miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sobre los llamados de nota

Antes que nada es importante recordar que las notas siempre están relacionadas con las citas, por lo que también al corregir un texto, hacer la revisión de los llamados de nota es un asunto sumamente engorroso pues éstas siempre van acompañadas del desorden del autor o el estilo de la casa editorial. Para claro ejemplo de lo que digo hay que ver el cierre de las comillas y un signo de puntuación, o el mismo llamado de pie de página.
¿Dónde se debe ubicar el cierre de las comillas, antes o después del signo? ¿Es el mismo criterio para el llamado de página? Para responder a la primera pregunta, yo acostumbro poner las comillas justo antes del punto, en cierto manera la relaciona con la aritmética, pues el cambio del paréntesis, en las matemáticas, puede cambiar todo el sentido, y lo mismo pasa con las comillas. Si yo digo (A+B)-(C+A)=?, no es lo mismo decir A+(B-[C+A])=? pues todo el sentido cambio. Por esa razón "yo acostumbro poner las comillas dentro del signo". Ahora bien, en lo que respecta a los llamados de nota, hago lo mismo, aunque muchas editoriales prefieren tener el llamado fuera del signo, claro ejemplo son las publicaciones de la UNAM.
En el llamado me detengo. ¿Cómo se hace una nota biográfica completa? Sencillo, no hay muchas complicaciones. Primero hay que empezar con el apellido paterno del autor, nombre, título de la obra (siempre en cursivas), país, editorial, año y número de página referida. Pero, si mencionamos algún elemento, como el apellido del autor o el título, sólo se ponen los elementos restantes en la nota.
Es posible, casi un hecho, que en el transcurso de la redacción del texto se haga, en más de una ocasión, referencia a determinado libro, por lo que, en lugar de escribir toda la nota bibliográfica completa podemos abreviarla utilizando el Op. Cit. que quiere decir obra citada. Por lo que quedaría de este modo: apellido, nombre del autor, Op. Cit., página.
En caso de que la nota anterior se vuelva a mencionar inmediatamente, pero con una página diferente, se puede utilizar Ibídem, que quiere decir "allí mismo", poniendo sólo: Ibídem, página. Pero si autor, obra, y página son iguales, se utiliza Ídem, que significa "lo mismo".
Hay otro tipo de notas que no necesariamente se refieren a una obra citada, en ese tipo de notas lo que el autor busca es aclarar o ampliar determinado tema, pero que por el sentido de la argumentación si lo hace dentro del texto, lo que ganaría es un entorpecimiento de la lectura. Por eso esas notas son llamadas aclaratorias o de comentario.
Otro tipo de notas son las de remisión, es decir, aquéllas donde se hace el llamado para ir a una parte del texto o de otro tipo de obra. Se puede escribir con un Vid., que significa "véase", o simplemente se puede poner un Véase. Está de sobra decir que si se hace una mención a un libro, es conveniente poner los datos bibliográficos.
Finalmente, están las notas de fuente indirecta, las cuales se dan cuando al leer un texto el autor cita un fragmento de obra y es de nuestro interés. En éste caso tendremos que poner, después de la referencia biográfica, la abreviación Cit. para indicar que ya fue citada por el autor tal, es decir, se pone el apellido, nombre, título [todo de la referencia citada por el autor que sí se está leyendo], Cit. por Autor, página. Cabe aclarar que siempre será mejor consultar la fuente original.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Cita textual

Dentro del oficio de la edición, pero también en la escritura, lo más engorroso es la cita textual. Establecer un formato, en este tema, depende en mucho de la institución para la que se realiza el trabajo académico o la publicación. Y el que más sufre es el que corrige, cabe señalar que lo mismo pasa con la bibliografía. Cuando veo que un autor se tomó la molestia de unificar sus citas me hace muy feliz, al menos no se sufre para dar con todos los elementos, o de entrada ya se sabe qué es lo que le falta.
Pero no seguiré quejándome del desordenes de las citas, mejor trataré de explicar qué son y cómo se utilizan. Para ello empezaré por decir que las citas textuales recogen fragmentos o párrafos de un texto que apoyan, prueban o critican lo que dice un autor. Por este motivo, la transcripción debe ser la correcta.
¿Cómo se hace la transcripción? Pues bien, está medianamente asentado que cuando la cita es menos o igual a tres renglones va entre comillas. En cambio, si la cita es mayor a el número de renglones antes dicho, la cita debe ir en un párrafo independiente con un espacio entre párrafos, tipografía de menos uno en comparación al resto del cuerpo, y con una margen igual al espacio de la sangría.
Ahora bien, cuando se quiere resaltar una palabra o un párrafo, hay que hacerlo empleando cursivas, indicando siempre entre corchetes [] que las cursivas son nuestras. Hay que tener presente que toda indicación que nos pertenezca debe ir en corchetes. Éstos también los podemos utilizar para darle un sentido a un fragmento o encerrar un comentario, por ejemplo: "¿Cómo se hace la transcripción [de la cita]?".
Al momento de citar quizá no nos es útil poner todas y cada una de las palabras que el texto citado tiene pues son explicaciones que entorpecen la lectura o cualquier otro motivo, entonces, en ese caso utilizamos los corchetes y los puntos suspensivos [...]. Así le indicaremos al lector que entre ese conjunto de ideas hay algunas que no nos interesan.
¿Qué se hace cuando lo que queremos citar tiene palabras entrecomilladas? Esto es muy sencillo pues sólo se pone una comillas simples (' ') o entre comillas francesas (<< >>).
Esto es lo básico para poder citar un texto, sólo les recuerdo, mucho depende de la institución para la que escriben o trabajan.

martes, 22 de noviembre de 2011

Una pequeña omisión

Hace unos días un gran amigo me comentaba indignado que al elaborar una edición de álbum ilustrado había tenido problemas con la editora. Una errata del crédito del fotógrafo había sido la discordia entre la editora, la escritora y el diseñador. El descubrimiento de la omisión del nombre sucedió cuando ya el libro se estaba empastando. Para esto la amenaza del fotógrafo era inminente: demandaría si la corrección del crédito no estaba en el libro. La primera solución de la editora fue la de hacer que mi amigo reimprimiera cuatro páginas de un tiraje de tres mil. Evidentemente mi amigo se negó, el costo era mucho. Él, a su vez, le hizo una contraoferta a la editora. Finalmente, frente a los problemas que se estaban gestando entre la editora y el diseñador, ambos llegaron a un acuerdo, un movimiento bastante interesante.

Lo que quiero señalar con esta pequeña anécdota, muy familiar en el medio editorial, es que muchas veces la velocidad, la falta de personal, el suficiente detenimiento en los detalles, puede hacer que una edición tenga problemas como el arriba señalado. Desde mi experiencia, al menos en la parte de corrección y de edición, siempre se debe dudar de todo lo contenido y verificar nombres, fechas y datos muy importantes. En particular cuando solamente es una persona que está al cuidado de la edición.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Diccionario editorial: Algunas definiciones de publicaciones


Libro es un impreso de más de 48 páginas.

Folleto, entre cinco y 48 páginas.

Antología, reúne páginas escogidas de algunos autores.

Artículo, son colaboraciones breves para publicaciones especializadas. Los artículos científicos deben de tener el rigor de una monografía y, generalmente se publican en revistas especializadas. Los artículos periodísticos llamados "de fondo" tratan de las noticias más importantes del día. Los artículos "sueltos" dan a conocer hechos y acontecimientos de actualidad. Están los artículos de divulgación y los textos para libros-homenaje.

El comentario es la opinión sobre algún tema.

El compendio es una breve y sumaria exposición de lo más importante de una materia.

La compilación es una obra que reúne partes de escritos aparecidos en otras publicaciones y que conciernen a una materia.

La ponencia es un análisis breve de algunos aspectos tratados por un grupo de especialistas.

El ensayo es un escrito complicado de definir porque su extensión es variable, versa sobre cualquier tema que es analizado desde un punto subjetivo, sin ser profundo como lo es una monografía o tratado, y sin un método determinado. Carece de aparato crítico y no pretende agotar el tema.

El libro de texto es una publicación de contenidos específicos, que están dispuestos de manera ordenada, donde siempre se tiene en cuenta la currícula de una institución y del tipo de alumno al que se dirige.

El manual contiene lo esencial de una materia que transmite los conocimientos de forma didáctica y práctica.

La monografía es el resultado de una investigación científica. Las opiniones expuestas en la monografía siempre tienen que ir apoyadas en un aparato crítico.

La reseña es una explicación de lo que contiene un libro y puede ser descriptiva, presenta el contenido sin establecer juicios, o crítica, establece juicios respecto al contenido de la publicación, que por cierto puede ser bibliográfica o hemerográfica.

La tesis es un trabajo de investigación que se apoya en hipótesis. Regularmente es el coco de varias personas, como su servidor.

La tesina es un trabajo de investigación sobre un tema resulto. Regularmente es un escrito pequeño.

El tratado es un estudio completo, bien estructurado y riguroso, donde se analiza un tema.

martes, 15 de noviembre de 2011

Mudo espío

La semana pasada tomé un taller de cuento fantástico con Fernando de León dentro de las actividades de la filij. Decidí tomar el taller de creación literaria con él por una recomendación de Alberto Chimal, así que cuando supe que Fernando sería uno de los talleristas, no lo dudé y me inscribí. De Fernando sólo había leído unas cosas de su blog, por lo que mis expectativas para el taller eran disfrazadas de ignorancia y un leve conocimiento de la escritura que él tiene. El taller fue muy agradable, siempre se aprende mucho en ese tipo de eventos. Los compañeros, para mi sorpresa, fueron bastante activos lo que es algo fuera de lo común porque siempre está la apatía de hacer las cosas, así le gusten mucho a las personas. Pero no quiero contarles mi experiencia en el taller, de lo que les quiero hablar es de Mudo espío, la más reciente publicación de Fernando de León.
El título de la serie de cuentos lo pone Fernando con motivo del epígrafe, un fragmento del poema Nocturno de Carlos Pellicer que dice:
Entre la selva enorme de la hierba
la hormiga y una gota de rocío
-todo el cielo y la tierra- mudo espío
y alguien inmóvil y voraz me observa.
Y de este sutil modo Fernando sitúa al lector en la posición inmóvil y voraz del observador, del testigo de las historias que vienen a continuación. Pero Fernando es un autor responsable y burlón porque además de dejar al autor en esa posición tan incómoda le dice con el título del primer cuento, no te preocupes, yo te ayudo con el "Manual de comportamiento fantástico". Cuento donde hay una ruptura con lo cotidiano, con la actividad diaria de Grisóstomo al manejar un taxi en la ciudad G. Y el texto va más allá de la ruptura porque en esa ciudad invisible los personajes viven ya en un mundo fantástico, y por vivir en ese mundo, a los habitantes les es imposible saberse en lo fantástico de la realidad. Mas no todo está perdido, el todo no siempre se impone al uno.
Entonces el sujeto se percibe a través de "El humo en el espejo" y descubre que los relojes y los trenes no saben detenerse, que las cosas que amamos, nuestras obsesiones, se irán, que ya no hay manera de evitar la partida pues la ruptura con la cotidianidad es la ruptura con lo que somos.
Y no debemos sentirnos culpables por tanta soledad, o por desear, pues siempre cabe la posibilidad de pertenecer al grupo de "Los perdonados" por el gran ente visor. Todo es una cuestión de saber escuchar, de encontrarse a uno mismo en la ceguera de los días y tener "Una aventura oscura" donde nuestra guía sea la voz. Pero cuidado, mucho cuidado en no caer en "El círculo", que siempre será vicioso.
"El círculo" es un cuento magistral, sin dudarlo fue el que más disfruté. De entrada el lector es testigo de lo que acontece en el cuento: Miras el atardecer... Miras todo a tu alrededor... Y más que testigo es el personaje, pero también el narrador. Y todo logrado por el uso de la segunda persona del singular, el acusativo de la vida: tú, lector pasivo, conviértete en el agente activo del cuento. Con esa lectura uno ya está trastocado, herido por ser un observador y no poder cambiar la historia. Y con tino Fernando nos regala "En nombre de Firuz", para vengarnos, para saber que no todo está perdido; pero ya es tarde, tenemos muy metida la culpa y no podemos vernos al espejo, no podemos seguir siendo testigos de lo que pasa, de la "Historia de una mirada", nuestra mirada, porque es la única que podemos juzgar. En el mirarnos podemos descubrir nuestros dones, podemos ser profetas (el modo de mirar a futuro sin olvidar el pasado) para saber que todo termina con la muerte, tal como pasa en "Casandro Aral tenía un don". Pero hay que esperar, no vayamos presurosos por el cuchillo y nos cortemos las venas, pues la muerte es siempre pensada en "La muerte del Fénix", en el del renacer del lector en cada historia del Mudo espío.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Del miedo y otras bondades

Mis queridos amigos, lamento mucho descuidar tanto este blog, el cual me ha dejado con muchos buenos sabores. Algunas veces me despierto pensando en que necesito actualizarlo, compartirles algo más sobre el tema de la edición, o reseñar algún libro que he leído. Pero, darse tiempo para escribir parece ser un reto. El presente texto lo escribí para el Tercer Aniversario de Noctambulante. En esa ocasión no lo leí, llevaba una pequeña guía de lo que tenía que decir. Aquí, a falta de voz, espero me presten sus ojos y rememoren las palabras que dije hace unos días.

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Del miedo y otras bondades
Por Moisés Martínez

Cuando “El Veisha” me invitó a participar en el tercer aniversario de Noctambulante para hacer una publicación de temas relacionados al género de horror y fantasía, acepté por dos motivos: el primero de ellos lo olvidé; el segundo, es por la razón… Y es que cuando apelo a la razón vienen a mi mente imágenes aterradoras. Los grandes monstruos, como dijo Goya, vienen de la razón. No es de extrañar que en el siglo donde se tenía la firme convicción de poseer esta guía redentora de la naturaleza humana, sea también donde se fortificaron los hitos de la literatura de horror y fantasía –y no hay que olvidar que bajo el asombro de la razón algunos de los enciclopedistas, como Diderot, se maravillaban ante las abominaciones de la naturaleza, similares al caso de Joseph Merrick, y pensaban que era parte del progreso humano, de la evolución de la especie–. Para cerrar la idea, es con el argumento de la razón –toda en mayúscula– que se han cometido los crímenes más grandes y se ha desnudado la naturaleza que hay en los hombres, esa dualidad del bien y del mal al más puro estilo del doctor Jekyll.
Lo que llama mi atención es que la naturaleza humana gusta de ser escondida por los grandes pensadores –con esto me refiero a muchos filósofos que gustan de relacionar al hombre más con lo divino que con el daimon– pues quién quiere aceptar que los hombres podemos ser seres malignos, perfectas máquinas asesinas; y sin embargo la historia y la literatura siempre han estado ahí para recordárnoslo, para decirnos a gritos que de quien más debemos tener miedo es del hombre, porque sólo él puede llegar a convertirse en vampiro, o en un asesino serial.
Y es que no podemos negar que el miedo es parte constitutivo de nosotros. Es el miedo, junto con muchos otros factores, lo que ha hecho que nos agrupemos, que tengamos la ciencia, que escribamos, que creemos arte…

Aquí retomo la publicación y a Noctambulante: hoy empieza un homenaje a un gran ícono del cine, Vicent Price. Un texto de notable belleza, escrito Paco de León, hace homenaje a ese gran espíritu, al hombre que supo representar histriónicamente, y de manera ejemplar mediante la voz y la mirada, los efectos que hay en nosotros producidos por el miedo.
El texto que le sigue, escrito por Alberto Chimal, es una reflexión sobre las historias de miedo que pertenecen a lo cotidiano y van al terreno de lo literario –de qué otro modo podría ser– y nos recalcan, de manera interesante, el ideal humanista del poder ser lo que se quiera, incluso hasta mismo objeto de miedo.
De las historias de miedo, y enganchados en la necesidad de explicar por qué tenemos miedo, cómo funciona nuestro cuerpo, por qué si tenemos miedo vemos la películas de terror, grosso modo, por qué gustamos tanto de la fantástico y de misterio, sigue un texto que escribió Sofía Cano, psicóloga dedicada a estos temas del funcionamiento del cerebro. Aquí, no dejo de sentir un cierto temor al ver que los mecanismos de miedo pueden ser aprovechados para generar ventas masivas, para atrapar más a las personas, buscando sólo impactar al espectador, condicionarlo ante una serie de estímulos que pueden rayar en lo absurdo.
Por este motivo, el texto que continúa la publicación es el de Enrique Barrón. Un análisis interesante entre la manipulación de la sociedad y la liberación, entre la entropía y la utopía, donde, como detalle curioso, los personajes están relacionados o se llaman John.
De la manipulación de la masa, esta alienación a la que todos pertenecemos desde diferentes puntos sociales, la figura que más la representa es la del zombi (castellanizado para sonar más escandaloso). Figura temeraria no pos sus grandes habilidades, sino porque la “bola”, como decían en la Revolución, siempre da miedo por irracional, por lo premeditado de su acción. De la historia del zombi habla Raquel Castro.
Finalmente, todo cierra con el cine incómodo, con el que no tiene nada de sentido desde el punto de vista de los críticos: el gore. José Luis Ortega nos pasa mediante una transfusión una serie de datos bastante interesantes sobre el mencionado género.
Con el gore, cine con escenas cruentas, absurdas y al parecer sin ninguna justificación, decidí cerrar la publicación del aniversario de Noctambulante. Espero que disfruten su lectura, tanto como yo disfruté hacer la edición. Y antes de que se me olvide, las ilustraciones y el diseño de portada hechos por Alejandro García se acomodaron solas al texto. Fue como si cada uno de los autores hubiera buscado ya una ilustración para su tema.