lunes, 14 de febrero de 2011

Leyendo soy Prometeo liberado


Resulta curioso hasta qué punto este Cuaderno Marrón constituye al mismo tiempo un diario de mi vida y un acontecimiento en mi vida. Y para vosotros, que venís detrás de mí..., bueno, para vosotros será posiblemente un libro como cualquier otro; aunque espero que os sintáis partícipes de mi historia del mismo modo que yo, cuando leo una historia, me siento partícipe de ella.
      Tal vez ahora sí entendáis qué significa hablar de <>. Ello se debe a que el cuerpo humano no es esencial para que la experiencia se produzca. De hecho, muchas de mis experiencias más profundas han sucedido en las páginas de un libro. Experiencias que han afectado mi vida. Si comprendemos una frase, incluso de una revista infantil, esa frase adquiere cierta profundidad para nosotros.
      ¿Os habéis sorprendido a vosotros mismos leyendo? Ya sabéis: estáis sentados en una butaca, totalmente absortos en la lectura de un buen libro, disfrutando de la historia y del estilo de la prosa del autor, y de pronto os sentís como fuera del cuerpo y os veis tal como sois: no bromeando con Philip Marlowe o luchando con Moriarty sobre las cascadas de Reichenbach, sino sentados a solas en una habitación, con un libro abierto sobre el regazo. Puede provocar un shock tremendo. Comparable a lo que siente un esquizofrénico tras una súbita inyección de fenotiacina. En un minuto pasa de estar combatiendo al comunismo internacional a ser un pobre tipo con un pijama sucio recostado en una cama mojada.
      Es esta rara capacidad de entrar y salir del cuadro lo que distingue a la lectura. Tal vez fuese eso lo que Keats percibió cuando escribió a su hermana para describirle el placer que el proporcionaba sentarse junto a una ventana que daba al lago Léman y pasarse el día entero leyendo, como si fuese el retrato de alguien leyendo. El retrato de alguien leyendo... Una frase encantadora e iluminadora. Y muy típica de los románticos, que siempre trataban de escapar de sí mismos. Evoca la importante imagen de alguien que no sólo vive en las páginas de un libro sino que se ha perdido en ellas, que se ha olvidado de mundo exterior, de la mano que vuelve la página e incluso del ojo y del campo visual que transmiten la información impresa al cerebro. Sin un libro, estoy encadenado a la tierra. Leyendo, soy Prometeo liberado.
Últimamente la combinación de las estrellas o la modificación del zodiaco han afectado mi estado de humor. Sí, supongo que a eso se debe que esté de un genio bastante desagradable. Bueno, en realidad sé qué es lo que pasa en mi vida. Sé que es lo que ocasiona que al despertar tenga esa imagen, no mía, sí suya. Sé por qué al dormir mis pensamientos son hipogrifos violentos y enmarañados. Sé que las películas me dicen mucho, que al ver Cinema Paradiso lloro por las sabias palabras de Alfredo a Salvatore. En fin, sé que el abismo nunca cambia, que siempre es el mismo al caer. Y que siempre se está solo.
      Es esa última palabra la que resuena a cada momento. Somos soledades acompañadas, ya lo decía una vez en una comida mi querido maestro y adorado amigo Vicente Quirarte. Muchas veces a sido tema de conversación con otro gran amigo, Paco de León. Definitivamente sé que estoy de mal humor porque sé que estás ahí, no para mí, sino lejana. Y sé que con tu ausencia reafirmas lo que me resisto a aceptar: es escribiendo o leyendo donde he encontrado la felicidad, o mejor dicho, la libertad.

2 comentarios:

Teri Yakimoto dijo...

Padezco de distracción voluntaria y también involuntaria... ya había visto esta entrada, pero no le había prestado la suficiente atención... ¿Sabes que marqué el mismo fragmento al leer la misma novela, lo marqué como un guiño, con el cuidado de sólo doblar la esquina de la página para no intervenir en la lectura de los otros...?
De las soledades acompañadas no diré nada... a mí también ese tema me pone de mal humor...

Moisés dijo...

Es un fragmento muy bueno. Aunque se me olvidó poner la referencia de la novela. Pero creo que es mejor dejar el texto así, como una provocación.
Por cierto, hay lecturas que también son acompañadas.