miércoles, 9 de abril de 2014

Ambigüedad y vaguedad: el lenguaje en lo más puro de sí

Recuerdo que cuando leí a Quine me quedó muy claro una cosa: el lenguaje es un tema complicado por todo lo que se juega en él. Además, mi experiencia de la lectura de Quine era en verdad moverse a otro nivel de reflexión, pues aunque sabía que él hablaba del lenguaje y los problemas de comunicación, mi comprensión de sus textos estaba a años luz (además de que estaba contaminado por Martin Heidegger y su lenguaje). Ahora que leí a Adam Schaff y su Introducción a la semántica me di cuenta de las herramientas que me dejó el curso de Teoría del conocimiento son bastante útilles. Sumado este conocimiento a la experiencia laboral y al observar la manera como nos comunicamos, la siguiente frase sólo hace que ame más reflexionar sobre el lenguaje:

Entre los obstáculos que hacen difícil la comunicación humana, es decir, que hacen que ciertas expresiones sean entendidas de diferentes maneras por las partes que se comunican, los principales (si se supone que las partes interesadas saben bien el lenguaje que usan) son: ambigüedad y vaguedad de las expresiones, e hipóstasis lingüísticas.

Y es que pese a la ambigüedad y la vaguedad el lenguaje funciona. Mediante él somos dominados en el discurso (o podemos dominar), en él se construye o da a conocer la ideología, el sentimiento o la pasión; es decir, por medio del lenguaje nos comunicamos. He ahí el reto de escribir, de dar un mensaje, de dejar claro lo que queremos dar a entender, lo que se quiere decir; también he ahí la importancia de evitar la vaguedad y la ambigüedad.

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