Hoy, mientras revisaba la tarea que tenía que hacer mi hijo, vi con horror una pequeña errata que saltó justo después de que notara una falta de precisión que había llamado mi atención y que era referida al cuento de Juan José Arreola.
Hace unos días escribí por correo a un encargado editorial con el que me gustaría colaborar que justo es aterrador ver cómo la calidad de los libros en su redacción y en sus contenidos cada día es menor. También le comentaba respecto a su preocupación al respecto que era muy severo tener juicios tan a la ligera debido a que para juzgar hay que analizar cuáles son las causas de tantos errores en los libros, factores como: libros para corregir que piden de un día para otro, que los correctores cada día tienen más factores que disminuyen la concentración, la deficiencia educativa, la mala paga al respecto y que obliga a los correctores a tomar más de un trabajo, y un largo etcétera.
Respecto a los libros que corresponden a la educación son los libros con una mayor cantidad de errores. Aunque nunca he corregido uno conozco una de las causas pues tuve la experiencia de ser autor de un libro de la asignatura de Español para nivel secundaria. ¿Qué es lo que viví? Poco tiempo para escribir e investigar, para dar el enfoque necesario respecto a las exigencias de la SEP, y para detenerme y tratar de autocorregir. Un mes tenía como plazo para escribir el libro y además lo estaba escribiendo solo pues la editorial nunca me había informado que podía trabajar el libro en coautoría. Seguramente una cantidad bestial de errores se me fueron, desde los errores inofensivos hasta los verdaderamente hirientes, pero también era complicado escribir casi 260 cuartillas en un mes.
Lo anterior lo digo porque creo saber qué pasó con el error en el libro de texto de mi hijo, que por cierto está publicado por una editorial de las importantes respecto a estos temas, sin embargo, es lamentable que en estas editoriales no entiendan lo importante que es darle tiempo a los libros para que tengan procesos que eleven su calidad sobre todo cuando ellos también son parte de la formación de los niños.
Aquí les dejo la imagen del libro donde está tal error.
Verborrea
Libros, corrección de estilo, consejos sobre la escritura, en fin, todo lo que acompaña el oficio del escritor y las muchas palabras.
lunes, 6 de mayo de 2013
lunes, 29 de abril de 2013
Diccionario editorial: Filete
Si lo primero que viene a tu mente cuando lees que la entrada tratará sobre filete es la incansable búsqueda de trabajo que se tiene que hacer en el oficio, entonces lamento desilusionarte. Esta entrada no tratará sobre consejos para ofrecer servicios.
En el mundo de la edición cuando se habla de filete (en México también se conoce como pleca) se hace referencia a una raya vertical u horizontal de distinto grosor que sirve para separar distintos elementos de una página, por ejemplo, el título del capítulo y el resto del texto del cuerpo; o el cuerpo y las notas al pie de página.
En el mundo de la edición cuando se habla de filete (en México también se conoce como pleca) se hace referencia a una raya vertical u horizontal de distinto grosor que sirve para separar distintos elementos de una página, por ejemplo, el título del capítulo y el resto del texto del cuerpo; o el cuerpo y las notas al pie de página.
miércoles, 24 de abril de 2013
Eratas...
No hay mayor maldición para un corrector que el lector encuentre errores en el texto y los haga notar. Digo esto desde el punto de vista del corrector que soy. Sí, cuando te enseñan que algo se te fue sientes que se te revuelve el estómago y que eres el más ignorante de los correctores, que mereces trabajar en cualquier almacén, que mereces no ser. Lo sé, exagero un poco, pero la verdad es que duele mucho el orgullo cuando te enseñan los errores que "se te fueron".
Yo procuro señalar los más graves que veo en los libros no con la intención de agraviar al compañero evidenciando su trabajo ante el lector (finalmente puedo ser medido con la misma vara), sino que hago esto con la idea de hacer que los compañeros de gremio se fijen (me incluyo en esto) más en lo que hacen.
Ciertamente es raro el medio escrito que no tiene erratas, pero muchas son inocuas aunque idealmente sería bueno que no estuvieran ahí. Pero otras son realmente un gran descuido, como lo que pasó en el libro Una historia de la lectura de ALBERTO MANGUEL. Pongo el nombre y el apellido para que noten el problema que está en el colofón. (Sí, hay personas como yo que gustamos revisar el colofón para ver la tipografía utilizada, el papel y los pocos datos que la editorial nos quiera regalar).
Sin más les dejo la errata:
Pero este no es el único error que presenta el libro pues al final del cuerpo de texto agregaron los anexos. ¿Anexos? Lo que uno encuentra es de inmediato una nota donde aclara el autor que no incluye una bibliografía porque todos los libros que consultó están en las notas a pie de página ubicadas al final del cuerpo.
Ciertamente es un libro pesado de leer. Y considero que es medianamente una justificación para el corrector y el editor pues seguro son de esos libros que uno ansia terminar, por lo pesados y aburridos, para así dar inicio a un nuevo libro.
Es un libro pesado de leer no porque la información que contiene sea basta y difícil de digerir. No, para nada. La lectura del libro, al menos en mi caso, ha sido lenta (y tampoco se debe a sus casi 600 páginas); esto es más porque el libro no tiene orden. Las ideas están dispuestas sin una cronología que indique la historia de la lectura. En parte esto de se debe a que es una historia de la lectura, una muy personal y que parte desde una experiencia lectiva. Así, Manguel relaciona su experiencia lectora con la historia de la lectura y por eso va de la oralidad al libro de bolsillo.
Además de la ausencia de un orden cronológico, el libro tiene juicios que a mi parecer no están cuidados con el respaldado que requieren estos temas. Me parece que hay un manejo de fuentes muy arbitrario.
Pese a todos los inconvenientes que encuentro en el libro, además de los que aquí pretextan para hablar de él, es que es emotivo en el sentido de que es algo que va de lector a lector. Y en un interés totalmente personal me resulta interesante porque me dejó muy claro cómo es que los lectores ven el libro, por lo menos cierto tipo de lectores.
Yo procuro señalar los más graves que veo en los libros no con la intención de agraviar al compañero evidenciando su trabajo ante el lector (finalmente puedo ser medido con la misma vara), sino que hago esto con la idea de hacer que los compañeros de gremio se fijen (me incluyo en esto) más en lo que hacen.
Ciertamente es raro el medio escrito que no tiene erratas, pero muchas son inocuas aunque idealmente sería bueno que no estuvieran ahí. Pero otras son realmente un gran descuido, como lo que pasó en el libro Una historia de la lectura de ALBERTO MANGUEL. Pongo el nombre y el apellido para que noten el problema que está en el colofón. (Sí, hay personas como yo que gustamos revisar el colofón para ver la tipografía utilizada, el papel y los pocos datos que la editorial nos quiera regalar).
Sin más les dejo la errata:
Pero este no es el único error que presenta el libro pues al final del cuerpo de texto agregaron los anexos. ¿Anexos? Lo que uno encuentra es de inmediato una nota donde aclara el autor que no incluye una bibliografía porque todos los libros que consultó están en las notas a pie de página ubicadas al final del cuerpo.
Ciertamente es un libro pesado de leer. Y considero que es medianamente una justificación para el corrector y el editor pues seguro son de esos libros que uno ansia terminar, por lo pesados y aburridos, para así dar inicio a un nuevo libro.
Es un libro pesado de leer no porque la información que contiene sea basta y difícil de digerir. No, para nada. La lectura del libro, al menos en mi caso, ha sido lenta (y tampoco se debe a sus casi 600 páginas); esto es más porque el libro no tiene orden. Las ideas están dispuestas sin una cronología que indique la historia de la lectura. En parte esto de se debe a que es una historia de la lectura, una muy personal y que parte desde una experiencia lectiva. Así, Manguel relaciona su experiencia lectora con la historia de la lectura y por eso va de la oralidad al libro de bolsillo.
Además de la ausencia de un orden cronológico, el libro tiene juicios que a mi parecer no están cuidados con el respaldado que requieren estos temas. Me parece que hay un manejo de fuentes muy arbitrario.
Pese a todos los inconvenientes que encuentro en el libro, además de los que aquí pretextan para hablar de él, es que es emotivo en el sentido de que es algo que va de lector a lector. Y en un interés totalmente personal me resulta interesante porque me dejó muy claro cómo es que los lectores ven el libro, por lo menos cierto tipo de lectores.
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