martes, 15 de noviembre de 2011

Mudo espío

La semana pasada tomé un taller de cuento fantástico con Fernando de León dentro de las actividades de la filij. Decidí tomar el taller de creación literaria con él por una recomendación de Alberto Chimal, así que cuando supe que Fernando sería uno de los talleristas, no lo dudé y me inscribí. De Fernando sólo había leído unas cosas de su blog, por lo que mis expectativas para el taller eran disfrazadas de ignorancia y un leve conocimiento de la escritura que él tiene. El taller fue muy agradable, siempre se aprende mucho en ese tipo de eventos. Los compañeros, para mi sorpresa, fueron bastante activos lo que es algo fuera de lo común porque siempre está la apatía de hacer las cosas, así le gusten mucho a las personas. Pero no quiero contarles mi experiencia en el taller, de lo que les quiero hablar es de Mudo espío, la más reciente publicación de Fernando de León.
El título de la serie de cuentos lo pone Fernando con motivo del epígrafe, un fragmento del poema Nocturno de Carlos Pellicer que dice:
Entre la selva enorme de la hierba
la hormiga y una gota de rocío
-todo el cielo y la tierra- mudo espío
y alguien inmóvil y voraz me observa.
Y de este sutil modo Fernando sitúa al lector en la posición inmóvil y voraz del observador, del testigo de las historias que vienen a continuación. Pero Fernando es un autor responsable y burlón porque además de dejar al autor en esa posición tan incómoda le dice con el título del primer cuento, no te preocupes, yo te ayudo con el "Manual de comportamiento fantástico". Cuento donde hay una ruptura con lo cotidiano, con la actividad diaria de Grisóstomo al manejar un taxi en la ciudad G. Y el texto va más allá de la ruptura porque en esa ciudad invisible los personajes viven ya en un mundo fantástico, y por vivir en ese mundo, a los habitantes les es imposible saberse en lo fantástico de la realidad. Mas no todo está perdido, el todo no siempre se impone al uno.
Entonces el sujeto se percibe a través de "El humo en el espejo" y descubre que los relojes y los trenes no saben detenerse, que las cosas que amamos, nuestras obsesiones, se irán, que ya no hay manera de evitar la partida pues la ruptura con la cotidianidad es la ruptura con lo que somos.
Y no debemos sentirnos culpables por tanta soledad, o por desear, pues siempre cabe la posibilidad de pertenecer al grupo de "Los perdonados" por el gran ente visor. Todo es una cuestión de saber escuchar, de encontrarse a uno mismo en la ceguera de los días y tener "Una aventura oscura" donde nuestra guía sea la voz. Pero cuidado, mucho cuidado en no caer en "El círculo", que siempre será vicioso.
"El círculo" es un cuento magistral, sin dudarlo fue el que más disfruté. De entrada el lector es testigo de lo que acontece en el cuento: Miras el atardecer... Miras todo a tu alrededor... Y más que testigo es el personaje, pero también el narrador. Y todo logrado por el uso de la segunda persona del singular, el acusativo de la vida: tú, lector pasivo, conviértete en el agente activo del cuento. Con esa lectura uno ya está trastocado, herido por ser un observador y no poder cambiar la historia. Y con tino Fernando nos regala "En nombre de Firuz", para vengarnos, para saber que no todo está perdido; pero ya es tarde, tenemos muy metida la culpa y no podemos vernos al espejo, no podemos seguir siendo testigos de lo que pasa, de la "Historia de una mirada", nuestra mirada, porque es la única que podemos juzgar. En el mirarnos podemos descubrir nuestros dones, podemos ser profetas (el modo de mirar a futuro sin olvidar el pasado) para saber que todo termina con la muerte, tal como pasa en "Casandro Aral tenía un don". Pero hay que esperar, no vayamos presurosos por el cuchillo y nos cortemos las venas, pues la muerte es siempre pensada en "La muerte del Fénix", en el del renacer del lector en cada historia del Mudo espío.

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