viernes, 29 de noviembre de 2013

Una experiencia sobre las erratas.

Ayer leí un texto de la revista Nexos que habla sobre la relación del autor con el lenguaje y cómo descubre el plexo de las palabras desde el cambio que puede haber con una errata. En este sentido Antón Arrufat, autor del bello artículo, apunta que una errata puede incluso cambiar la fuerza de un verso y dotarlo de mayor sentido estético, pero también puede ser el dolor de cabeza del escritor. Por otro lado, es la errata, afirma Arrufat, la que nos muestra que los libros no son perfectos y que no se puede confiar en lo que ellos está escrito.
      Desde mi experiencia la errata tiene un valor de entretenimiento, de placer en la revisión de un texto o en la lectura de los libros ya terminados. Una errata es el placer de encontrar una letra fuera de lugar y que a simple vista puede pasar desapercibida; de descubrir una palabra que no acompaña el sentido de la lectura; de pensar que por más quisquilloso que se quiera ser la errata siempre estará ahí, como puesta por un duente, como una mosca y su cagada en el inmaculado texto.
      Les comparto el texto de Antón Arrufat con una de sus muchas frases sobre las erratas:
a la errata, humorísticamente, le daban el sobrenombre de mosca, moscas de la lectura

**Por cierto, si alguien conoce más textos sobre las experiencias de los autores, editores, correctores, bibliofilos, sobre el tema de las erratas, no duden en compartirla al siguiente correo mmartinez.odas@gmail.com y con gusto pondré su aportación en este blog.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Historia de las palabras: sabiduría

En un artículo de Jaime Labastida publicado en la Revista de la Universidad del mes de octubre del presente año, el filósofo menciona que la plabra sabiduría tiene un origen heleno que en cierta manera ya no se conserva. Para empezar, los helenos llamaban a la sabiduría como sophía, la cual significaba "tener una aptiud manual; en cambio, para los latinos, la sabiduría -introducida por Ennio al latín clásico- viene de sapientia, la cual viene de la raíz sapio, -is, que significa lengua y por eso degustamos o saboreamos la comida. Y recalca que de sapio tenemos la palabra sabor.
      Es interesante que la sabiduría sea una palabra que implica el hacer desde la mano, como el que sabe construir una silla, como el que sabe tocar un instrumento, pero también tenemos en la sabiduría misma la capacidad de degustar, de paladear lo que amamos.

martes, 13 de agosto de 2013

La redacción del incesto

Manisfestar una idea puede ser complicada, no porque la idea en sí misma lo sea, sino porque para ello se necesita tener una redacción clara, con la cual se pueda expresar lo que se tiene pensado. Creo que los errores en la redacción respecto a lo que se quiere decir están relacionados a la falta de concentración con la que constantemente estamos expuestos: el ruido en las oficinas, la música que se escucha mientras se redacta o corrige un texto, las constantes interrupciones dadas por el medio: internet con el borbardeo de la información a la que gustosos accedemos; y un largo etcétera. Otro factor que influye en la redacción es querer meter información con calzador, situación que genera confusión y una redacción alejada de lo que se quiere expresar.

En el periódico Reforma, del martes 13 de agosto de 2013, viene la siguiente nota:

Se ata Megan Fox a su familia
Megan Fox, quien está embarazada de su segundo hijo, no tiene duda de que la familia es su prioridad actual; desea trabajar con Guillermo del Toro.
Hay varios detalles de redacción que seguramente Sandro Cohen analizará en su blog, aunque en realidad si uno revisa su blog ya lo ha hecho muchas veces. A mí me interesa resaltar el detalle del incesto que el redactor de Reforma le ha atribuido a la afamada actriz.

El uso de la preposición 'de' en "quien está embarazada de su segundo hijo" genera en la interpretación del texto un caso de anfibología (primer acepción del uso de la preposición), pues así como está expresada la idea indica que Megan Fox fue embarazada por su segundo hijo, como cuando decimos "Juana, quien está embarazada de Carlos, quiere hacer una película", y no que está embarazada y está por tener a su segundo hijo.

lunes, 6 de mayo de 2013

Así aprenden los niños

Hoy, mientras revisaba la tarea que tenía que hacer mi hijo, vi con horror una pequeña errata que saltó justo después de que notara una falta de precisión que había llamado mi atención y que era referida al cuento de Juan José Arreola.
     Hace unos días escribí por correo a un encargado editorial con el que me gustaría colaborar que justo es aterrador ver cómo la calidad de los libros en su redacción y en sus contenidos cada  día es menor. También le comentaba respecto a su preocupación al respecto que era muy severo tener juicios tan a la ligera debido a que para juzgar hay que analizar cuáles son las causas de tantos errores en los libros, factores como: libros para corregir que piden de un día para otro, que los correctores cada día tienen más factores que disminuyen la concentración, la deficiencia educativa, la mala paga al respecto y que obliga a los correctores a tomar más de un trabajo, y un largo etcétera.
     Respecto a los libros que corresponden a la educación son los libros con una mayor cantidad de errores. Aunque nunca he corregido uno conozco una de las causas pues tuve la experiencia de ser autor de un libro de la asignatura de Español para nivel secundaria. ¿Qué es lo que viví? Poco tiempo para escribir e investigar, para dar el enfoque necesario respecto a las exigencias de la SEP, y para detenerme y tratar de autocorregir. Un mes tenía como plazo para escribir el libro y además lo estaba escribiendo solo pues la editorial nunca me había informado que podía trabajar el libro en coautoría. Seguramente una cantidad bestial de errores se me fueron, desde los errores inofensivos hasta los verdaderamente hirientes, pero también era complicado escribir casi 260 cuartillas en un mes.
     Lo anterior lo digo porque creo saber qué pasó con el error en el libro de texto de mi hijo, que por cierto está publicado por una editorial de las importantes respecto a estos temas, sin embargo, es lamentable que en estas editoriales no entiendan lo importante que es darle tiempo a los libros para que tengan procesos que eleven su calidad sobre todo cuando ellos también son parte de la formación de los niños.


Aquí les dejo la imagen del libro donde está tal error.


lunes, 29 de abril de 2013

Diccionario editorial: Filete

Si lo primero que viene a tu mente cuando lees que la entrada tratará sobre filete es la incansable búsqueda de trabajo que se tiene que hacer en el oficio, entonces lamento desilusionarte. Esta entrada no tratará sobre consejos para ofrecer servicios.

En el mundo de la edición cuando se habla de filete (en México también se conoce como pleca) se hace referencia a una raya vertical u horizontal de distinto grosor que sirve para separar distintos elementos de una página, por ejemplo, el título del capítulo y el resto del texto del cuerpo; o el cuerpo y las notas al pie de página.

miércoles, 24 de abril de 2013

Eratas...

No hay mayor maldición para un corrector que el lector encuentre errores en el texto y los haga notar. Digo esto desde el punto de vista del corrector que soy. Sí, cuando te enseñan que algo se te fue sientes que se te revuelve el estómago y que eres el más ignorante de los correctores, que mereces trabajar en cualquier almacén, que mereces no ser. Lo sé, exagero un poco, pero la verdad es que duele mucho el orgullo cuando te enseñan los errores que "se te fueron".
          Yo procuro señalar los más graves que veo en los libros no con la intención de agraviar al compañero evidenciando su trabajo ante el lector (finalmente puedo ser medido con la misma vara), sino que hago esto con la idea de hacer que los compañeros de gremio se fijen (me incluyo en esto) más en lo que hacen.
          Ciertamente es raro el medio escrito que no tiene erratas, pero muchas son inocuas aunque idealmente sería bueno que no estuvieran ahí. Pero otras son realmente un gran descuido, como lo que pasó en el libro Una historia de la lectura de ALBERTO MANGUEL. Pongo el nombre y el apellido para que noten el problema que está en el colofón. (Sí, hay personas como yo que gustamos revisar el colofón para ver la tipografía utilizada, el papel y los pocos datos que la editorial nos quiera regalar).
          Sin más les dejo la errata:


      Pero este no es el único error que presenta el libro pues al final del cuerpo de texto agregaron los anexos. ¿Anexos? Lo que uno encuentra es de inmediato una nota donde aclara el autor que no incluye una bibliografía porque todos los libros que consultó están en las notas a pie de página ubicadas al final del cuerpo.
      Ciertamente es un libro pesado de leer. Y considero que es medianamente una justificación para el corrector y el editor pues seguro son de esos libros que uno ansia terminar, por lo pesados y aburridos, para así dar inicio a un nuevo libro.
      Es un libro pesado de leer no porque la información que contiene sea basta y difícil de digerir. No, para nada. La lectura del libro, al menos en mi caso, ha sido lenta (y tampoco se debe a sus casi 600 páginas); esto es más porque el libro no tiene orden. Las ideas están dispuestas sin una cronología que indique la historia de la lectura. En parte esto de se debe a que es una historia de la lectura, una muy personal y que parte desde una experiencia lectiva. Así, Manguel relaciona su experiencia lectora con la historia de la lectura y por eso va de la oralidad al libro de bolsillo.
      Además de la ausencia de un orden cronológico, el libro tiene juicios que a mi parecer no están cuidados con el respaldado que requieren estos temas. Me parece que hay un manejo de fuentes muy arbitrario.
      Pese a todos los inconvenientes que encuentro en el libro, además de los que aquí pretextan para hablar de él, es que es emotivo en el sentido de que es algo que va de lector a lector. Y en un interés totalmente personal me resulta interesante porque me dejó muy claro cómo es que los lectores ven el libro, por lo menos cierto tipo de lectores.

jueves, 18 de abril de 2013

Diccionario editorial: basa


Al igual que cornisa, basa es una palabra que tiene su origen en la arquitectura y que significa "asiento sobre el que se pone una columna o escultura". En términos editoriales, la basa es una línea que tiene la misma información que la cornisa pero ésta se sitúa en la parte inferior de la página. Cuando la basa se utilizará en un libro, hay que eliminar la cornisa.

lunes, 11 de marzo de 2013

Minucia de la lectura, II

[…] la manera en la que leemos hoy en el mundo occidental –de izquierda a derecha y de arriba abajo– no es, de ninguna manera, universal. Algunas escrituras se leen de derecha a izquierda (hebreo y árabe), otras en columnas, de arriba abajo (chino y japonés); unas pocas se leían en parejas de columnas verticales (maya); algunas tenían líneas alternas que se leían en direcciones opuestas, hacia atrás y hacia adelante –un método llamado bustrófedón, "como un buey da la vuelta cuando ara"–, en el griego antiguo. Y existen otras que serpenteaban por la página como en el juego de oca, señalando la dirección con líneas o puntos (azteca).

Alberto Munguel, Una historia de lectura.

viernes, 8 de marzo de 2013

Minucia de la lectura, I


[...] la lectura se ve afectada por el tiempo, el lugar, la tablilla, el pergamino, la página o la pantalla sobre cuya superficie se realiza el acto de leer.

Alberto Manguel, Una historia de una lectura.

martes, 5 de marzo de 2013

Reseña de Una historia de la lectura, por George Steiner

Los libros siempre invitan a leer otros libros, y éstos a otros junto con el material de apoyo (análisis, crítica, reseñas...). Al leer el texto de Superficiales una de sus referencias mencionaba a Steiner, pensador que me gusta leer por lo atinado de sus reflexiones y su narrativa tan estructurada, y porque además es uno de los pilares de mi tesis. Platicando con Alejandra Quijano (@Pisco07), a quien agradezco de nueva cuenta por su apoyo en la traducción del texto tan bello que escribió George Steiner, sobre Superficiales y sobre Steiner, ella se ofreció a apoyarme con la traducción del texto y posteriormente me regaló el libro al que se hace referencia y que ya he comenzado a leer.
El texto de Steiner dice mucho de interés para quien ama la leer por las referencias mismas, por el gusto compartido. En especial a mí me llama mucho la atención el párrafo donde menciona a Platón. Atrapa mi atención porque es la línea de investigación que he seguido durante ya varios años, es decir, la de poner en duda uno de los pilares de nuestra sociedad: el libro y la escritura como transmisores del conocimiento (relfexión/pensamiento) y aceptar a pie juntillas lo que se dice.

Sin más que agregar les dejo el texto de Steiner.



Ex Libris
Una carta de amor hacia la lectura

Trad. Alejandra Quijano

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El simple hecho de que usted esté leyendo esta reseña demuestra que pertenece, aunque sea casualmente, al mundo de los libros. Se nos olvida lo limitado que es ese mundo en el espacio y en el tiempo histórico; se nos olvida lo especializado que es el acto de la lectura. Por mucho tiempo grandes partes de la humanidad han pertenecido a las culturas de la oralidad: del mundo hablado; éstas son más antiguas que las de la escritura y las de la lectura. Las definiciones mismas del alfabetismo básico están en disputa; pero aún hoy en día las habilidades de lectura entre cientos de millones de individuos permanecen rudimentarias. La alfabetización externa del Occidente industrialmente desarrollado es engañosa. Numerosos hombres y mujeres leen únicamente para fines inmediatamente utilitarios, y quizás apenas un libro al año. La gama de hábitos que distinguen al lector obsesivo, al poseído por los libros para quien, como dijo Flaubert, leer es estar vivo, de los hábitos de un hombre o una mujer que descifran los titulares de los tabloides o sólo echan un vistazo a las tiras cómicas, es un inmensa.
Decenas de milenios preceden a los libros y los pasarán. La antigüedad de las inscripciones ceremoniales, los rótulos comerciales y los pictogramas podría extenderse hacia el cuarto milenio Antes de Cristo; sin embargo, los medios y el acto de la lectura que damos por sentado, llegaron más tarde. Las referencias de Platón indican la disponibilidad de textos filosóficos en forma de rollos que se podían consultar en caso de que la memoria fallara. Los estudiosos difieren al estimar el número de hombres y mujeres en la antigua Atenas que podían leer algo más que las inscripciones en los monumentos públicos, o que quisieran hacerlo. La célebre anécdota en Las confesiones de San Agustín que narra cómo su maestro, Ambrosio de Milán,  fue uno de los primeros hombres que aprendieron a leer en silencio, sin mover los labios, está ahora en duda. Ciertamente, la lectura silenciosa se ​​registró antes. Pero, ¿cuántos habían dominado ésa habilidad? Las voluminosas épicas de Homero pudieron ser escritas y puestas a disposición de los lectores privados cuando el papiro y las pieles animales procesadas para pergamino se volvieron técnica y económicamente accesibles. Para innumerables comunidades y lenguas, un texto escrito siguió siendo exactamente lo que la palabra "litografía" denota: letras talladas en roca o piedra. Fue hasta los tiempos de la Alejandría helénica y su famosa biblioteca que la vida de los libros, tal como la conocemos, se desplegó en la conciencia occidental. ¿Por cuánto más tiempo durará esta vida? Esta es una pregunta fascinante.
Es precisamente la incertidumbre en torno al formato clásico que tiene el libro lo que en las últimas décadas generó un gran interés académico en la historia de la lectura. Los estudios sistemáticos sobre el desarrollo de las bibliotecas públicas y privadas, sobre la impresión y venta de libros, sobre la censura y sobre la economía de la literatura, han producido un importante cuerpo de conocimientos y de comprensión, especialmente en Francia, donde los archivos son extensos. Más que nunca sabemos cómo los textos se producían y se leían en la antigua Grecia y Roma, en la París medieval, en la Venecia del Renacimiento y en los centros intelectuales de la Ilustración. Se ha explorado la privilegiada coincidencia entre el literario histórico de excelencia (Dickens, Carlyle, Macaulay) y el del mundo del best seller en la época victoriana, el papel fundamental de la pequeña prensa y las semiprivadas en los movimientos modernistas, la distribución samizdat o clandestina de las obras prohibidas bajo el antiguo régimen y el despotismo soviético, así como la explosiva historia del libro de bolsillo. En la actualidad los académicos de la historia social y de género están recurriendo a cuestiones tan elusivas como la accesibilidad de los libros a las mujeres, por ejemplo, en la Edad Media o en el siglo XVII. Otro campo bastante estudiado es el de los hábitos de lectura de los niños y la ilustración de los libros. Como el enigmático autor de Eclesiastés diría: "el hacer libros sobre libros no tiene fin".
Ahora, Alberto Manguel presenta Una historia sobre la lectura. Este autor pertenece sólo marginalmente a esta multitud de estudiosos. Él es un apasionado bibliófilo, coleccionista, conocedor de la fantasía literaria, de la literatura erótica y  la literatura gay. Él es un antólogo, políglota y traductor, cuyos orígenes en Buenos Aires lo ligan deliberadamente a la academia universal de Borges. Es fácilmente encontrado en medio de los puestos de libros de Londres y París. Pero él sigue siendo, en el sentido propio y etimológico de la palabra, un amateur; es decir, es un amante y no un especialista o un técnico. Su ritmo es pausado y errático. Él examina cuidadosamente entre las fuentes y motivos. Las ilustraciones de esta "historia de la lectura" han sido escogidas para causar sorpresa y alegría. Incluso cuando enlista aprendizajes recientes el texto de Manguel sigue conservando el encanto burlón y ​​el totalmente personal (a menudo autobiográfico) gozo de las memorias de numerosos coleccionistas de libros. Kipling, Stevenson y Henry James son para Manguel, como lo fueron para Borges, presencias familiares y cómplices en este "vicio sin castigo" (definición ofrecida  en la presentación de este libro por Valery Larbaud, otra bibliófila y traductora de rara finura).
Los capítulos se suceden como en un laberinto suave. Pasamos de declaraciones algo vagas en la universalidad social de la lectura (un axioma sostenible sólo si le damos a "leer" un sentido casi amorfo) a la revisión neófita de la psicología o la neurofisiología del acto de la lectura realizado en el ojo y en el cerebro. Una consideración de la lectura en silencio es seguida por una sección sobre las artes de la memoria y la capacidad de los libros para preservar (sobre todo si los comprometemos al recuerdo exacto) lo que podría caer en el olvido. Una anécdota conmovedora (Manguel es, ante todo, un narrador) resume el caso: condenado a muerte en el campo nazi de Sachsenhausen, un famoso erudito que conocía a muchos clásicos de memoria "se ofreció como una biblioteca para ser leído por sus compañeros de prisión";  Manguel escribe: "Imaginé al anciano en ese lugar oscuro y  sin esperanza,  aceptado alguna solicitud de Virgilio o Eurípides, abriéndose en una página determinada y recitando las palabras antiguas para sus lectores sin libros”. De hecho, esta es la forma en que muchos de los poemas de Mandelstam fueron preservados y transmitidos bajo el terror estalinista.
El capítulo sobre el aprendizaje de la lectura también contiene anécdotas iluminadoras, especialmente con respecto a las diferencias entre niños y niñas en las comunidades premodernas. Uno se obsesiona con esa fotografía de Helen Keller sentada junto a una ventana y pasando sus manos sobre un texto en Braille. Una anécdota sobre la lectura infantil de Kafka nos lleva a las fascinantes interacciones entre imagen y texto, a la "lectura" en las imágenes de los vitrales y estatuas de medieval por analfabetos incapaces de descifrar las Escrituras. Hoy en día, el cómic, la televisión y la publicidad masiva están revirtiendo a esta sub o icónica alfabetización. Cada vez más el lenguaje es leyenda. Además, como nos recuerda Manguel, la imprenta en Occidente deriva inmediatamente de la ilustración. Fueron los bloques grabados en madera utilizados para la reproducción de imágenes los que inspiraron a los experimentos de Gutenberg en el corte de letras reutilizables a finales de 1440 y principios de 1450. Pronto los libros impresos se pudieron tener en formatos privados y portátiles. Fue una evolución variada, llena de gente, pero lógica, desde el invento de Gutenberg hasta el lanzamiento, el 30 de julio de 1935, de los primeros diez libros de la editorial Penguin, mágicamente a un precio de seis peniques por volumen.
Después de diversas distracciones (imágenes de la lectura de Whitman, Proust y Colette) Alberto Manguel se desplaza hacia atrás: regresa a rollos de papiro y a la fundación de las primeras bibliotecas grandes en el mundo helenístico. La biblioteca de Alejandría tenía fama de contener casi medio millón de rollos; cuarenta mil más se mantuvieron en un anexo adjunto al Templo de Serapis. Del barro fértil del Nilo surgió la fauna de los bibliotecarios, los gramáticos, los editores y los revisores de libros.
Una breve meditación sobre el robo de los libros es tristemente vívida. Una cita que hace que todo valga la pena, se deriva de la biblioteca del monasterio de San Pedro en Barcelona:
Para aquél que roba, o pide prestado un libro y a su dueño no lo devuelve, que se le mude en sierpe la mano y lo desgarre. Quede paralizado y condenados todos sus miembros. Que desfallezca de dolor, suplicando a gritos misericordia, y que nada alivie sus sufrimientos hasta que perezca. Que lo gusanos de los libros le roan las  entrañas como lo hace el remordimiento que nunca cesa. Y que cuando, finalmente, descienda al castigo eterno, que las llamas del infierno lo consuman para siempre.

A la que todas las víctimas de tales depredaciones dirán "Amén".
Un diálogo totalmente irrelevante sobre Rilke como traductor lleva a la "lectura prohibida" y a un epílogo sobre la abierta y felizmente interminable naturaleza de la materia de los libros. El espíritu vagará por siempre en La biblioteca de Babel de Borges, en esa casa de laberintos sin límites con todos los libros posibles, incluyendo los que se perdieron, los que vendrán, y los que nunca se escribirán. Porque la vida humana es también, enfáticamente, el Libro de la Vida.
Manguel es un compañero generoso y sería una grosería detenerme a examinar varias inexactitudes. Lo que es preocupante es su ignorancia o indiferencia despreocupada sobre las dificultades planteadas en su tema. No ha existido mayor  maestro de la lengua y el texto que Platón, cuya crítica de la lectura no ha perdido nada de su fuerza inquietante. Los libros conducen a la erosión de la memoria humana, ya que son el almacén de nuestro ser y la fuente del conocimiento y la imaginación creativa. Escrito, el discurso impreso adquiere una autoridad totalmente falsa. Inevitablemente se buscan verdades fijas y probadas, cuando la obtención de tales verdades debe ser en todo momento, un proceso dinámico, provisional, y de autocorrección. Lo peor de todo: un libro no puede responder al desafío inmediato ni al cuestionamiento, como lo haría un interlocutor en el diálogo directo. El lector no puede responderle al libro, ni obtener respuesta inmediata, ni exigir aclaraciones. Para Wordsworth, "un impulso de la madera primaveral" sobrepasa la estructura secundaria y parasitaria del aprendizaje de los libros, del polvo de la biblioteca. Más radicalmente aún, los herederos de los fundamentos anarquistas de Tolstói sostuvieron que ni Shakespeare ni Pushkin son más beneficiosos para las personas que un buen par de zapatos.  Los quemadores de libros (al menos los teóricos) no siempre han sido matones totalitarios. Hay un caso contencioso que, una y otra vez, requiere refutación.
¿El libro, tal como la conocemos, tiene un futuro? La revolución de Gutenberg aceleró y disminuyó los costos, y multiplicó inmensamente la producción de los textos escritos. No transformó, fundamentalmente, la naturaleza de las relaciones entre el escritor, el lector y el libro. La revolución electrónica ahora en progreso, por otra parte, está generando mutaciones en cada aspecto de la escritura y la lectura. De hecho, en la estructura de su propio significado, el CD-ROM, la Internet, la miniaturización de bibliotecas enteras en los microchips, el acceso inmediato a extensas bibliografías y los todavía incalculables servicios que ofrece la realidad virtual, han hecho  que el impacto de los tipos móviles de Gutenberg sea considerablemente pequeño. Ahora, el humilde procesador de textos permite la recomposición de cualquier texto o el collage de un conjunto de textos en superposición al gusto y referencias cruzadas. Ahora los libros pueden ser escritos, editados, producidos y publicados a través de Internet y desde el hogar. Los fundamentos de la relación entre el texto y la imagen se están modificando. La concepción del planeta como un libro viviente, como un depósito único de información, de registro, de entretenimiento, de argumento retórico (cada dominio especial interrelacionado con todos los demás a través de las sinapsis electrónicas de reconocimiento, clasificación y traducción, ¿como en el cerebro humano?) ya no es una fantasía de la ciencia ficción.
En gran medida, las condiciones socioeconómicas del acto clásico de la lectura (Erasmus, Montaigne, Jefferson, en sus bibliotecas privadas) ya no se pueden obtener o se  obtienen sólo en el artificio de la academia. Ahora, el silencio, el arte de la concentración y la memorización y los lujos del tiempo para la "lectura de altura" se han dispersado considerablemente. Los libros de bolsillo no forman bibliotecas. Sin embargo, incluso estas erosiones, junto con la crisis en la enseñanza de las artes literarias y las lenguas antiguas que suscribieron la alfabetización occidental, son casi insignificantes en comparación con el nuevo mundo de la electrónica. Es muy posible que ya estemos presenciando los primeros síntomas de esta transmutación en la práctica real de la literatura. Las formas con fuertes raíces en la oralidad, como la poesía y el teatro, son formidablemente vitales. La novela tradicional, con su dependencia esencial en la palabra escrita y la lectura en silencio, en un sentido de clase media de la racionalidad narrativa y la resolución (como en la música tonal), se ha reducido, en gran medida, a la convencionalidad empaquetada. No es sólo, como el postmodernismo proclama: "El fin de los grandes relatos" es el cambio radical en la manera en que éstos se narraban y se conservaban
Los libros se siguen produciendo y publicando en grandes números. Los manuscritos ilustrados se siguieron produciendo mucho después de Gutenberg. Los períodos de transición son difíciles de descifrar, también son intensamente estimulantes. Uno puede intuir sacudidas sísmicas que afectan nuestras percepciones culturales del tiempo y de la muerte individual. Estos periodos ponen en tela de juicio a las afirmaciones de la literatura, del pensamiento escrito, y de la gloria individual en su  supervivencia "para todos los tiempos". Milton sostenía que un buen libro es "la sangre vital de un espíritu maestro". Sin duda este precioso licor continuará fluyendo, pero tal vez, en canales completamente diferentes y en tubos de ensayo. Los niños y las niñas que en los teclados de sus computadoras tropiezan con puntos de vista de la lógica y con los fractales, no pueden leer ni escribir en cualquier "libro en su estricto sentido", ¿son analfabetas?

Tiempo y lectura

[...] las sociedades sin escritura tienen un sentido lineal del tiempo, mientras que en aquellas donde se lee y escribe el tiempo es acumulativo [...]

Frase de Philippe Descola y citado por Alberto Manguel en Una historia de la lectura.

lunes, 25 de febrero de 2013

Reiventar el libro, una eterna tarea

Recientemente he estado leyendo un libro que ha hecho mucho ruido por la red: Superficiales, de Nicholas Carr. En éste he encontrado infindad de datos que han llamado mi atención, lo que ha hecho que trate de consultar la mayor cantidad de las referencias del libro pues algunos me parecen argumentos sumamente débiles y otros muy fuertes e interesantes.
     El presente texto es una de las referencias del libro, una de las muchas que ha llamado mi atención. Hay algunos puntos sumamente interesantes que marcaré con color azul. El resto del texto queda como parte del proceso que está experimentando la industria de la edición.
    Sin más, quiero agradecer a Alejandra Quijano (@Pisco07) por su apoyo en la traducción del texto y sin la cual esta entrada no sería posible. Cabe señalar que el texto no muestra mucha coherencia, problema que no se debe a la traducción sino ya a la redacción misma de la entrada de Tim O'Reilly. Posiblemente esto sea así porque está acostumbrado a las presentaciones de PowerPoint. Quien guste acceder al artítulo en inglés, el link está en el título.



Hoy en día hay mucha emoción sobre los libros electrónicos y con razón. Aunque Amazon no divulga las cifras de sus ventas para el Kindle, no hay duda de que representa un punto de inflexión en la percepción pública de los dispositivos de libros electrónicos. Y por supuesto existe Stanza, una plataforma abierta para libros electrónicos adecuada para el iPhone que ha sido descargada más de un millón de veces (y ahora ha sido comprada por Amazon).
Pero simplemente colocar los libros en dispositivos electrónicos es sólo el comienzo. Como he dicho durante años esto se parece mucho a grabación con una cámara una obra de teatro y decir que es una película. Sí, eso es más o menos lo que hicieron en muchas de las primeras películas, pero con el tiempo, las herramientas de producción y consumo realmente cambiaron el formato de lo que se produce y se consume. Los ángulos de cámara, el ritmo, las técnicas de edición, iluminación, filmación y los efectos especiales: todas estas innovaciones han hecho que las películas (y la televisión) de hoy sean muy diferentes a las primeras películas. YouTube lo llevó a otro nivel. ¿Por qué los libros han de ser diferentes? (Aparte: Bruce Sterling acaba de publicar una afrenta increíble en este tema - cómo el contexto de revistas de ficción  “pulp” determinaron los principios de la ciencia-ficción.)
En nuestro trabajo en O'Reilly como autores y editores, hemos estado interesados durante mucho tiempo en explorar cómo los medios en línea han cambiado la presentación, la narrativa y la estructura del libro, no sólo de su precio o formato.
Una muestra de mi último experimento, El libro Twitter, se puede ver a continuación.
Ahora, usted puede preguntarse, ¿cómo un libro escrito en PowerPoint puede ser un experimento de publicación en la Web? ¡Es alucinante!
La web ha cambiado la naturaleza de la forma en que leemos y aprendemos. La mayoría de los libros siguen utilizando el viejo modelo de un relato sostenido como principio organizativo. Aquí hemos utilizado un modelo similar a una red de páginas independientes, cada una de las cuales puede ser leída por separado (o máximo en grupos de dos o tres) para impartir puntos clave, resaltar técnicas interesantes o las mejores aplicaciones para una tarea dada. Debido a que los fundamentos son tan fáciles, no hay necesidad de repetirlos como se hace en tantos libros técnicos. En cambio, podemos confiar en el lector para proporcionar (o gran parte de) la estructura narrativa implícita y entrar de lleno a los puntos que él no pudo haber pensado.
Tal vez la mayor motivación fue la necesidad de velocidad. No podíamos imaginar escribir un libro sobre Twitter que no se volviera inmediatamente obsoleto debido a que  cada día aparecen nuevas aplicaciones, además el espíritu de la época para mejores prácticas de Twitter evoluciona con la misma rapidez. Así que necesitábamos un formato que fuera muy fácil de actualizar. (Una vez más, la estructura modular ayuda, ya que las nuevas páginas se pueden insertar sin necesidad de reorganizar el documento completo). Tenemos la intención de actualizar el Libro Twitter con cada nueva impresión.
La idea de escribir el libro en PowerPoint vino a mí mientras estaba pensando sobre lo rápido que puedo escribir una nueva ponencia: Yo generalmente uso imágenes como viñetas visuales para recordar el orden de mis puntos principales, sé sobre qué quiero hablar cuando veo cada imagen. Además las imágenes son una manera memorable y entretenida para contar una historia. Me di cuenta de que todo lo que tenía que hacer era escribir algunas notas equivalentes a lo que estaría diciendo si estuviera dando esto como una exposición. (Y de hecho, voy a utilizar partes del libro como base para mi conferencia esta tarde en la Cumbre de Inbound Marketing, y unas semanas más tarde en el Campamento de entrenamiento para Twitter).
Por supuesto, tener a la increíble Sarah Milstein como coautora me ayudó mucho. De inmediato comprendió el concepto, y dado a que sabe que casi todo lo que hay que saber sobre el mundo de apps de Twitter, herramientas y técnicas,  ella en realidad proporcionó gran parte del contenido del libro. Esto me permitió dedicar tiempo a dar mis puntos de vista sobre las cuestiones que interesan particularmente, más que demostrar mi acercamiento a twitter.
Pero incluso allí vimos un beneficio real en el formato del libro. Como ha demostrado la Wikipedia, la colaboración es más fácil cuando los documentos se construyen con una arquitectura modular. Es difícil coordinar una narrativa compleja (incluso los autores individuales a veces pierden el hilo en los detalles de su trama);  es mucho más fácil trabajar las cosas en unidades independientes que comparten un formato “inter-operable” común.
Exploré por primera vez este enfoque modular para libros en las herramientas eléctricas de Unix, un libro que escribí en 1993 con el objetivo explícito de emular el estilo de hipertexto de la web en un libro impreso. El libro consta de un millar de artículos relacionados entre sí. En el libro impreso los hipervínculos eran en forma de referencias cruzadas a los artículos numerados individualmente. En las versiones en línea, como la de Safari Books Online las referencias cruzadas se expresan como hipervínculos reales.
Del mismo modo el "libro de cocina" es una serie de libros técnicos (cuyo formato se originó por Nat Torkington en 1998 con la primera edición del libro de cocina de Perl), efectivamente crea una base de datos de respuestas a problemas comunes.
En 2003 Dale Dougherty y Dornfest Rael desarrollaron la serie Hacks, otro acercamiento a los libros como colecciones de páginas vagamente relacionadas. Los libros de Hacks proporcionaron una colección de consejos, trucos y documentación sobre los métodos de resolución de problemas de los usuarios modernos.
Por supuesto, la modularidad no es lo único que los editores pueden aprender de los nuevos medios. La propia web, llena de enlaces a fuentes, oponiéndose o apoyando puntos de vista, con multimedia y comentarios del lector, ofrece innumerables lecciones sobre cómo los libros cambian cuando se manejan en línea. También hacen externalización comunitaria (crowdsourcing).  
Pero me gustaría recordar a los editores que son expertos tanto en la vinculación y en el crowdsourcing que después de todo, cualquier  trabajo sustancial de no-ficción es una obra maestra de curaduría de enlaces. Y es que cuando nos referimos a libros electrónicos, no se dan cuenta de que tenemos que convertir las notas al pie y la bibliografía en enlaces activos. ¿Cuántos editores escriben sus propios libros?  Por años, los editores han construido procesos empresariales eficaces para descubrir y promover el talento de aquellos que descubren en el resto del mundo (Recordatorio: Bloomsbury no escribió Harry Potter, sino que fue obra de una madre soltera). Pero de nuevo, no hemos podido actualizar estos procesos para el siglo XXI. ¿Cómo podemos utilizar la red para encontrar nuevos talentos, y una vez encontrado, ayudarlos a crecer?
No excluyo a O'Reilly (editorial) de esa crítica. Aunque hemos hecho muchos proyectos pioneros, no hemos llegado a la altura de nuestra propia visión del libro electrónico del futuro. Por ejemplo, Safari Books Online, nuestra biblioteca en línea, reconoce que la obra de referencia del futuro es mucho más grande que un solo libro. Pero hemos hecho un pobre trabajo en la actualización de las obras en esa biblioteca para ser más como el internet, es decir, en la manera que acabo de esbozar. Todavía es primordialmente una colección de libros en línea. (Estamos agregando videos, más contenido web, y trabajando para actualizar los libros para que sean más ricos en enlaces, pero no hemos avanzado tanto como me gustaría).
Mire cualquier libro electrónico y pregúntese cómo podría ser más rico, más accesible, más poderoso. Piense si se aproxima a la tarea que estaba tratando de hacer, si le da un nuevo enfoque. Muchos de los productos resultantes no parecen libros en lo absoluto. Después de todo, Google Earth es el nuevo Rand McNally, Wikipedia es la nueva Británica, el propio Google es el nuevo competidor a muchas obras de referencia, YouTube se ha convertido en un vehículo para el aprendizaje en tiempo real, y World of Warcraft es la nueva novela fantástica envolvente. ¿Qué trabajo hacemos los editores?  Y ¿cómo pueden los nuevos medios ayudarnos a hacerlo mejor?

miércoles, 6 de febrero de 2013

Sin ton ni son

Escribir puede ser uno de los actos más complicados de elaborar; quien diga que es una labor fácil nunca se ha sentado frente a una computadora a escribir una cuartilla o dos de contenido coherente. Nadie podrá negar que una vez que logra romper con el blanco de la pantalla (o la hoja) las palabras brotan de las manos a un ritmo que es en verdad impresionante. Cuando nos damos cuenta ya se ha terminado una línea, un párrafo, una cuartilla, un capítulo. Sé que muchos han de pensar que estoy loco respecto a lo que digo de la velocidad, pero una vez que ya estamos escribiendo no hay nada que nos pare, más cuando se tiene la costumbre de escribir una línea o una cuartilla diario. Cabe señalar que escribir una cuartilla por día es una labor que me propuse hacer desde que entre a la universidad, y después de más de una década puedo sentirme orgulloso de que cuando me propongo escribir un texto de mayor extensión lo logro con relativa facilidad.
     Regresando a lo que iba, escribir rápido, como los latidos del corazón, tiene la desventaja de que descuidamos la coherencia de un texto, de que de pronto estamos repitiendo palabras, o ideas, o freases, o que lo que está plasmado no tiene sentido. La coherencia que tiene el texto se soluciona con relativa facilidad. Lo primero que hay que hacer es leer lo que se acaba de terminar, aunque esto depende del modo de ser de nuestro texto. Cuando escribo cuento, poesía o algún ensayo, suelo dejarlos reposar, olvidar un poco lo escrito, para poder entrar de otro modo al texto, para ver lo que no me gusta y corregirlo. En el caso de textos para el blog, la revisión casi siempre la hago cuando he terminado de escribir. He ahí la razón de que algunas veces hay problemas de redacción.
     Si no leemos lo que escribimos, no podemos ver la estructura del escrito y por ello mismo, tampoco se puede ver la coherencia. Hace tiempo corregí un texto que me dio mucha risa porque justo no había coherencia con lo escrito. He aquí el caso:
Fondo de un altar de día de muertos (Imagen 13 de referencia) sin calaveritas, pan de muerto, veladoras ni cruz de Cempaxúchitl.
     Aunque es una instrucción para el diseño que acompañará el video, la instrucción es risible y totalmente falta de coherencia. El hecho de que el autor no haya leído lo que pedía hizo que a mí me diera unos minutos de felicidad y que justificara mi trabajo.
     Así que ya saben, a leer lo que se escribe para no pedir altares que serán como de Día de muertos pero sin nada del Día de muertos. Finalmente, recuerden que si lo que se quiere es ser leído, lo mínimo que se puede hacer es revisar que se entienda bien lo que queremos comunicar. 

miércoles, 23 de enero de 2013

El recurrente y/o no es necesario

Cada día resulta más común encontrar la fórmula y/o en las oraciones que supongo tienen la intención de resaltar el hecho de que lo que se expresa puede incluir y excluir una cosa, idea, derecho o petición al mismo tiempo, o no. Supongo que este uso nos viene dado desde el lenguaje legal. Sospecho esto porque en días pasados y debido al accidente que tuvo uno de mis familiares, la declaración que se realizó ante el Ministerio Público tuvo que enunciarse con la fórmula mencionada.
    La fórmula que a mí me resulta particularmente molesta la he visto en oraciones como las siguientes:

Los alumnos deben explorar y/o analizar el concepto de ley.

Para realizar los trámites debe traer una identificación oficial y/o el pasaporte.

Recuerdo que cuando estudiaba Filosofía y tomé el curso de Lógica proposicional nos dedicamos dos semanas a estudiar el uso de la conjunción (y) y de la disyunción (o). Ambos conectores tienen mucha importancia porque a partir de ellos se pueden realizar diferentes análisis y llegar a formulaciones como un condicional. No prentendo meterme con tablas de verdad para explicar la estructura de ambas conjuciones, pero sí me interesa analizar el porqué la fórmula y/o no es necesaria y es un vicio de redacción.

Respecto a la conjunción (y) hay que entenderla como la unión de dos proposiciones (entiéndase una proposición como una unidad mínima que expresan o dicen algo del mundo, por ejemplo, El cielo es rojo, o Me compré un lapiz de color verde, o La naturaleza humana está en constante conflicto), por ejemplo:
Fui al cine y me compré un helado.
     Como se puede ver en la oración anterior, hay dos proposiciones. La primera enuncia que (Yo) Fui al cine; la segunda, (Yo) Compré un helado. Ambas proposiciones mantienen una unidad dada por la conjunción, en cierto sentido esta unidad es temporal y espacial dado que las dos acciones se llevaron a cabo en el cine. Pese a la unidad, ambas oraciones pueden ser simplificadas, es decir, puede eliminarse la la oración dada por la conjunción y cada una ser una oración independiente. Por eso en términos de la lógica y de la relación con la verdad y validez de un juicio, el único caso en que la conjunción es verdadera es cuando ambos conjuntos son verdaderos, es decir, en realidad pasan ambos y al mismo tiempo. Esto quiere decir que para que una oración dada desde una conjunción sea verdadera es necesario que ambos conyuntos se den de facto.
    Ahora bien, en lo que respecta a la disyunción (o) estamos hablando de otro conector que nos permite elegir. La disyunción tiene la particularidad de ser excluyente o incluyente, y esto queda claro con la manera de redactar la proposición.
    Una disyunción excluyente es la que nos da a elegir sólo uno de los dos disyuntos. Por ejemplo, cuando se pone una oración que dice Vamos al cine o al teatro se están dando como opción sólo una de las dos opciones. En pos de la claridad se puede agregar a la preposición un ...pero no ambos y así queda mucho más claro porque siempre se puede pensar que es posible querer ir al cine y terminando la película ir al teatro. Otra manera de redactar esta disyunción es diciendo O vamos al cine o vamos al teatro (y se puede agregar el ...pero no ambos). Por el contrario, la disyunción inclusiva es la que indica que de las opciones presentadas pueden suceder o escogerse ambas, como ya quedó expresado en la explicación de la disyunción exclusiva. Por ambas maneras en que la disyunción se presenta, el único caso donde se da la falsedad es cuando ambos disyuntos no suceden.
    Creo que es por la característica de la disyunción que las personas se sienten obligadas a alcarar y acotar el sentido de la oración y por eso recurren a la fórmula y/o. Sin embargo, como se puede deducir, no es necesario. Lo que la fórmula indica, como señalé arriba, es que lo dicho en la oración debe pasar necesariamente, ya sea porque ambas oraciones se den o porque alguno de sus miembros sucedan. Y el y/o reclaca que no puede suceder que no pase ni uno ni otro elemento. Basta tener un par de dedos en la frente para darse cuenta de que la fórmula y/o sucede en la disyunción tal y como estamos acostumbrados a manejarla en el lenguaje contidiano, es decir, con una mera conectiva:

Es mentira lo que yo digo respecto a la fórmula y/o o estoy diciendo la verdad respecto a la no necesidad de la fórmula y/o.

Quizá mi en mi oración se den los dos casos (verdadero y verdadero), quizá no, pero lo cierto es que no pueden ser falsas mis dos oraciones y en todo caso ustedes, queridos lectores, pueden investigar sobre el tema consultando cualquier manual de lógica proposicional.

Salud a todos.