domingo, 14 de octubre de 2012

Editar: un diálogo


Algunas veces editar es un oficio que puede causar ciertos conflictos al editor, sobre todo cuando la publicación que estás trabajando tiene a varios autores. En estos momentos he estado trabajando con la segunda publicación del Cuarto Aniversario de Noctambulante. Los textos, todos relacionados con el cine y los monstruos, son muy interesantes y algunos sumamente entretenidos. Y es ahí cuando empieza el problema. ¿Cómo iniciar el diálogo entre el autor y el lector? ¿Cómo propiciar un diálogo entre los mismos autores dentro de la publicación? ¿Cómo hacerlo en la totalidad de la obra con el lector?
Lamentablemente no se puede aplicar la vieja costumbre del profesor. Aventar la primera página del escrito y decir: los que caen sobre la mesa, van primero, los que caen en el suelo van al final. No, aunque algunas veces dan ganas de hacerlo. El problema es que no soy tan... vale madres. Me gusta, y considero una obligación, generar un diálogo (de toda la obra con el lector). Y es que hacer cualquier publicación (libro, revista, etcétera) es un diálogo constante, no sólo con el texto, sino con las imágenes, la tipografía, la disposición del texto, y donde todo empieza con la portada.
¿Qué haces cuando no tienes claro el orden de aparición de los textos? Yo tengo un método básico. En este caso ya sé con qué textos comenzaré, pero no cuáles seguirán. El método es simple. Si ya tienes algunos textos que sabes dónde quieres, ordenas los demás de manera aleatoria, es decir, intercalas el orden en distintas lecturas. Luego, pones atención en lo que se dice y haces tus anotaciones. Las anotaciones que yo hago responden a una pregunta básica: ¿tiene coherencia la publicación? Y a dos preguntas más: ¿el orden de los textos hace que el lector siga leyendo toda la publicación? Y ¿me gusta lo que se dice? Cuando todas las respuestas son favorables, entonces doy una última lectura al orden que tiene a favor todas las respuestas.
Claro que este método tiene una forma azarosa y también subjetiva. No necesariamente lo que me gusta a mí le gustará al lector. Pero bueno, ¿qué diálogo no comienza ya con una trampa, con una disposición e intencionalidad de la persona que lo inicia?

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