miércoles, 6 de febrero de 2013

Sin ton ni son

Escribir puede ser uno de los actos más complicados de elaborar; quien diga que es una labor fácil nunca se ha sentado frente a una computadora a escribir una cuartilla o dos de contenido coherente. Nadie podrá negar que una vez que logra romper con el blanco de la pantalla (o la hoja) las palabras brotan de las manos a un ritmo que es en verdad impresionante. Cuando nos damos cuenta ya se ha terminado una línea, un párrafo, una cuartilla, un capítulo. Sé que muchos han de pensar que estoy loco respecto a lo que digo de la velocidad, pero una vez que ya estamos escribiendo no hay nada que nos pare, más cuando se tiene la costumbre de escribir una línea o una cuartilla diario. Cabe señalar que escribir una cuartilla por día es una labor que me propuse hacer desde que entre a la universidad, y después de más de una década puedo sentirme orgulloso de que cuando me propongo escribir un texto de mayor extensión lo logro con relativa facilidad.
     Regresando a lo que iba, escribir rápido, como los latidos del corazón, tiene la desventaja de que descuidamos la coherencia de un texto, de que de pronto estamos repitiendo palabras, o ideas, o freases, o que lo que está plasmado no tiene sentido. La coherencia que tiene el texto se soluciona con relativa facilidad. Lo primero que hay que hacer es leer lo que se acaba de terminar, aunque esto depende del modo de ser de nuestro texto. Cuando escribo cuento, poesía o algún ensayo, suelo dejarlos reposar, olvidar un poco lo escrito, para poder entrar de otro modo al texto, para ver lo que no me gusta y corregirlo. En el caso de textos para el blog, la revisión casi siempre la hago cuando he terminado de escribir. He ahí la razón de que algunas veces hay problemas de redacción.
     Si no leemos lo que escribimos, no podemos ver la estructura del escrito y por ello mismo, tampoco se puede ver la coherencia. Hace tiempo corregí un texto que me dio mucha risa porque justo no había coherencia con lo escrito. He aquí el caso:
Fondo de un altar de día de muertos (Imagen 13 de referencia) sin calaveritas, pan de muerto, veladoras ni cruz de Cempaxúchitl.
     Aunque es una instrucción para el diseño que acompañará el video, la instrucción es risible y totalmente falta de coherencia. El hecho de que el autor no haya leído lo que pedía hizo que a mí me diera unos minutos de felicidad y que justificara mi trabajo.
     Así que ya saben, a leer lo que se escribe para no pedir altares que serán como de Día de muertos pero sin nada del Día de muertos. Finalmente, recuerden que si lo que se quiere es ser leído, lo mínimo que se puede hacer es revisar que se entienda bien lo que queremos comunicar. 

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