miércoles, 22 de diciembre de 2010

Felices fiestas

A todos los lectores de este blog les mando un gran abrazo y mis mejores deseos para estas fiestas. Por cierto, por la sencilla razón escribiré el próximo año.
                 ¡Felices fiestas a todos!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Scriptio continua

SEIMAGINANSITODAVÍASIGUIERAMOSESCRIBIENDOENUNAESCRITURACONTINUA. La scriptio continua (escritura continua) era la escritura de los griegos (en particular en el periodo arcaico) y por mucho tiempo también de los latinos. La diferencia entre lo que escribí arriba y la manera como lo hacían los griegos era por medio de la escritura fonética. Al escribir según la fonética, la sintaxis estaría más relacionado al lenguaje hablado, casi como lo hacen muchos jóvenes cuando abrevian su escritura. Por lo tanto, lo que escribí arriba con altas para asemejarse a la escritura de aquellos años tendría que ser así: CIMGINSITDVASGIERMSSCRBNDNUNASCTTRACNTINA.
      Para descifrar ese enmarañado de letras que a primera vista parece que no tiene sentido, el lector debe reconocer lo escrito leyendo en voz alta. Sólo con la lectura en voz alta es posible "reconocer" lo que está oculto a primera vista. Así, la escritura continua tenía mucho peso en el reconocimiento de la secuencia gráfica, todo desde el soporte de la voz.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Los verbos que significan leer en la época de Platón

El presente texto es parte del primer capítulo de mi tesis y hoy quiero compartir con ustedes estos interesantes datos. Comentarios y sugerencias serán más que bien recibidos.

En el periodo en el que vivía Sócrates y también Platón se experimentó un cambio drástico en la evolución del conocimiento: la lectura de los textos, no solo en voz alta sino también en silencio, estaba adquiriendo un mayor hábito. Los griegos de aquellos tiempos, en especial los actores y algunos intelectuales, leían por placer, para conocer determinada ley o para representar ante un público una obra teatral o una declamación poética. Cabe resaltar que el grueso de estos lectores eran esclavos pues una persona libre no podía ejercer la lectura porque hacerlo era doblegarse ante el autor y esto significaba perder la libertad. Cualquier griego tenía que tener presente que para “participar en la vida de la ciudad, el ciudadano tenía que ser eleútheros, ‘libre, sin trabas’”[1] de lo contrario estaría condenado a ser un esclavo y no poder expresar su opinión.
            Leer era una sumisión pero al mismo tiempo otorgaba algo de valor para el mundo de los griegos. Jesper Svenbro parte de una pregunta básica: “¿para qué podría servir la ‘escritura muda’ en la que la tradición oral se creía capaz de asegurar su propia permanencia sin más soporte que en la memoria y en la voz de los hombres?” La respuesta que da es que mediante la escritura se podía asegurar de otra manera la posteridad. Una posteridad que estaba dada mediante la lectura en voz alta.
            Fue como leer se volvió parte importante en el desarrollo de la cultura griega. ¿Cuál era la intención de la lectura en voz alta? Para responder a esta pregunta es necesario partir de los distintos significados de la palabra leer, más de diez que son atestiguados alrededor del año 500 a.C. según señala Svenbro en su artículo “La Grecia Arcaica y Clásica: La invención de la lectura silenciosa” y del cual retomaré el siguiente análisis.
El punto de partida propuesto por el historiador arriba mencionado es némein, que significa “distribuir”. La lectura en voz alta no puede ser pensada de otra manera ya que hacerlo es distribuir a los presentes lo que se tiene que decir. El siguiente verbo es ananémein que convierte al lector en un instrumento al servicio de lo escrito. Es el lector el que presta su voz para que la distribución sea posible, sin embargo ello no implica que el lector sea capaz de captar el mensaje. Con el compuesto epinémein el lector distribuye incluyéndose en la distribución. Es gracias a epinémein que un lector no necesita de oyentes pues él mismo puede ser su propio escucha. Dado que némein está presente en los tres verbos Jesper Svenbro se atreve a decir que es némein el centro de una familia léxica que significan leer; y va más allá al relacionar némein con nómos.
            Nómos es el nombre de acción formado de némein y aunque los diccionarios no tienen registrada su relación esta se puede notar con los nómoi de los pájaros en Alcmano o en los de Charondas, legislador de la Grecia arcaica, que eran cantadas[2]. La ley, desde el análisis de Svenbro y por lo manifiesto en las referencias, es “una distribución vocal, apoyándose al comienzo en la memoria, y luego en lo escrito”[3]. Pero con Esparta no sucede lo mismo, tal y como se sabe gracias a Plutarco, ya que para ellos estaba prohibido fijar la ley mediante la escritura. Para los espartanos la palabra que significaba ley se derivaba del verbo eírein, cuyo significado es “decir”. En Roma, al contrario de Esparta, la ley presuponía de lo escrito a tal grado que lex era el nombre de acción de legere, “leer”. Para entender esta relación del némein y legere se debe recordar que légein también tiene el sentido de “leer”. Y si lego significa “leo”, cabe pensar que los romanos retomaron esta palabra de los griegos. Este camino que vislumbró Svenbro es para indicar que légein puede significar “leer”, al igual que némein, y así queda atestiguado en los verbos analégein y analegesthai. Esto da como resultado una familia léxica más.
            Un miembro importante de la familia léxica de légein es epilégestzai, que significa literalmente “añadir un decir a”. Y afirma Jesper Svenbro que “el lector añadía su voz a lo escrito, incompleto por sí mismo. Se supone que la escritura tenía necesidad de légein o del lógos que el lector le añadía; sin él, seguiría siendo letra muerta”[4].
            Pero el verbo indiscutible para los griegos era anagignóskein. Este era el verbo ático y significa literalmente “reconocer”, y ese reconocimiento es el de los caracteres, lo que implicaba saber descifrarlos. Es decir, para el ciudadano ateniense la lectura en voz alta era la posibilidad de dotar de sentido a la escritura.
            De este estudio sobre los verbos griegos que significaban leer en Grecia ahora hay que ver sus implicaciones. La primera de ellas es la relación intrínseca que tiene el escrito con la voz, que a su vez está relacionada con el escritor y el lector. Esta primer relación debe leerse desde la relación de la libertad y el ciudadano. Leer para la mayoría de los griegos era una especie de pérdida de la libertad porque el lector quedaba doblegado ante el escritor. Este sometimiento se da por la segunda implicación. Leer en voz alta es prestar la voz a algo que por sí mismo no puede ser transmitido ni comprendido por los otros. Un escrito necesita apropiarse de la voz con el fin de llegar a ser, de realizarse plenamente. La apropiación de la voz sigue siendo una pérdida del ser, de uno mismo y de la libertad. Para el griego que leía en voz alta no era el sujeto que leía el que decía ello, era un esclavo, alguien que cedía su cuerpo para que otra persona que no está presente pudiera mostrar sus ideas o decir sus mandatos a los demás. Y Jesper Svenbro agrega:
Su voz [la del lector] se sometía, se unía a lo escrito. Ser leído era, por ende, ejercer un poder sobre el cuerpo del lector, aun a gran distancia en el espacio y en el tiempo. El escritor que lograba hacerse leer actuaba sobre el aparato vocal del otro, del que se servía, aun después de su muerte, como instrumentum vocale, es decir, como alguien o algo a su servicio, como de un esclavo[5].

Queda así manifestado el desprecio que se tenía hacia el lector y explica el porqué se solía dejar esta tarea a los esclavos. Porque esta era precisamente la función de los esclavos, la de servir y someterse, la de ser un instrumento. Y esto también explica el motivo de la resistencia de los griegos a leer o a hacer esta actividad solamente para lo estrictamente necesario.


[1] Jesper Svenbro, “La Grecia Arcaica y Clásica: La invención de la lectura silenciosa”, en Historia de la lectura en el mundo occidental, bajo la dirección de Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, Ed. Taurus, 2009, México, pág. 70, p.p. 583.
[2] Ibídem pág. 64.
[3]  Ibídem.
[4]  Ibídem, pág. 66.
[5]  Ibídem, pág. 70.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Diccionario editorial: Márgenes

Los márgenes son de vital importancia, al menos para mi gusto. Sin ellos, por ejemplo, no podríamos tomar un libro y ojear toda la mancha del texto, pero tampoco podríamos hacer nuestras anotaciones. Estas son algunas de sus funciones, pero antes de seguir es bueno saber que son cuatro los márgenes de una página:

  • superior o de cabeza
  • inferior, de pie o falda
  • exterior o de corte
  • interior, de lomo o medianil
Los márgenes se determinan obedeciendo a normas generales que combinan la estética con la funcionalidad. La primer norma es que el margen de corte tiene que ser aproximadamente el doble que el del medianil, lo mismo debe aplicarse con el inferior y el superior.
      Para sacar los márgenes yo recomiendo apegarse a la normalizada, que es similar a la divina proporción, sólo que en vez de partir de los 5/8 tiene una proporción 1:1.4, es decir, 5/7. La medida se saca restando a la altura de la página la de la caja, el resultado se divide entre dos y a esto se le suma una pica, con este proceder se obtiene la medida de la falda; el restante será el correspondiente a la cabeza. La misma operación se utiliza para sacar la medida del corte y del lomo.
      La segunda norma dice que el medianil en ningún caso será menor a 24 puntos (dos picas). De otro modo se dificultaría la lectura. La tercer norma, también referida al medianil, nos dice que este margen debe aumentarse si el libro es voluminoso, porque al abrirlo se hace una curva que ocultará lo impreso hacia el centro y dificultará la lectura.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Suicidio, espada y lectura

Hoy les quiero compartir un párrafo que me ha dejado sorprendido. No puedo imaginar otro tipo de pasión por la lectura que la que se cuenta a continuación:
Según cuentan, Catón de Utica, antes de quitarse la vida, se retiró a sus aposentos, tomó el Fedón, el diálogo de Platón que trata del alma, y leyó una buena parte del mismo. Advirtió entonces que su espada no estaba en el lugar de costumbre, preguntó el motivo a un criado sin obtener respuesta; volvió, pues, a su lectura, pero de nuevo la interrumpió para ordenar a su criado que le devolviera su espada. Una vez terminado el libro, como nadie le llevaba el arma requerida, hubo de gritar para que la orden fuera obedecida; conseguido por fin su objetivo, volvió con el escrito de Platón y lo leyó de nuevo dos veces. Al final, después de haberse adormecido por unos momentos, se suicidó clavándose la espada en el pecho.
Tomado de Historia de la lectura en el mundo occidental, dirigido por Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, Ed. Taurus.