domingo, 29 de agosto de 2010

El elefante encadenado

Hace tiempo mi hijo tenía metido en su cabeza que no podía hacer las cosas, para todo lo que le pedía me decía que no podía, que era muy difícil. Bajaba su mirada y con una voz temblorosa me decía que no era como yo. Después de que escuché eso pensé que posiblemente estaba exigiendo más cosas de las que mi hijo puede hacer. Posteriormente, observé mi comportamiento y lo que le pedía a mi hijo. Así fue como descubrí que en verdad él estaba poniendo trabas a las cosas, que él no quería o no podía hacerlas. Para no molestarlo y estar hablando con él sobre el tema decidí llevarlo a la librería y buscar algo que me permitiera tratar de que él razonara sobre lo que estaba haciendo. Fue así como compramos el libro ilustrado, El elefante encadenado de Jorge Bucay.
      Debo confesar que el libro me encanta. Las ilustraciones no tienen nada de espectacular, son sencillas pero ilustran a la perfección las ideas del texto, es decir, son un apoyo visual para que el niño logre comprender lo que se está diciendo, aunque también se corre el riesgo de que el niño disminuya su capacidad de imaginación. La tipografía es la pertinente para los pequeños lectores, tiene un cuerpo bastante grande y que facilita la lectura. Finalmente, el empastado asegura que dure varios años a la lectura constante de los niños, aunque de seguro no será algo que un niño deseará leer a cada rato.
      Para concluir esta pequeña entrada quiero decirles que hoy en la mañana desperté, me dirigí al librero, saqué el libro y lo leí. Lo leí para mí, no para mi hijo, lo leí porque son momentos complicados. Lo leí porque me gustaría, algunas veces me gustaría pensar que la esperanza existe.