martes, 24 de noviembre de 2009

El oficio del corrector

El buen impresor
El sino del impresor amateur es la desdicha.
    Tenía que imprimir una Doctrina Cristiana que empezaba con la frase "Dios hizo el mundo en siete días"; y quería a toda costa emplear en el libro sagrado la mejor capitular que tenía: una hermosa mayúscula de misal, vestida de rojos y oros vivos, con ángeles azules y festones de flores, bandas y columnas simbólicas, pájaros vistosos.
    Ahora bien, el libro empezaba por "D", y la mayúscula historiada era una "F".
    El impresor se decidió a tocar levemente el original, e imprimió así:
    "Francamente, Dios hizo el mundo en siete días."
    (Y es lástima que no fuera erudito en doctrinas heterodoxas, porque pudo haber puesto, con mayor sentido: "Finalmente, Dios hizo el mundo en siete días". ¡El principio del fin!)

Alfonso Reyes

Citar este pequeño texto de Alfonso Reyes tiene una doble intención, primero mencionar que dentro del oficio editorial me he enfrentado con la creatividad de los diseñadores y el manejo del texto pues muchas veces, después de haber hecho las revisiones pertinentes de un texto, uno descubre que el duende travieso modificó determinada parte del texto ocasionando que el sentido de lo que se quería decir cambie por completo. En segundo lugar, y es lo que indica el título, es para hablar un poco del oficio más ingrato del mundo, me refiero al del corrector, aquel ente que nunca será conocido por los lectores de un libro, artículo o texto, pero que en cuanto hay un error suele perder el trabajo (nadie sabe cuántos errores tienen los escritores, que pueden ser garrafales o pequeñas minucias) o la burla de los lectores.
    Y es que el corrector tiene uno de los oficios que más se pueden disfrutar y que a mí gusto se compara con la precisión de una cirugía debido a que no importa que se trate de textos breves o amplios, personales o de divulgación, el hecho es que todos los textos son susceptibles, en mayor o menor medida, de corrección.
    Por ello el corrector no sólo debe de controlar las faltas de ortografía (erratas), también la sintaxis y la semántica de cada oración, es decir, se debe asegurar que esté correctamente construida y que se entienda la idea que se quiere transmitir.
    No cualquiera puede ser corrector, aunque no se requiere de título universitario sí es necesario tener mucha concentración y muchos conocimientos generales, lo que hace que sus mejores aliados sean los diccionarios y las enciclopedias. También debe saber cómo se escribe, es decir, la escritura tiene que ser parte de su vocación, porque es como sabrá planear un texto y todo aquello que implica. Es así como se enfrenta a uno de los principales problemas de la redacción y que es encontrar las palabras justas para expresar lo que se quiere, las cuales deben estar adecuadas al género y el tema.
    ¿Qué es lo que se necesita para adquirir vocabulario? Lo más recomendable es leer buena literatura, sin embargo, esto no es garantía de que así se tendrá el conocimiento de todas las palabras ni de las más justas, y no importa cuántas veces repitas una palabra del diccionario; en primera, si una palabra no se utiliza, si no la manejamos en la cotidianidad, la olvidaremos; por otro lado, nunca conoceremos el vocabulario de nuestra lengua. ¡Oh, gran problema! Para escribir es imprescindible un vocabulario abundante, pero cuando carecemos de ello produciremos textos vagos o repetitivos. Por ello, es importante que el corrector tenga presente esto, que cada que dude del significado de una palabra acuda al diccionario; además de que tiene la labor de precisar el vocabulario, por lo que tiene que evitar los verbos comodines (tener, haber, poner, decir, romper, cambiar, etc.); distinguir el significado de acuerdo a los derivados de sustantivos (celeste / celestial, cárnico / carnal); eliminar los problemas de valoración del léxico porque es frecuente que las palabras tengan una valoración sobre la idea que expresan, los vocablos no siempre son asépticos ni objetivos, es decir, muchos vocablos traen consigo una postura, una opinión ante lo expresado por el hablante (bebedor tenaz no es igual a bebedor empedernido); poner mucha atención a los parónimos (sima / cima); evitar los cultismos inadecuados (climatología por clima); o tener cuidado por la atracción de palabras o expresiones nuevas (hermenéutica).
    Todo lo mencionado arriba lo debe tener presente el corrector al momento de revisar, es decir, no sólo hay que concentrarse en los errores ortográficos o gramaticales, también debe revisar el contenido, siempre con la finalidad de cuidar que el texto sea comprensible y no tenga pasajes de difícil interpretación. Para ello se debe evitar:
    ✓    Ambigüedades.
    ✓    Redundancias.
    ✓    Valoraciones personales.
    ✓    Se debe buscar que sean explícitas las relaciones entre las distintas partes del texto, no basta con que las ideas estén bien conectadas en la mente del autor, por lo que es necesario cambiar el tema lo menos posible en un párrafo.
    ✓    Vigilar la situación comunicativa. En un texto formal no caben coloquialismos excesivos, mientras que en un texto informal es pedante el uso de términos cultos.
    ✓    Para que un texto se entienda hay que ser claros, ordenados y calcular los conocimientos del lector, así como guiarlo en la lectura (para este fin se pueden hacer recapitulaciones o resúmenes).
    ✓    El lenguaje debe ser simple, sin repeticiones innecesarias y sin vocabulario rebuscado.
    ✓    Hay que cuidar el aspecto formal del texto, eliminar erratas, descuidos tipográficos, etcétera.
    ✓    Tener cuidado con los párrafos largos o los telegráficos.
    ✓    Revisar la estructura, es decir, revisar el orden y la exposición de cada idea.

Finalmente, el gran reto del corrector se encuentra en los siguientes puntos.

    ✓    Debe cambiar de perspectiva dependiendo del texto que revisa, no es lo mismo revisar un texto publicitario que uno jurídico o literario.
    ✓    Poseer un gran olfato y tener mucha intuición es una de sus cualidades, ya que cuando corrige hay que conservar la voz de autor, al mismo tiempo debe aumentar su brillantez y claridad.

Para concluir quiero agregar que así como el impresor al que nos remite Alfonso Reyes, muchas veces el corrector, con la intención de hacer un texto claro y preciso, también puede errar y hacerlo complicado, aunque claro, eso no sea lo que busca, por lo que, antes de hacer cualquier cambio debe leer lo que quiere cambiar dentro del contexto.

6 comentarios:

Ernesto dijo...

Me encanta la cita de Alfonso Reyes. Claro que a mi me hubiera gustado más, que mostraras las difíciles relaciones del corrector con editor (antes impresor). Pero tu texto es revelador de lo ingrato que es corregir.

Moisés dijo...

Lo tendré presente para el siguiente post. Muchas gracias por tu comentario.

Lizbeth Alvarado Campos dijo...

El corrector es una pieza clave en el texto. Muchas veces puede ayudar a hacerlo entendible pero, en otras ocasiones, cambiar la idea al texto, por ejemplo.
Muchas personas no aprecian la gran labor de un corrector y me ha tocado cruzarme con gente que cree que sólo corrigen tildes y "z" o "s", etc.
Un texto siempre es complicado.
SAludos

Moisés dijo...

Lizbeth.
Un texto siempre es complicado, y para mí los más son los que uno escribe.
De los correctores exprés, aquellos que sólo están de paso por una revista, un periódico o una editorial, regularmente hacen un mal trabajo, pues creen que por el simple hecho de leer y de medio conocer las reglas de gramática, pueden hacer un trabajo editorial. Pero no.
En fin.
Saludos hasta Perú.

Malhaya dijo...

Según dicen, a veces los correctores no pueden controlar al escritor que llevan dentro y pretenden reescribir los textos respetando muy poco al autor.

Moisés dijo...

Malhaya:
Se dicen muchas cosas sobre los correctores. Quizá porque esta labor se podría semejar a la del crítico de arte y el artista (en cierta manera es así).
Sin embargo, la labor del corrector no es rehacer los textos aunque algunas veces es necesario, yo he tenido que rehacerlos porque los que escriben no tienen ni idea de lo que es el orden, la congruencia y lo que significa gramática y sintaxis. En ese sentido uno termina rehaciendo el texto, pero creo que no es con la intención de dejar al autor en un segundo plano, sino de hacer que el texto sea agradable a la lectura, de que se entienda y demás.

Al menos ese es mi punto de vista.