálisis, 27; gramáticas, 5; métodos para hablar inglés en diez días, 1; métodos para hablar francés en diez días, 1; métodos para hablar italiano en diez días, 1; estudios sobre cine, 8; etcétera.
      Pero esto constituía nada más el principio. Pronto descubrí que eran pocas las personas que querían aceptar la mayor parte de los libros que yo había  comprado cuidadosamente a través de los años perdiendo tiempo y dinero. Si bien esto me reconcilió algo con el género humano al descubrir que el mero afán de acumular no era una aberración tan generalizada, me causó las molestias consiguientes,  por cuanto una vez decidido a ello, deshacerme de esos libros se convirtió en una necesidad espiritual apremiante. Un incendio como el de la Biblioteca de Alejandría, al que están dedicados estos recuerdos, es el camino más llano, pero resulta ridículo y hasta mal visto quemar quinientos libros en el patio de la casa (suponiendo que la casa lo tuviera). Y se acepta que la Inquisición quemara gente, pero la mayoría se indigna de que quemara libros.  Ciertas personas aficionadas a estas cosas me sugirieron donar todos esos volúmenes a tales o cuales bibliotecas públicas; pero una solución tan fácil le restaba espíritu aventurero al asunto y la idea me aburría un poco, además de que estaba convencido de que en las bibliotecas públicas serían tan inútiles como en mi casa o en cualquier otro sitio. Tirarlos uno por uno a la basura no era digno de mí, de los libros, ni del basurero. La única solución eran mis amigos. Pero mis amigos políticos o sociñólogos poseían ya los libros correspondientes a sus especialidades, o eran enemigos de ellos en gran cantidad de casos; los poetas no querían contaminarse con nada de contemporáneos suyos a quienes conocieran personalmente; y el libro sobre erotismo era una carga para cualquiera, aun despojado de sus ilustraciones francesas.
      Sin embargo, no quiero hacer de estos recuerdos una historia de falsas aventuras supuestamente divertidas. Lo cierto es que de alguna manera he ido encontrando espíritus afines al mío que han aceptado llevarse a sus casas esos fetiches, a ocupar un lugar que restará espacio y oxígeno a los niños, pero que darán a los padres la sensación de ser más sabios e incluso la más falaz e inútil de ser los depositarios  de un saber que en todo caso no es sino un repetido testimonio de la ignorancia o la ingenuidad humanas.
      Mi optimismo me llevó a suponer que al terminar estas líneas, comenzadas hace quince días, en alguna forma justificaría cabalmente su título; si el número de quinientos que aparece en él es sustituido por el de veinte (que empieza a acortarse debido a una que otra devolución por correo), ese título estaría más apegado a la verdad.

Augusto Monterroso, "Cómo me deshice de quinientos libros", Movimiento perpetuo.

domingo, 29 de agosto de 2010

El elefante encadenado

Hace tiempo mi hijo tenía metido en su cabeza que no podía hacer las cosas, para todo lo que le pedía me decía que no podía, que era muy difícil. Bajaba su mirada y con una voz temblorosa me decía que no era como yo. Después de que escuché eso pensé que posiblemente estaba exigiendo más cosas de las que mi hijo puede hacer. Posteriormente, observé mi comportamiento y lo que le pedía a mi hijo. Así fue como descubrí que en verdad él estaba poniendo trabas a las cosas, que él no quería o no podía hacerlas. Para no molestarlo y estar hablando con él sobre el tema decidí llevarlo a la librería y buscar algo que me permitiera tratar de que él razonara sobre lo que estaba haciendo. Fue así como compramos el libro ilustrado, El elefante encadenado de Jorge Bucay.
      Debo confesar que el libro me encanta. Las ilustraciones no tienen nada de espectacular, son sencillas pero ilustran a la perfección las ideas del texto, es decir, son un apoyo visual para que el niño logre comprender lo que se está diciendo, aunque también se corre el riesgo de que el niño disminuya su capacidad de imaginación. La tipografía es la pertinente para los pequeños lectores, tiene un cuerpo bastante grande y que facilita la lectura. Finalmente, el empastado asegura que dure varios años a la lectura constante de los niños, aunque de seguro no será algo que un niño deseará leer a cada rato.
      Para concluir esta pequeña entrada quiero decirles que hoy en la mañana desperté, me dirigí al librero, saqué el libro y lo leí. Lo leí para mí, no para mi hijo, lo leí porque son momentos complicados. Lo leí porque me gustaría, algunas veces me gustaría pensar que la esperanza existe.


miércoles, 25 de agosto de 2010

Máximas para la corrección o revisión de un texto

  1. El corrector de un texto original debe hacer una lectura cuidadosa, es decir, el revisor tiene que comprender el contenido de la obra y cerciorarse de que la obra tenga una armonía entre las partes que la componen.
  2. Cualquier cambio importante que el corrector sugiera deberá consultarse o con el editor o con el autor.
  3. El corrector no debe reescribir un texto, ese no es su trabajo.
  4. Es muy importante que en un texto literario el corrector evite quitar o cambiar lo que él considera vicios de la escritura, es decir, eliminar los gerundios, los adverbios terminados en -mente, la conjunción que, neologismos, frases del habla cotidiana; así como hacer una corrección porque determinada palabra no le gusta. Este tipo de corrección no va acompañada de una reflexión acerca del contenido y la experiencia textual.
  5. Todo el texto es una secuencia de ideas. El revisor verifica que una idea sea consecuencia o extensión de la precedente.
  6. El respeto por el estilo del autor es más obligatorio cuando se trata de textos de creación (narrativa, poesía, ensayo literario) y más cuando el autor es un conocedor de su lengua.
  7. Es muy importante que el corrector no busque justificar su trabajo haciendo una hipercorrección. La buena revisión no obliga a hacer numerosas y aparatosas correcciones, incluso una página libre de correcciones puede ser el resultado de una buena corrección.

domingo, 22 de agosto de 2010

Punto y coma

[El punto y coma] es bastante más joven que la coma, empleada desde el siglo XIII, en la forma de la vírgula suspensiva [ / ]; en el XVI se bajó a la parte inferior del renglón y asumió su actual forma curva, más pequeña. El punto y coma, por otro lado, fue invento del impresor italiano Aldus Manutius hacia finales del siglo XV o principios del XVI. De allí pasó a Inglaterra alrededor de 1560, y después se propagó al resto de Europa. Así vemos que el punto y coma tiene unos 300 años menos que la coma. ¡Un jovencito, en comparación!

Tomado, literalmente, de Redacción sin dolor, el blog

viernes, 20 de agosto de 2010

Cielo del perezoso

Estoy encantado de leer una y otra vez el libro que me regaló mi amigo Daniel Téllez. Varios son los motivos de mi emoción. En primera, su poesía requiere de una lectura atenta y sesuda, por ello considero que su poesía nos es para cualquier lector. Los referentes son muchos y la investigación que el lector debe realizar es bastante, incluso esto se nota en el uso del lenguaje porque siempre se encuentra una palabra nueva o una conocida pero ya olvidada. Este tipo de poesía, como la de Calderón de la Barca, son de aquellas que más disfruto. El otro elemento que me agradó mucho del libro es el que iré deconstruyendo a continuación:


El juego tipográfico que hay en la portada, pese a que pertenece a la Colección Reino de Nadie, está muy hermanada con la propuesta poética que presenta Daniel Téllez. El diseño de portada me recuerda a un tablero de ajedrez que ha tenido transmutaciones, que se ha visto desgastado por el uso y la costumbre. Leer el primer poema (tonada sobre el rapapolvo) me recordó al título del poemario, sus letras dando la sensación de una caída.


Todo el libro es una unidad y eso lo sabe Daniel, no rompió la unidad en la dedicatoria, y también lo sabe su editor. Como decía antes, Cielo del perezoso no es una lectura que cualquiera puede hacer, de hecho no es una lectura apta para perezosos. Tengo la certeza de que serán los primeros en cerrar el libro.


La edición está cuidada hasta en los más mínimos detalles. Nunca se rompe la estructura del tema de toda la obra. Es por ello que la edición se ve obligada a romper con el diseño normal de un libro. Esto se comprueba en los folios, los cuales se encuentran ubicados en la página non (imagen superior). Otro espacio que muestra esta unidad del libro y del tema es el colofón (imagen siguiente).


En conclusión, si van a una librería y ven Cielo del perezoso, no duden en comprarlo. Es un libro valioso por su calidad editorial, la cual está hermanada con la unión del poemario y de sus temas, así como por la profundidad y lo agudo de la poesía de Daniel Téllez. Además, leer poesía que nos obliga a pensar y a reflexionar cada palabra, es siempre un verdadero alimento para la vista.

Un aporte más de la edición. Está impreso en offset y está cosido. Ambos elementos aseguran una impresión para la posteridad.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Crestomatía o el día en que televisa nos pretende educar

Hace ya algunos días me encontraba en la sala de espera de un consultorio mientras mi hijo estaba en terapia. Cansado de estar sin hacer nada traté de leer o localizar algo interesante entre las muchas revistas que tienen en una mesa, sin embargo lo que en verdad llamó mi atención fue lo que vi en la televisión. Por primera vez un canal de Televisa lograba atrapar mi atención y educarme, al menos eso era lo que ellos pensaban. Sí. Al menos esa era su intención cuando estaba viendo el programa recreativo y de chismes de la mañana, que sigue siendo tan vacío y falto de contenido como las operaciones de las mujeres que conducen el mencionado programa.
      Lo que llamó mi atención fue la palabra crestomatía en una cápsula o recorte de una nota sobre una artista que en ese momento conocí. La pregunta del millón es ¿por qué los de Televisa utilizan esa palabra para remitir a un hecho pasado? Con la finalidad de respaldar aquello que dicen los editores del programa ponen un fragmento de grabación y en un recuadro inferior la palabra crestomatía, ¿acaso eso les da autoridad en lo que dicen?, más allá de esa pregunta, ¿tiene alguna relación con la educación?
      Me siento temeroso de pensar que los hombres de negro pretenden educarme y hacerlo con los muchos miles de mexicanos que seguramente ven su programa. Aunque por otro lado, lo que los de Televisa están haciendo es darme la oportunidad de hablar de la semántica. Crestomatía es una palabra que el Diccionario de la lengua española define como "colección de escritos selectos para la enseñanza".
      Dada la presente definición es indiscutible que la palabra crestomatía es mal empleada por los doctísimos redactores de espectáculos. Por otro lado, lo que quizá veamos en algunos años es la transformación semántica de la palabra, quizá para unos cien o doscientos años crestomatía sea definida como "el conjunto de recortes de los videos que sustentan la verdad de un argumento".

lunes, 16 de agosto de 2010

Impresión al instante

He quedado boquiabierto al ver este video, lo saqué de un blog del que soy un lector recurrente.

En el video verán un modelo de imprenta que es muy atractivo. ¿Qué es lo que se supone que vende esta modalidad de impresión? Rapidez. El modelo es de una imprenta digital en donde en una sola línea se realiza todo el proceso de impresión. Incluso vemos como están encuadernando el libro.

¿Cuáles son las ventajas? En primera, las editoriales grandes pueden tener un número pequeño de libros para las presentaciones o se puede ir imprimiendo conforme a demanda. ¿Qué es lo que se pierde con la impresión digital? Durabilidad. La tinta no se impregna en el papel y sólo queda una placa de pintura sobre éste. Hay otros factores que se pueden leer aquí, sin embargo el más importante es que la calidad es inferior y el costo no es tan bajo como parece.

martes, 10 de agosto de 2010

Sobre la imprenta

Hay muchas cosas que los editores o los correctores desconocemos del mundo del libro, una de ellas es lo relacionado con la imprenta pues esta parte de la producción del libro está mucho más enfocada a los diseñadores. Eso hizo que tomara el Taller de herramientas de impresión para editores impartido por el Maestro Humberto Guerra y por la impresora Sandra Mejía. Lo que leerán a continuación es el resumen de esas horas de clase sobre lo que es la impresión en offset y la impresión digital.
      Lo primero que el editor debe saber cuando está realizando un proyecto editorial es que para imprimir en cualquiera de estas dos modalidades depende de lo que se quiere, del tiempo y (lo más importante) del dinero.

Impresión en offset
El libro modelo es el que tiene una medida de media carta (14 x 21cm) con una extensión de 120 páginas. Para ver qué medida de pliego se necesita es necesario hacer los cálculos dividiendo el pliego entre las medidas deseadas. 
Medidas del pliego:
  • 57 x 87
  • 70 x 95
  • 61 x 90
  • 71 x 102

Formación página por página.
Así, si tenemos un pliego de 57 x 87cm veremos que la medida de nuestro libro debe ser de 14 x 21.7 cm y que nos saldrán 32 páginas por pliego. Otra cosa que se tiene que considerar es el papel, el más utilizado es de 75g, 90g o 120g porque ofrecen la opacidad suficiente. Una vez que se tiene lo pasado en cuenta, se hace el cálculo del papel que se ocupará. Aquí lo importante es que se aproveche al máximo el papel y que no se dejen sobrantes ya que las imprentas cobran por todo y ellos son los beneficiados. Así que, decía que el libro modelo es de 120 páginas y para calcular cuántos pliegos necesitamos se debe dividir 120 entre 32, lo que da como resultado 3.75. Como se debe aprovechar todo el papel hay que redondearlo a 4 pliegos para que se tenga un libro de 128 páginas. Esas ocho páginas de más hay que utilizarlas porque se están pagando, así que ahí podemos meter publicidad, blancas o dedicatorias.
      La impresión debe ser a una tinta: negro (también conocida como impresión de línea) ya que ofrece todas las tonalidades del color. Es importante saber que la impresión a una tinta va con cualquier color (verde, negro, amarillo) y cuestan lo mismo. Los atributos gráficos es preferible que sean sencillos: pantallas, degradados, viñetas y fotografías en medio tono. Ojo, el medio tono no se cobra más caro que el texto. Para el offset, en cuestión de tirajes, lo mejor es que sean mayores a los 500 ejemplares. La regla es que entre más cantidad, más económico. Las características de una portada sencilla son: selección de color, sin pestaña/solapas, en cartulina couché de 300g, pegado en hot melt y laminado brillante.  Muchos piensas que los libros, sin importar el número de páginas, deben ir cosidos, sin embargo, el cosido depende del número de páginas.

En preprensa, viendo los plotter.
CARACTERÍSTICAS Y TIEMPOS
  • Para un tiraje igual o mayor a los 500 ejemplares.
  • Tiempo de producción: 10 días a partir de que comienza el proceso.
  • Formación de interiores y portada (preprensa -separación de colores y formación del pliego): 1 día.
  • Pliegos y portada en plotter (4 pliegos en plotter, 32 páginas por pliego de 57 x 87 cm; 1 pliego en plotter para portada) para autorización: 2 días. Esto sirve para tener un porcentaje de aproximación al producto final.
  • Salidas a placas o negativos: 1 día. Siempre hay que tratar de recuperarlos.
  • Supervisión de preprensa:
    • Secuencia de folios, alineación de cajas, atributos gráficos (cornisas, pantallas, viñetas, fotografías, etcétera).
    • Revisión de todo lo que sale del cuerpo del texto.
    • Revisión aleatoria del cuerpo de texto.
    • La máquina de placas. Vista completa.
    • No se revisan atributos de calidad de impresión.
  • Revisión de portada:
    • Texto.
  • Autorización, con correcciones (siempre y cuando no se mueva la foliación): 2 días.
  • Sin autorización, debido a nueva formación. Acuerdo para revisión.
  • Impresión: de 1 a 3 días. El tiempo depende de la programación en preprensas y de los turnos de trabajo.
  • Acabados: de 2 a tres días.
    • Doblado.
    • Alce o compaginación.
    • Recolección.
    • Encuadernado: pegado, engrapado, wireo.
    • Retractilado.
    • Empacado (cajas, paquetes: establecer tamaños y cantidades).
  • Supervisión final:
    • Abrir las cajas para revisar el producto.
    • Revisión de entrega y herramientas de negociación con el impresor por si algo sale mal:
      • Calidad de impresión.
      • Casado de cajas.
      • Pegado y encuadernado.
      • Sobrantes de impresión.

Placas y tipografía.
Impresión de la placa.
VENTAJAS
  • Para impresiones iguales o mayores a 500 ejemplares el costo unitario disminuye a medida que aumenta el número de ejemplares.
  • Acepta cualquier tipo de papel de casi cualquier gramaje tanto en portada como en interiores.
  • La tinta penetra en la textura y se puede obtener mayor calidad estética tanto en interiores como en forros.
  • El terminado de cuadernillos permite un acabado duradero con muy buena adherencia a los forros.
  • En caso de reedición se tiene avanzado lo relativo a la preprensa, eso si no hay cambios.

Las famosas impresoras Heidelberg.
DESVENTAJAS
  • Para impresiones menores a 500 ejemplares, el costo unitario aumenta considerablemente a medida que disminuye el número de ejemplares.
  • El proceso es lento y cualquier falla puede causar interrupciones.
  • El trabajo en cuadernillos condiciona el número de páginas.
  • Las modificaciones futuras causan trabajo y honorarios. Los cambios originan problemas de calidad.


Impresión digital
  • Para tirajes iguales o menores a 500 ejemplares.
  • Tiempos de producción: 3 a 6 días. La ventaja de la impresión digital es que hay un ahorro de tiempo.
  • Preprensa: formación de páginas y formación de la portada, 1 día.
  • Autorización sobre un ejemplar completo con terminado final: 1 día. Ojo, ellos ofrecen un libro terminado para hacer autorizar el tiraje.
  • Revisión de interiores:
    • Secuencia de folios, alineación de cajas, atributos gráficos.
    • Revisión de todo lo que sale del cuerpo de texto.
    • Una gran ventaja, desde el libro que dan para autorizar se revisan los atributos de calidad de impresión.
  • Revisión de portada:
    • Textos, ilustraciones, fotografías, colores, cartulina, etcétera.
    • Se revisan atributos de calidad de impresión (ventaja arriba señalada).
  • Autorización general con errores: 1 día.
  • Sin la autorización: 1 o 2 días.
  • Impresión y acabados: 1 a 4 días.
    • Esto depende del tiraje y la premura. El sistema digital ofrece ejemplares en 1 día.
    • El material sale compaginado de la impresora.
    • El guillotinado es mínimo, aunque es bueno saber si esto se hace en la imprenta o se manda a otro lado.
    • La recolección es más rápida.
    • Encuadernado, pegado, engrapado, wireo. (La mayoría de los libros que se imprimen en digital son pegados).
    • Retractilado.
    • Empacado.
  • Revisión de entrega y herramientas de negociación. (Son las mínimas, el editor es responsable en todo el proceso de impresión).
    • Calidad de impresión.
    • Casado de cajas.
    • Pegado y encuadernado.
VENTAJAS
  • Aunque el costo unitario es alto, la inversión es menor que en tirajes mayores a los 500 ejemplares.
  • En tiempos mínimos hay ejemplares.
  • No hay cuadernillos, por lo tanto, no se necesita el ajuste de pliegos.
  • Los libros que son de puro texto tienen mayor calidad que los libros con ilustraciones.
  • Pueden hacerse modificaciones donde no hay ningún costo, debido a que no hay placas o negativos.
DESVENTAJAS
  • Formatos determinados, es decir, el papel tiene que ser el estándar: bond o cultural de 90 g. Tinta color negro para interiores. Cualquier cambio aumenta el costo.
  • En forros: utilizan cartulina de 250 o 300 gramos. Si se quiere utilizar cartulinas con textura, la tinta no se fija.
  • La calidad de impresión nunca será como en la offset, sobre todo cuando hay varios atributos gráficos pues lo que se obtiene es una impresión como de fotocopiadora.
  • Laminados, suajado, dobleces de solapas, en general se hacen manualmente, lo que disminuye la cantidad.
  • No hay ejemplares de sobra.
Finalmente, les dejo un video para que vean la impresora, que por cierto, es toda una máquina fotocopiadora.