lunes, 25 de febrero de 2013

Reiventar el libro, una eterna tarea

Recientemente he estado leyendo un libro que ha hecho mucho ruido por la red: Superficiales, de Nicholas Carr. En éste he encontrado infindad de datos que han llamado mi atención, lo que ha hecho que trate de consultar la mayor cantidad de las referencias del libro pues algunos me parecen argumentos sumamente débiles y otros muy fuertes e interesantes.
     El presente texto es una de las referencias del libro, una de las muchas que ha llamado mi atención. Hay algunos puntos sumamente interesantes que marcaré con color azul. El resto del texto queda como parte del proceso que está experimentando la industria de la edición.
    Sin más, quiero agradecer a Alejandra Quijano (@Pisco07) por su apoyo en la traducción del texto y sin la cual esta entrada no sería posible. Cabe señalar que el texto no muestra mucha coherencia, problema que no se debe a la traducción sino ya a la redacción misma de la entrada de Tim O'Reilly. Posiblemente esto sea así porque está acostumbrado a las presentaciones de PowerPoint. Quien guste acceder al artítulo en inglés, el link está en el título.



Hoy en día hay mucha emoción sobre los libros electrónicos y con razón. Aunque Amazon no divulga las cifras de sus ventas para el Kindle, no hay duda de que representa un punto de inflexión en la percepción pública de los dispositivos de libros electrónicos. Y por supuesto existe Stanza, una plataforma abierta para libros electrónicos adecuada para el iPhone que ha sido descargada más de un millón de veces (y ahora ha sido comprada por Amazon).
Pero simplemente colocar los libros en dispositivos electrónicos es sólo el comienzo. Como he dicho durante años esto se parece mucho a grabación con una cámara una obra de teatro y decir que es una película. Sí, eso es más o menos lo que hicieron en muchas de las primeras películas, pero con el tiempo, las herramientas de producción y consumo realmente cambiaron el formato de lo que se produce y se consume. Los ángulos de cámara, el ritmo, las técnicas de edición, iluminación, filmación y los efectos especiales: todas estas innovaciones han hecho que las películas (y la televisión) de hoy sean muy diferentes a las primeras películas. YouTube lo llevó a otro nivel. ¿Por qué los libros han de ser diferentes? (Aparte: Bruce Sterling acaba de publicar una afrenta increíble en este tema - cómo el contexto de revistas de ficción  “pulp” determinaron los principios de la ciencia-ficción.)
En nuestro trabajo en O'Reilly como autores y editores, hemos estado interesados durante mucho tiempo en explorar cómo los medios en línea han cambiado la presentación, la narrativa y la estructura del libro, no sólo de su precio o formato.
Una muestra de mi último experimento, El libro Twitter, se puede ver a continuación.
Ahora, usted puede preguntarse, ¿cómo un libro escrito en PowerPoint puede ser un experimento de publicación en la Web? ¡Es alucinante!
La web ha cambiado la naturaleza de la forma en que leemos y aprendemos. La mayoría de los libros siguen utilizando el viejo modelo de un relato sostenido como principio organizativo. Aquí hemos utilizado un modelo similar a una red de páginas independientes, cada una de las cuales puede ser leída por separado (o máximo en grupos de dos o tres) para impartir puntos clave, resaltar técnicas interesantes o las mejores aplicaciones para una tarea dada. Debido a que los fundamentos son tan fáciles, no hay necesidad de repetirlos como se hace en tantos libros técnicos. En cambio, podemos confiar en el lector para proporcionar (o gran parte de) la estructura narrativa implícita y entrar de lleno a los puntos que él no pudo haber pensado.
Tal vez la mayor motivación fue la necesidad de velocidad. No podíamos imaginar escribir un libro sobre Twitter que no se volviera inmediatamente obsoleto debido a que  cada día aparecen nuevas aplicaciones, además el espíritu de la época para mejores prácticas de Twitter evoluciona con la misma rapidez. Así que necesitábamos un formato que fuera muy fácil de actualizar. (Una vez más, la estructura modular ayuda, ya que las nuevas páginas se pueden insertar sin necesidad de reorganizar el documento completo). Tenemos la intención de actualizar el Libro Twitter con cada nueva impresión.
La idea de escribir el libro en PowerPoint vino a mí mientras estaba pensando sobre lo rápido que puedo escribir una nueva ponencia: Yo generalmente uso imágenes como viñetas visuales para recordar el orden de mis puntos principales, sé sobre qué quiero hablar cuando veo cada imagen. Además las imágenes son una manera memorable y entretenida para contar una historia. Me di cuenta de que todo lo que tenía que hacer era escribir algunas notas equivalentes a lo que estaría diciendo si estuviera dando esto como una exposición. (Y de hecho, voy a utilizar partes del libro como base para mi conferencia esta tarde en la Cumbre de Inbound Marketing, y unas semanas más tarde en el Campamento de entrenamiento para Twitter).
Por supuesto, tener a la increíble Sarah Milstein como coautora me ayudó mucho. De inmediato comprendió el concepto, y dado a que sabe que casi todo lo que hay que saber sobre el mundo de apps de Twitter, herramientas y técnicas,  ella en realidad proporcionó gran parte del contenido del libro. Esto me permitió dedicar tiempo a dar mis puntos de vista sobre las cuestiones que interesan particularmente, más que demostrar mi acercamiento a twitter.
Pero incluso allí vimos un beneficio real en el formato del libro. Como ha demostrado la Wikipedia, la colaboración es más fácil cuando los documentos se construyen con una arquitectura modular. Es difícil coordinar una narrativa compleja (incluso los autores individuales a veces pierden el hilo en los detalles de su trama);  es mucho más fácil trabajar las cosas en unidades independientes que comparten un formato “inter-operable” común.
Exploré por primera vez este enfoque modular para libros en las herramientas eléctricas de Unix, un libro que escribí en 1993 con el objetivo explícito de emular el estilo de hipertexto de la web en un libro impreso. El libro consta de un millar de artículos relacionados entre sí. En el libro impreso los hipervínculos eran en forma de referencias cruzadas a los artículos numerados individualmente. En las versiones en línea, como la de Safari Books Online las referencias cruzadas se expresan como hipervínculos reales.
Del mismo modo el "libro de cocina" es una serie de libros técnicos (cuyo formato se originó por Nat Torkington en 1998 con la primera edición del libro de cocina de Perl), efectivamente crea una base de datos de respuestas a problemas comunes.
En 2003 Dale Dougherty y Dornfest Rael desarrollaron la serie Hacks, otro acercamiento a los libros como colecciones de páginas vagamente relacionadas. Los libros de Hacks proporcionaron una colección de consejos, trucos y documentación sobre los métodos de resolución de problemas de los usuarios modernos.
Por supuesto, la modularidad no es lo único que los editores pueden aprender de los nuevos medios. La propia web, llena de enlaces a fuentes, oponiéndose o apoyando puntos de vista, con multimedia y comentarios del lector, ofrece innumerables lecciones sobre cómo los libros cambian cuando se manejan en línea. También hacen externalización comunitaria (crowdsourcing).  
Pero me gustaría recordar a los editores que son expertos tanto en la vinculación y en el crowdsourcing que después de todo, cualquier  trabajo sustancial de no-ficción es una obra maestra de curaduría de enlaces. Y es que cuando nos referimos a libros electrónicos, no se dan cuenta de que tenemos que convertir las notas al pie y la bibliografía en enlaces activos. ¿Cuántos editores escriben sus propios libros?  Por años, los editores han construido procesos empresariales eficaces para descubrir y promover el talento de aquellos que descubren en el resto del mundo (Recordatorio: Bloomsbury no escribió Harry Potter, sino que fue obra de una madre soltera). Pero de nuevo, no hemos podido actualizar estos procesos para el siglo XXI. ¿Cómo podemos utilizar la red para encontrar nuevos talentos, y una vez encontrado, ayudarlos a crecer?
No excluyo a O'Reilly (editorial) de esa crítica. Aunque hemos hecho muchos proyectos pioneros, no hemos llegado a la altura de nuestra propia visión del libro electrónico del futuro. Por ejemplo, Safari Books Online, nuestra biblioteca en línea, reconoce que la obra de referencia del futuro es mucho más grande que un solo libro. Pero hemos hecho un pobre trabajo en la actualización de las obras en esa biblioteca para ser más como el internet, es decir, en la manera que acabo de esbozar. Todavía es primordialmente una colección de libros en línea. (Estamos agregando videos, más contenido web, y trabajando para actualizar los libros para que sean más ricos en enlaces, pero no hemos avanzado tanto como me gustaría).
Mire cualquier libro electrónico y pregúntese cómo podría ser más rico, más accesible, más poderoso. Piense si se aproxima a la tarea que estaba tratando de hacer, si le da un nuevo enfoque. Muchos de los productos resultantes no parecen libros en lo absoluto. Después de todo, Google Earth es el nuevo Rand McNally, Wikipedia es la nueva Británica, el propio Google es el nuevo competidor a muchas obras de referencia, YouTube se ha convertido en un vehículo para el aprendizaje en tiempo real, y World of Warcraft es la nueva novela fantástica envolvente. ¿Qué trabajo hacemos los editores?  Y ¿cómo pueden los nuevos medios ayudarnos a hacerlo mejor?

miércoles, 6 de febrero de 2013

Sin ton ni son

Escribir puede ser uno de los actos más complicados de elaborar; quien diga que es una labor fácil nunca se ha sentado frente a una computadora a escribir una cuartilla o dos de contenido coherente. Nadie podrá negar que una vez que logra romper con el blanco de la pantalla (o la hoja) las palabras brotan de las manos a un ritmo que es en verdad impresionante. Cuando nos damos cuenta ya se ha terminado una línea, un párrafo, una cuartilla, un capítulo. Sé que muchos han de pensar que estoy loco respecto a lo que digo de la velocidad, pero una vez que ya estamos escribiendo no hay nada que nos pare, más cuando se tiene la costumbre de escribir una línea o una cuartilla diario. Cabe señalar que escribir una cuartilla por día es una labor que me propuse hacer desde que entre a la universidad, y después de más de una década puedo sentirme orgulloso de que cuando me propongo escribir un texto de mayor extensión lo logro con relativa facilidad.
     Regresando a lo que iba, escribir rápido, como los latidos del corazón, tiene la desventaja de que descuidamos la coherencia de un texto, de que de pronto estamos repitiendo palabras, o ideas, o freases, o que lo que está plasmado no tiene sentido. La coherencia que tiene el texto se soluciona con relativa facilidad. Lo primero que hay que hacer es leer lo que se acaba de terminar, aunque esto depende del modo de ser de nuestro texto. Cuando escribo cuento, poesía o algún ensayo, suelo dejarlos reposar, olvidar un poco lo escrito, para poder entrar de otro modo al texto, para ver lo que no me gusta y corregirlo. En el caso de textos para el blog, la revisión casi siempre la hago cuando he terminado de escribir. He ahí la razón de que algunas veces hay problemas de redacción.
     Si no leemos lo que escribimos, no podemos ver la estructura del escrito y por ello mismo, tampoco se puede ver la coherencia. Hace tiempo corregí un texto que me dio mucha risa porque justo no había coherencia con lo escrito. He aquí el caso:
Fondo de un altar de día de muertos (Imagen 13 de referencia) sin calaveritas, pan de muerto, veladoras ni cruz de Cempaxúchitl.
     Aunque es una instrucción para el diseño que acompañará el video, la instrucción es risible y totalmente falta de coherencia. El hecho de que el autor no haya leído lo que pedía hizo que a mí me diera unos minutos de felicidad y que justificara mi trabajo.
     Así que ya saben, a leer lo que se escribe para no pedir altares que serán como de Día de muertos pero sin nada del Día de muertos. Finalmente, recuerden que si lo que se quiere es ser leído, lo mínimo que se puede hacer es revisar que se entienda bien lo que queremos comunicar.