miércoles, 18 de noviembre de 2009

Sueños húmedos


Silenciosa, como la luna
cuando entra por ese pequeño
espacio entre las cortinas
y me acaricia sin querer
despertarme, así entras
lentamente a mi cama.

Los besos que me das,
juguetones, recorren
mi cara y se detienen
con la minucia del pintor
en mi cuello y lo moldean
con el cuidado y perfección
del escultor, todo
mientras tus manos
se confunden con mi pecho.
De la nada siento
tus pies fríos, desnudos,
tocando los míos,
abrazándolos ardientemente
y tus muslos se convierten en la enredadera
perfecta de mis piernas.
Como si supieras que tengo frío,
tu cuerpo todo me abraza.
Tus senos son el metrónomo
que indica tu respiración agitada.
En un delirio de olor
mi nariz queda prendida a ti,
a tus dulces fragancias,
la mezcla exacta entre tu perfume
y tus humores.

Entonces, en un intento por verte,
por besarte,
por abrazarte,
por sentir el infierno ardiendo en nosotros,
me despierto y salgo
de ese sueño que me tenía prisionero
y en donde veía como la ciudad ardía...

En cuanto abro los ojos
descubro que no estás,
que la cama sigue igual
a cuando me acosté,
que mi cuarto está intacto,
los libros en su lugar,
los papeles en el escritorio.
Sin embargo...
aún conservo tu aroma.


Y la ilustración que hizo mi amigo el Sr No Quiero

1 comentario:

Sr No quiero dijo...

Pffffff... deseos. mi parte favorita: "me despierto y salgo
de ese sueño que me tenía prisionero
y en donde veía como la ciudad ardía..." linda faceta q no le conocia. escribamos.