miércoles, 27 de agosto de 2014

Campañas de lectura basura, II

Muchas luces indican el camino a seguir para no ver morir al libro, aquí hay una más sobre el tema:

El gran hombre que no quería morir.
Este subtítulo de algunas ediciones de la obra literaria más antigua de la humanidad, La epopeya de Gilgamesh, es premonitorio al capturar el espíritu del libro en general. Treinta y cinco siglos después de aquella obra inaugural de la literatura, el libro está abismado ante la incertidumbre de su destino, especialmente en el mundo hispanohablante. Se ha encendido una alarma. Suenan voces advirtiendo que el libro, analógico o digital, solo sobrevivirá si hay verdaderos lectores, y que esa estirpe corre el riesgo de extinguirse, si no se modifican y adaptan con urgencia las estrategias de fomento de la lectura. En el centro debe estar el placer de leer frente al uso utilitario con el cual se suele promover el libro. Se logrará si Gobiernos e industria editorial unen fuerzas para mejorar y dar estabilidad a los programas educativos y la oferta de títulos. Para el escritor colombiano William Ospina, “los más cordiales enemigos de la lectura son la academia y la industria editorial”.
Wiston Manrique Sabogal Sabogal: "Los cordiales enemigos de la lectura en el mundo hispanohablante", en El País.

Insisto, la campaña de lectura que está implementada en la escuela, donde tienes que llevar un registro de palabras por minuto, donde se te pide leer 20 minutos diarios (en el mejor de los casos trabajando con el libro de lecturas de la escuela), no es formar nuevos lectores. Este método sólo crea personas calificadas para leer manuales, sólo eso y nada más. Triste el panorama.

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